Hay diseñadores que crean espacios. Y hay otros, como Manuel Kogan, que crean algo más difícil de explicar: experiencias que se sienten antes de entenderse.
Formado como arquitecto y diseñador, pero atravesado desde siempre por el arte, Kogan encontró su lenguaje en un cruce tan inesperado como potente: traducir la música en espacios. Trabajó con artistas como Tini, Duki y Bizarrap, entre muchos otros, creando universos que no solo se ven: se habitan.

En esta entrevista con Para Ti, comparte cómo piensa, siente y diseña.
"La música también se puede habitar": Manuel Kogan y el diseño que va más allá de lo visual
— Si tuvieras que diseñar un espacio que suene exactamente como una canción de amor fallido, ¿cómo sería?
- Sería un espacio emocionalmente incómodo, pero atractivo al mismo tiempo. No incómodo desde lo físico, sino desde esa sensación de que algo está corrido, de que hay belleza, pero también una tensión que no termina de resolverse.
Me imagino un lugar con elementos que, a primera vista, parecen armónicos o prolijos, pero que al acercarte revelan pequeñas imperfecciones, desajustes, huellas. Como pasa con ciertos vínculos: desde afuera pueden verse perfectos, pero por dentro tienen grietas.

Tendría que provocar nostalgia, vacío y melancolía, pero también cierta atracción. Esa contradicción de querer quedarse en un lugar que duele, como cuando escuchás una canción triste una y otra vez porque, de alguna manera, también te abraza.
Visualmente lo pienso en tonos fríos, azules y grises; quizá una luz tenue que apenas recorte la escena, un sillón solo en una esquina, bastante aire alrededor y una atmósfera silenciosa, o con música lenta, íntima, casi romántica. Un espacio que no explique todo, pero que haga sentir mucho.
— ¿En qué momento te diste cuenta de que la música también se puede habitar?
- Me di cuenta trabajando, no desde la teoría. Cuando empecé a construir sets para videoclips entendí que no estaba solo acompañando una canción, sino dándole un espacio físico.
Ahí entendí que la música también se puede habitar: recorrerla, sentirla y traducirla en imagen, materiales, luz y atmósfera.
— Cuando decís que traducís música en espacios, ¿qué escuchás primero?
- La emoción. Siempre. Después aparecen la letra y el ritmo, pero lo primero que necesito entender es qué me genera esa canción, qué clima propone, qué me mueve internamente. Si no me conecto con esa emoción, es muy difícil traducirla en un espacio que de verdad funcione.

— ¿Te pasó que una canción te pida algo que no querías diseñar?
- Sí, me pasa seguido. A veces una canción, o un proyecto, te pide algo que no necesariamente elegirías desde lo personal.
Pero ahí trato de correrme del gusto propio y escuchar qué necesita realmente la obra. Esa incomodidad también es un desafío, y muchas veces de ahí salen las decisiones más interesantes.
— ¿Diseñás lugares o experiencias?
- Diseño lugares que generan experiencias. Porque lo más importante es lo que le pasa a la persona cuando entra, recorre y habita ese lugar. Cuando un espacio funciona, por un momento te hace olvidar dónde estás y te transporta a otra realidad.
— ¿Dónde está el límite entre inspiración y cliché?
- El límite está en no quedarse con lo obvio. Si trabajás solo con la superficie de la identidad de un artista, caés en el cliché enseguida.
No me interesa resolver desde lo literal. Siempre hay formas más interesantes de traducir una idea sin volverla obvia.

— En tiempos de Instagram, ¿diseñás para ser vivido o fotografiado?
- Primero, vivido. Si un espacio funciona de verdad, después se fotografía bien solo.
— ¿La arquitectura tradicional quedó vieja?
- No. Son lenguajes distintos. Todo se retroalimenta. Diseñamos también a partir de lo que vino antes. El pasado aporta contexto, herramientas y legado.
— ¿Cómo sería un espacio para sanar después de una ruptura?
- Pienso en la unión de amistades, lugares que recuerdan momentos felices, colores cálidos, espacios acogedores y abiertos.
— ¿Un espacio puede levantarte el ánimo como una canción?
- Sí, totalmente. Pero hay que entender muy bien para quién estás diseñando. Lo que emociona a una persona puede no funcionar igual en otra.

— Si tuvieras que traducir a Tini, Duki y Bizarrap en espacios
- En la etapa en la que trabajé con Tini, no podían faltar los brillos, lo femenino, el rosa y una estética pop.
Duki sería un poco refugio y un poco explosión.
Bizarrap, minimalista en apariencia, pero muy pensado. Nada está de más, pero todo tiene una intención.
— ¿Los espacios influyen en quiénes somos?
- Sí, muchísimo. Nos condicionan en cómo vivimos y cómo nos sentimos. Cambiar un espacio también puede ser una forma de cambiar algo interno.
— Si tuvieras que diseñar tu propia cabeza
- Sería bastante caótica, pero con cierta lógica interna. Versátil, con espacios que se interrelacionan de forma creativa.
— ¿Qué dice de una persona su espacio?
- Dice bastante. Habla de cómo necesita vivir, de qué le genera calma, energía y pertenencia.
— Un consejo para mirar tu casa distinto hoy
- Que saques lo que no te dice nada. A veces no hace falta agregar, sino modificar. Los colores son clave: pueden cambiar todo.





