El caso de Lucas estremece a todo aquel que escucha su testimonio. El joven paraguayo tiene 16 años y aunque su vida está repleta de sueños y esperanzas, todavía no encuentra su mayor deseo. El adolescente nació con VIH y aunque está en tratamiento, lleva más de una década esperando una familia adoptiva.
Según se dio a conocer desde Paraguay Protege Familias, el adolescente vive en un hogar institucional desde que nació. Año a año, tuvo que despedirse de sus amigos ya que estos encontraban un hogar mientras él seguía esperando una oportunidad. “Yo soy Lucas, hoy tengo 16 años, pero alguna vez fui un bebé”, comienza el video donde relata su historia.
De espalda para resguardar su identidad (ya que sigue siendo menor de edad), el joven abre su corazón. Dice que le gusta el fútbol, juega siempre que puede y que sueña con tener una casa con patio, un perro, y una mamá que llegue con un jugo para compartir. "Todavía me pregunto si eso va a pasar, si alguien quiere ser mi familia", confiesa.
La realidad de Lucas visibiliza una problemática estructural: tanto en Paraguay como en Argentina y otras partes del mundo, los niños mayores de seis años, los adolescentes y quienes tienen diagnósticos como VIH enfrentan mayores barreras para ser adoptados.
A pesar de que los avances médicos garantizan una vida plena, los estigmas persisten y los perfiles más vulnerables quedan fuera de la prioridad.“Aunque tenga 16, aunque ya no sea un bebé, aunque tenga VIH…", finaliza el joven todavía esperanzado a que su situación y la de muchos chicos cambie.
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Según expresan desde el medio La Nación Paraguay, "en Paraguay, cientos de niños, niñas y adolescentes permanecen en hogares residenciales esperando una familia definitiva. Muchos de ellos, como Lucas, no son bebés ni figuran entre los perfiles “más buscados” por las familias que quieren adoptar".

Por este motivo, aseguran que el desafío del sistema no es sólo legal sino también cultural. Se deben romper los estigmas contra el HIV o la edad para poder darle a todos los niños y jóvenes una vida digna. "Lucas, como muchos otros, no necesita compasión, necesita una oportunidad. Necesita una familia que pueda ver más allá de un diagnóstico, más allá de un número en su documento", destacaron.
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