Lifestyle

Un vínculo de amor, sensatez… y sentido

Sol Rueda y Natasha Elliot son madre e hija y juntas manejan Sentido, el showroom de decoración de José Ignacio, Uruguay, que replicaron en Buenos Aires.

Antes de empezar la nota, ¿qué les parece si hacemos una meditación?”. Así, con esta invitación de Sol Rueda (66), comenzamos la entrevista. Ella, junto a su marido, Chicho Elliot (70), iniciaron el proyecto de Sentido en José Ignacio, Uruguay. Al poco tiempo decidieron replicar el showroom de decoración en Buenos Aires y se unieron tres (Natasha de 42, María Sol de 40 y Anushka de 29) de sus cuatro hijas (quedó afuera por decisión propia Estefanía, 32, que es ingeniera de sonido y se dedica a la música).

Natasha y Sol, madre e hija unidas por el amor por la decoración y la meditación. Foto: Alejandro Carra.

Sol ya tenía a sus hijas y vivía en Venezuela cuando comenzó con la meditación, hace 25 años. “La meditación te transforma, cierra heridas. A mí me curó… y también es lo que me une a Natasha”, asegura Sol.

Tus hijas eran chiquitas cuando comenzaste a meditar, Sol. ¿Implementaste esta técnica en tu casa con ellas?

Sí, lo fui incorporando antes de cada comida. Las invitaba a cerrar los ojos, a oler, a darse cuenta de lo que iban a comer, a disfrutar… La espiritualidad es disfrutar a pesar de lo que estés sufriendo. La meditación te da esto de poder seguir siendo alegre a pesar de todo, hay algo que te sostiene.

El proyecto de la playa

Sentido nació en José Ignacio, Uruguay, hace 11 años cuando Sol y Chicho decidieron dejar Venezuela. Primero vino Natasha a la Argentina para estudiar en la facultad, luego la siguieron las otras hermanas. “Papá iba y venía porque no estaba muy decidido con el hecho de instalarse en Buenos Aires. A él le encanta el mar, la pesca… Yo había conocido José Ignacio una vez que fui con amigas y les dije a mis padres que tenían que conocer ese lugar. Les encantó. Alquilamos durante varios veranos hasta que construyeron su casa y apareció la oportunidad de comprar este lugar sobre la arena, en la playa. Mi papá seguía con sus negocios en Venezuela, pero cada vez estaba más instalado acá, y buscando un supuesto hobby pensaron en hacer algo con la casa que compraron sobre la playa”, cuenta Natasha.

El local Sentido es un clásico de Punta del Este, y en Palermo es una cita obligada para los buscadores de hallazgos. Foto: Alejandro Carra.

Y Sol agrega: “En Venezuela yo me había dedicado al paisajismo exótico y había tenido una tienda de plantas. Siempre estuve conectada con lo estético y me encanta viajar, así que pensamos en poner un showroom de decoración con muebles traídos de diferentes partes del mundo”. Empezaron llevando a Uruguay un container con muebles de Marruecos, Vietnam, Colombia y Venezuela.

¿Cómo surgió el nombre?

Sol: Lo pusimos pensando si después de trabajar 35 años en Venezuela, ya en edad de jubilarnos, tenía sentido embarcarnos en este proyecto. Un día de marzo estábamos todos en la playa y ahí me di cuenta; les dije “miren, esto sí tiene sentido”. Porque mi marido no quería saber nada con instalarse acá, y ahí estaba. Además, no sabíamos si íbamos a congeniar trabajando juntos y la verdad, resultó.

¿Cómo es la selección de los productos en los viajes?

Sol: Viajamos con Chicho, aunque algunos viajes los hacemos con Natasha. Y vamos sin ningún dato. Me meto en los mercados y busco. Me encanta involucrarme en la cultura de cada lugar y con lo religioso. Lo que buscamos es que todo lo que está en Sentido cuente una historia. Detrás de cada producto hay generaciones de artesanos que mantienen tradiciones gracias a que pueden comercializar sus productos. Diferentes tradiciones se ven reflejadas. Se conectan la artesanía, los aromas de las velas, las orquídeas que ponemos… Es como una magia que se va dando en ese lugar. Te relaja y se completa con la meditación.

