La durísima infancia de Charlene de Mónaco: fue refugiada, vivió en la pobreza pero gracias al amor y al apoyo de su familia logró convertirse en atleta olímpica – Revista Para Ti
 

La durísima infancia de Charlene de Mónaco: fue refugiada, vivió en la pobreza pero gracias al amor y al apoyo de su familia logró convertirse en atleta olímpica

La princesa Charlène se ha enfrentado a su año más duro, entre rumores constantes de divorcio, una severa enfermedad que la ha deteriorado física y mentalmente y la reciente muerte de personas cercanas a su círculo, como el sacerdote premio Nobel de la Paz Desmond Tutu. Pero, además, quien fuera apodada "la princesa triste" no es la primera vez que debe enfrentar la adversidad, ya que su infancia y su adolescencia no fueron, precisamente, de ensueño.
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Charlène Wittstock nació en Bulawayo, en Zimbabwe, en 1978, cuando ese país atravesaba la guerra por la independencia. Durante su adolescencia se mudó con su familia a Sudáfrica, donde se dedicó desde muy chica a la natación, llegando a convertirse en una atleta internacional.

Charlene de Mónaco
Foto: Pinterest

"Recuerdo perfectamente el cielo africano que no se parece a ningún otro", recordó tiempo atrás en una entrevista con Radio Mónaco: es usual en ella manifestar el cariño por la tierra que la vio nacer y crecer.

Charlene de Mónaco
Con su mamá y uno de sus hermanos menores. Foto: Pinterest

Sus padres, Michael y Lynette, siempre habían vivido en Bulawayo. Su padre, nieto de inmigrantes alemanes, consiguió prosperar en el sector de la informática, mientras que su madre practicaba buceo profesional.

Charlene de Mónaco
Foto del anuario escolar. Foto: Pinterest

En el país que habían dejado (que entonces se llamaba Rhodesia) Charlène pasaba largas horas al aire libre y aprendió a amar la naturaleza. "Hay recuerdos que son muy queridos para mí de mi vida en Zimbabwe con mis padres, que me llevaban a ver rinocerontes y elefantes en la sabana". De hecho, no es casualidad que (al menos, hasta que su salud se lo permitió) disfrute especialmente de Roc Agel, el palacio de verano de la familia monegasca, porque la finca está llena de animales.

Charlene de Mónaco
Foto: Pinterest

La infancia de Charléne como refugiada

Durante su primera infancia, Charlène se pasa el día sumergida en la piscina de su casa o trepando a los árboles. Pero, cuando tenía 12 años, la guerra civil empuja su familia a emigrar a Sudáfrica. Se instalaron en Benoni, un pequeño enclave industrial a las afueras de Johannesburgo, famoso por haber sido también el primer hogar de la actriz Charlize Theron.

Charlene de Mónaco
Junto al equipo olímpico de natación, representando a Sudáfrica. Foto: Pinterest

Allí los Wittstock eran refugiados y vivieron años realmente difíciles, que la princesa nunca ocultó. Charlène conoció la segregación racial y fue testigo de todo tipo de injusticias y desigualdades, especialmente entre los niños, lo que ha motivado desde siempre su compromiso con causas humanitarias.

Por culpa de la guerra perdió muchos de los recuerdos de su infancia, como gran parte de las fotografías familiares. Además, vivió muy de cerca lo que es ver a la gente morir de hambre. "Tirar la comida o desperdiciar agua era un sacrilegio", explicaba en una entrevista, hace unos años, durante un viaje humanitario a la India. "No teníamos electricidad porque no podíamos pagarla. Mi padre tenía dos trabajos, mi madre daba clases de natación. Sé lo que se siente cuando tienes que ir caminando bajo la lluvia kilómetros para ir a la escuela", reveló con dureza.

Poco a poco las cosas mejoraron para su familia cuando su padre fundó su propia empresa de informática. Durante su adolescencia, Charlène se mostró como una estudiante aplicada y una apasionada de la natación y, gracias a sus condiciones, comenzó a participar en competencias.

Charlene de Mónaco
Foto: Pinterest

Siempre contó con el apoyo de sus padres. "Para levantarse a las 4.30 de la mañana todos los días y dar decenas de vueltas, a la edad de 15 años, hay que estar muy concentrado y muy motivado", recordaba su padre, Michael, en la víspera de su boda. "Siempre supo lo que quería y puso los medios. Nosotros la apoyamos para que alcanzara el mejor nivel". No es extraño que Michael Wittstock afirmara, hace unas semanas, que Charlène saldrá adelante (de sus actuales problemas de salud) conociendo su fuerza, ya que ha demostrado ese coraje desde muy chica.

A los 17 años, deseosa de seguir nadando profesionalmente, abandonó sus estudios y se trasladó a Durban (al este de Sudáfrica) lejos de su casa y de sus hermanos más chicos, Sean y Gareth. A orillas del Océano Índico, su trabajo duro comenzó a dar sus frutos, cuando es seleccionada para el Equipo Nacional Juvenil bajo la batuta de Graham Hill, uno de los mejores entrenadores del país.

Su rutina es de seis horas diarias de entrenamiento. En 1996, ganó el Campeonato de Natación Juvenil de Sudáfrica. Sus primeros trofeos se acumulan en la residencia femenina Plantations, en las afueras de Hillcrest, donde vivía. "Era la compañera de piso ideal", recordaba en 2011 la campeona sudafricana Penny Heyns durante la Midmar Mile, una carrera solidaria. "Era cariñosa, ordenada, con una gran personalidad. Siempre nos apoyamos mucho".

Charlene de Mónaco y Alberto
Foto: Pinterest

Charlene era especialista en el estilo espalda y se dedica a trabajar con chicos de bajos recursos, enseñándoles a nadar, o con compañeros de las Olimpiadas Especiales. Su amistad con el nadador sordo Terence Parkin, hoy uno de los embajadores de su fundación, data de este período clave de su vida.

Charlene de Mónaco y Alberto
Foto: Pinterest

Su carrera podría haber continuado, pero Mónaco se cruzó en su camino. Fue seleccionada para el equipo femenino de relevos de 400 metros en los Juegos Olímpicos de Sydney. Aunque en aquella ocasión no ganó ninguna medalla, sí ganó varias en la Copa del Mundo de 2002 y el oro en los Juegos de la Commonwealth, dos años después. En 2004 una grave lesión en el hombro la mantuvo alejada de la natación durante seis meses. Entonces empezó a prepararse para los Juegos de Beijing. Luego llegó su participación en el campeonato de Mare Nostrum, donde tuvo ocasión de conocer al príncipe Alberto de Mónaco, relación que cambió su vida para siempre.

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