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Un rancho de piedra en las sierras cordobesas

En las cercanías del convento jesuítico de Santa Catalina, Córdoba, sorprende este rancho de piedra de 1910, construido por pirqueros con piedras del rio y decorado por Victoria Díaz Frías con artesanías de la zona.
Los gruesos muros de piedra aparecen recortados por distintas ventanas que rematan en una viga de quebracho. Una siempreviva trepa por la pared.

Enmarcada por el paisaje verde del valle, la casa de piedra y techo de tejas parece de cuentos. Las ventanas de vidrio repartido rematan en unos postigos colorados que resaltan contra los árboles de tala (clásicos de la zona), los cedros, las araucarias y los eucaliptus verdes y plateados. Al frente recibe la galería con piso de ladrillos salteños, columnas de quebracho y maceteros con malvones.

Las pequeñas ventanas son como ojos abiertos sobre el muro ancho de piedra, con su alféizar y viga de quebracho a modo de ceja.
En el living, un popurrí de muebles antiguos se codean con otros de manufactura artesanal.

Las paredes de piedra le dan una impronta rústica y campera al comedor. Allí, un sofá de dos cuerpos tapizado en lino bordó y un par de sillones de madera lustrada con almohadones al tono, se acomodan en torno a una mesa de centro en madera y una silla rústica blanqueada con asiento de tiras de tiento.

La cocina es bien campera, con piso de ladrillos y muros de piedra.

La protagonista de la cocina es una mesa con tapa de mármol y base con arabescos de hierro pintados de colorado, que hace juego con las cacerolas a tono colgadas en la pared. Al fondo, sorprende un original banco de hierro de tres patas con canasto de mimbre para vegetales, junto a un par de banquitos de madera pintados por la dueña de casa.

Maderas del norte, ramas de eucaliptus y cuadros con coyas conviven en el comedor.

El comedor es diferente. Con paredes de cemento y piedra, ofrece una selección de muebles clásicos de madera. Un par de cuadros con coyas vestidos con ponchos tejidos a mano decoran los muros desnudos. Sobre el aparador de madera, florero con eucaliptus plateado y plumas de faisán. Y al fondo, canasto con zapallos y cortinas amarillas.

El dormitorio principal, con muebles robustos y tejidos del norte.
Naranja intenso para el cuarto de las niñas.

Las paredes de los cuartos se pintaron de un naranja intenso. En el principal, sorprende la original cama de madera maciza lustrada, junto a un par de mesas de luz con tapa de mármol, bien de época. La colcha rayada y la alfombra tejida en telar de lana se encargaron a artesanos del norte. En el de las niñas, las camas rústicas de madera se abrigan con coloridos pies de cama y alfombras tejidas en telar. Un banco con tientos, un baúl verde de la familia y lámparas de época conviven en esta decoración telúrica

Rojo y blanco para el baño, con miniventana de madera. Un canasto de mimbre descansa sobre un banquito patinado. Cuadros de flores alegran las paredes.
Columnas de quebracho y piso de ladrillos salteños para la galería principal.

En la galería principal, un par de sillones realizados con respaldos de hierro de camas y asientos de tablones de madera se apoyan contra el muro de piedras. En el medio, una mesa tosca de madera artesanal ambientada con cactus y fanales y enfrentada a un par de sillitas materas. Maceteros con malvones suman color junto a las columnas.

Producción: Andresa Sanguinetti.

Fotos: Facundio Basavilbaso.

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