Y luego se sumaron al proyecto vos y tus hermanas, Natasha.

En tres años, lo que en principio era un hobby empezó a ser un trabajo full time. Empezó a crecer, yo ayudaba con la comunicación, María Sol le daba una mano a papá con los pedidos. Y de repente, el lugar que era nuestro espacio de vacaciones se transformó en lugar de trabajo y tuvimos que comenzar a poner algunas reglas porque también en la mesa se terminaba hablando de trabajo. La regla es que en los viajes familiares no se puede hablar de trabajo. Papá era más firme con la idea de que él nos quería dejar algo en funcionamiento. Mamá no estaba tan segura de involucrarnos a todas en el trabajo, pero resultó. Yo ya estaba bastante metida en la parte de comunicación y la ayudaba en la selección de productos. Ya hacía algunos viajes de compras. Y María Sol siempre estaba con papa ayudándolo en la logística y con los números. Dijimos “abramos Sentido en Buenos Aires”. Nos asociamos tres hermanas y, la verdad, hacemos buen equipo porque somos las tres muy distintas, pero a la vez compartimos un montón.

Madre e hija aseguran que la convivencia laboral es plena y natural. Foto: Alejandro Carra.

Trabajar en familia

Natasha, ¿qué podés decir de tu mamá?

Natasha: Mamá es todo. Nos sigue malcriando aunque seamos grandes. Es una abuela espectacular. Es muy generosa y tiene una energía que no sabemos de dónde saca. Las hijas estamos agotadas y ella sigue. Es una gran bendición tenerla y todo lo que puedo decirte son ponderaciones.

¿Y cómo es para vos, Sol, trabajar con tus hijas?

Sol: Muy relajado. Al principio me daba mucho miedo, no tenía ganas de que hubiera roces. Además son muy amigas entre ellas. Pero probamos y nos ha ido muy bien. Hay mucho respeto. Y tiene esa cosa linda que con cada una de las tres puedo compartir algo distinto.

¿Nunca se pelean?

Natasha: Yo tengo carácter. Creo que soy la más mandona. Pero me sale muy fácil trabajar con mamá. Ella nunca va a dejar de ser mi mamá, entonces se minimizan muchas cosas. Siento que nunca pelearíamos por trabajo o por nada. Nos llevamos bien. Somos muy compañeras. La paso genial cuando viajamos juntas. Me encanta viajar de hija todavía. Irme de ser madre (N. de la R.: Natasha es mamá de Siena, de 13; Iñigo, de 9; Cristo, de 6; Ania, de 5) y ser hija me fascina.

¿Y los yernos se meten en las cuestiones de Sentido, Sol?

Cada una ha mantenido a su marido afuera. Estoy segura de que opinan de todo después, pero cuando tenemos las reuniones de trabajo estamos solas y eso está bueno para evitar roces.

¿Alguna vez imaginaste este presente?

No, la verdad que me imaginaba jubilándome. Viajar fue volver a trabajar con todo y me encanta. Mucha gente a esta edad ya está de vuelta. Y a nosotros todavía nos falta tanto por hacer… Nos nutrimos. Nos vamos reinventando. Todos somos exigentes con lo que hacemos. Eso puede ser buenísimo o un defecto. Por eso hacemos mucha meditación, sino estaríamos contracturadas todo el tiempo.

Sol y Natasha en el local de Sentido en Palermo. Foto: Alejandro Carra.

Natasha: Además, Sentido tiene un costado social: nuestras bolsas son producidas en Cosiendo Redes que es una cooperativa. Damos talleres gratuitos, vendemos productos a beneficio del Alfarcito que es una escuela en medio de los cerros, en Salta. Es un proyecto maravilloso con el que estamos comprometidos. No es tener una empresa, es transformar tu metro cuadrado, tu mundo. Y esto te motiva todos los días.

Sol: Lo que hacemos es una gotita en el océano, pero sirve y mucho. Y la segunda palabra de Sentido es gracias… Siempre hay que tener un gracias.

textos DANIELA FAJARDO. Producción MARITÉ RIZZO fotos ALEJANDRO CARRA

.

Notas relacionadas

Bitnami