Sobre George Clooney, tampones y dietas… La reflexión de la periodista Luciana Peker acerca del chiste machista de Sendra

Hoy George Clooney fue Trending Topic en Twitter por un chiste de Sendra sobre el cupo femenino en empresas. El humorista ironizó dibujando al personaje de la tira diciendo: “Será obligatorio que antes de cada reunión se hable de George Clooney, tampones y dietas”. Fue duramente repudiado. Desde Para Ti invitamos a la periodista y escritora Luciana Peker a reflexionar sobre el tema.

Luciana Peker es periodista y autora de “Sexteame”, “La Revolución de las Hijas” y “Putita Golosa”. Foto: Gentileza Luciana Peker.

El otro día estaba tirando patadas voladoras en mi living haciendo combat por Instagram hasta que el profesor enseñó un golpes diciendo “es un mata suegras”. No pude seguir. ¿Por qué nunca escuché chistes de suegras? ¿Por qué no sé que esos son los nombres que se pusieron a las formas de golpear, matar, matar o lastimar? No. Lo sé tanto que me cansa. Y me hace cualquier cosa menos gracia.

Y justamente hacer un poco de gimnasia es para descansar, no para que te pongan de enemiga de la novia de tu hijo (a quien adoro) o de la madre del padre de tus hijos (a quien comprendo) o para pensar en que te querés desestresar en cuarentena de un trabajo que refleja el dolor de tantas mujeres riéndote no con las mujeres, sino contra ellas.

“La indignación con el chiste, a esta altura, también es aburrida: las mujeres no hablamos solo de hombres, sangre y ensaladas en el trabajo porque –sencillamente- trabajamos”.

Luciana Peker

No es que no tenemos sentido del humor, es que ese humor no tiene sentido. El 3 de junio, a cinco años de Ni Una Menos, la marcha multitudinaria contra la violencia hacia las mujeres hubo una reunión en la Quinta de Olivos con dieciséis empresarios y funcionarios. Ninguna mujer. ¿Es posible hoy un mundo solo de varones? No. Por eso, hubo una convocatoria, el 5 de agosto, con empresarias mujeres.

La semana pasada, en el Boletín Oficial, se publicó una norma por la que se reglamenta que las nuevas sociedades comerciales tengan que tener paridad femenina. ¿Cuesta? Sí. La igualdad no es fácil, no es cómoda, no mantiene las cosas en la zona de confort. ¿Alguien llegó a este mundo en crisis por qué las cosas andan demasiado bien o porque es necesario cambiar demasiadas cosas?

El humor cambió. Y hay tantas buenas humoristas que la lista aburriría. Pero, en cambio, Sendra publicó un chiste en Clarín más analógico que el machismo– en donde en un noticiero –conducido por tres hombres- se informa que “El 50% de los directorios de las empresas deberán estar integrado por mujeres”. Y otro acota: “Además sería obligatorio que antes de cada reunión se hable de George Clooney, tampones y dietas”.

“Estamos en todos los detalles”, aseguró el gobierno. Ese último guiño es para la catarata de indignados que tienen tiempo de bufarse de las demandas de igualdad mientras ellos se ríen con el diario y la madre de sus hijos prende el zoom o combate cuerpo a cuerpo para sacarle la tablet al niño y ponerlo a hacer la tarea de inglés. La indignación con el chiste, a esta altura, también es aburrida: las mujeres no hablamos solo de hombres, sangre y ensaladas en el trabajo porque –sencillamente- trabajamos.

“El chiste busca que salgamos escandalizadas, enojadas y rumiando que nosotras no nos andamos con pavadas, no hablamos de nuestros deseos, de nuestros cuerpos, ni de nuestro hambre, sino de cosas importantes”.

Luciana Peker

¿Es tan difícil de entender? En el Siglo XX puede ser. En el Siglo XXI ya no. Sin embargo, los tres lugares comunes muestran la hilacha del machismo. La conversación femenina con la que ellos fantasean es la de mujeres que tapan su sangre, sueñan con un galán imposible y hablan de lo que van a dejar de comer. En ese lugar común no hablan de lo que quieren, sino de lo que no pueden: ni mostrarse como son, ni que se note su período biológico, ni soñar con amores al alcance del cuerpo que tienen que esconder.

Pero además, es un chiste provocador. Y acá no es un chiste viejo, sino que –y sobre esto hurgo en el libro “Sexteame, amor y sexo en la era de las mujeres deseantes”- que lo que busca es que salgamos escandalizadas, enojadas y rumiando que nosotras no nos andamos con pavadas, no hablamos de nuestros deseos, de nuestros cuerpos, ni de nuestro hambre, sino de cosas importantes.

Ya no tenemos que demostrar la importancia de las mujeres y que no somos frívolas con trajes que nos quedan grandes. Esa casilla de migraciones hacía la igualdad de derechos la pasamos hace rato. No necesitamos visa para trabajar ni para acceder a lugares de poder. Pero ahora nos quieren cobrar otro peaje: el que nos pide que para ocupar lugares –por ejemplo en el directorio de una empresa- dejemos de hablar de nuestros deseos, dolores y domesticaciones para demostrar que merecemos llegar a donde llegamos.

A callarse, chicas, a no decir si un actor es sexy, preguntar si una compañera tiene una toallita o si salió un nuevo esmalte o alguna decidió hacerse vegana porque sino somos lo que nos cargan. El chiste, entonces, no es un modo de liberación (para eso está la risa) sino de represión: a no despuntar nada que nos delate en elecciones, decisiones o herencias feminizadas.

En cambio, para ocupar lugares hay que ser –o parecer- como los varones –que toman las decisiones fundamentales en el happy hour, en la canchita de fútbol o en la complicidad del whatsapp donde cacarean fotos sexuales- que no tienen que contener el placer (el goce, la gula y los efectos corporales) sino exhibirlos a más no poder.

El problema hoy ya no son los chistes, ni demostrar que no somos tontas, sino que nos quieren sacar el sexo, el amor y el cuerpo (sin el cinturón de la dieta como forma de control) de nuestras posibilidades y mostrarlas como debilidades que vienen a contaminar (por eso la sangre nombrada en el tampón que esconde lo innombrable) de la economía impoluta de un mundo en crisis. El chiste no es que no somos como el chiste. Sino que, ahora, el humor también es el que elegimos y que podemos hablar, trabajar y reírnos de lo que queremos. Y de George Clooney, o a quien le guste a cada una, también. A mí me gustan Tom Ellis y Leandro Lima. ¿Y a vos?

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