La muerte de Shadya Altamirano, la joven abogada de 29 años que se quitó la vida en Santiago del Estero, generó conmoción y reabrió el debate sobre la protección ante casos de violencia digital. Pero, más allá de la investigación judicial, hay una voz que se impone por su dolor: la de su madre.
“Nos dejaron solos”, dijo María Verónica Rodríguez, en un testimonio que resume la sensación de abandono que atraviesa a la familia.
Una denuncia que no alcanzó
Semanas antes de su muerte, Shadya había denunciado a su expareja por la difusión no consentida de fotos y videos íntimos. Según consta en la causa, también relató haber vivido durante años una relación marcada por el maltrato psicológico, la violencia física y el abuso.
Para su madre, ese paso no fue suficiente. “Ella no tuvo contención más que la denuncia”, aseguró, al tiempo que remarcó que nunca recibieron acompañamiento psicológico ni medidas efectivas que le devolvieran tranquilidad.

El impacto de la exposición y el deterioro emocional
La viralización del material íntimo marcó un antes y un después. De acuerdo al testimonio de su familia, ese episodio desencadenó una profunda crisis emocional en la joven.
En los días previos, su mamá incluso se acercó a una comisaría para dejar constancia del estado de salud de su hija. Sin embargo, sostiene que no hubo una respuesta concreta que lograra contener la situación.
“Le dijeron que su denuncia iba a terminar en la nada”, recordó, con dolor.
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Un reclamo que apunta al Estado
Mientras la investigación judicial sigue en curso, el foco de la familia está puesto en lo que consideran una falla en el sistema de protección.
“Nos dejaron solos”, repitió su madre, en una frase que no solo refleja el dolor personal, sino también un reclamo más amplio sobre la falta de acompañamiento en situaciones de extrema vulnerabilidad.
El caso volvió a poner sobre la mesa la necesidad de revisar los mecanismos de asistencia en contextos de violencia de género y exposición digital, especialmente cuando las víctimas atraviesan situaciones de fragilidad emocional.
Un debate que sigue abierto
La muerte de Shadya no solo impactó en su entorno cercano, sino que también generó una fuerte repercusión social. Su historia expone una problemática cada vez más visible: el daño profundo que puede generar la difusión no consentida de contenido íntimo y la urgencia de respuestas más efectivas.
💛 Si vos o alguien que conocés está atravesando un momento difícil, podés comunicarte de forma gratuita con el Centro de Asistencia al Suicida (135 desde Capital y GBA o 0800-345-1435 desde todo el país). No estás solo/a.

