Detrás de las historias de Ada, Leyla y Sevgi, y de esas escenas que invitan a reflexionar sobre los síntomas, las heridas familiares y los patrones que se repiten entre generaciones, hubo un trabajo profesional que no se vio en pantalla.
Ángeles Wolder, psicóloga, fisioterapeuta, antropóloga, consteladora familiar, especialista en Descodificación Biológica y fundadora del Instituto Ángeles Wolder, y Aranzazu Par Wolder, psicóloga, psicoterapeuta, consteladora familiar y codirectora de la institución, fueron convocadas como consultoras oficiales de la tercera temporada de Mi otra yo.
Las dos profesionales trabajaron junto a Nuran Evren Şit, creadora y guionista de la serie de Netflix, en la revisión de los guiones y en la coherencia terapéutica de los procesos que atraviesan los personajes. Su misión no fue intervenir en la trama, sino procurar que las consultas, los vínculos terapéuticos y la evolución emocional representados en pantalla mantuvieran conexión con el trabajo que se realiza en una consulta real.
“Nuestra función era asegurarnos de que todo lo relacionado con los procesos terapéuticos y la evolución de los personajes tuviera coherencia real”, explicaron sobre su participación en la última temporada de la ficción.
-¿Cómo llegó la propuesta para convertirse en consultoras de la tercera temporada de Mi otra yo y qué sintieron cuando supieron que podían aportar su mirada a una serie de alcance mundial?
AW: La propuesta llegó por dos vías. Una, al acabar un retiro de transformación que hicimos en España y en el que participaron Nuran Evren Şit (guionista) y Tuba Büyüküstün (actriz) quienes nos propusieron colaborar en todo el proceso de construcción de la tercera temporada de Mi otra yo (Netflix), lo que consistió en la ideación de áreas concretas de terapia, la revisión y enriquecimiento de guiones con la aportación del trabajo psicoterapéutico, en la participación durante el rodaje en Turquía en 2025 y luego en la revisión de la edición.

Al participar directamente en las actividades que realizamos en un retiro vieron cómo trabajamos en Instituto Angeles Wolder y quedaron gratamente sorprendidas, ya que no se trata solo de aplicar una técnica, sino de mostrar cómo se hace un camino de acompañamiento terapéutico.
Por eso, en esta tercera temporada se muestra el trabajo terapéutico, la vinculación y la relación terapéutica, el acompañamiento con trauma y ASI, el abordaje de heridas de infancia y luego, el abanico de herramientas como la Descodificación Biológica y las Constelaciones Familiares y Sistémicas.
La segunda, es que Evren leyó mi libro, El Arte de Escuchar el Cuerpo, vio que había una forma clara y sencilla de explicar el encuentro mente cuerpo y esto le confirmó que era la manera de transmitirlo al gran público.
Sentí una inmensa alegría ante la propuesta, y también una responsabilidad enorme, pero creo que no he sido consciente de lo que ha significado hasta que una inmensa cantidad de comentarios nos han ido llegando con elogios y especialmente con el reconocimiento a nuestra manera de hacer terapia o de formar en las distintas especialidades.
AP: Después de que saliera la primera temporada de Mi otra yo quise conocer a la persona que estaba detrás de este proyecto, porque me impactó que alguien pudiera transmitir con tanta precisión lo que sucede dentro de una constelación en el plano audiovisual.
Durante años había tratado de explicar lo que se siente en una constelación, y solo viviéndola se puede entender de verdad, así que ver ese lenguaje trasladado a la pantalla fue un regalo. Junto con Ángeles indagamos sobre la creadora, Nuran Evren Şit, y le pedimos una primera entrevista para conocer su trabajo y cómo había sido su historia con las constelaciones; Ángeles la hizo en septiembre de 2022.
Esa primera conversación despertó las ganas de seguir conociendo el trabajo de unas y otras, y tras varias reuniones online y después de que Evren leyera El Arte de Escuchar el Cuerpo, aceptó la propuesta de venir a uno de nuestros retiros. Ella llevaba un par de años recorriendo otros centros: había viajado a México con el acompañamiento de Angélica Olvera, y también a Brasil y a Alemania, sumando distintas miradas que le iban ampliando la escena terapéutica.

Buscaba algo diferente para la tercera temporada, y fue viendo durante el retiro el trabajo que hacemos en el Instituto Ángeles Wolder, las sesiones de Constelaciones Familiares, de Descodificación Biológica y el abordaje del trauma. Al finalizar fue cuando hizo la propuesta oficial de colaborar con ella.
-¿Cuál fue exactamente su trabajo junto a Nuran Evren Şit y qué aspectos de los guiones necesitaban mayor precisión para que los procesos terapéuticos resultaran creíbles?
AW: Nuestro trabajo comenzó cuando Evren empezó a diseñar los personajes, las situaciones que iban a vivir, ya sean como problemas o como recursos, e intentamos juntas enriquecer la historia traumática que habían vivido y como se extraía una lección de vida de la experiencia.
Toda la construcción de diálogos terapéuticos, frases en relación a traumas, conflictos programantes, repeticiones o escenas donde se hace algo relacionado con la terapia como la construcción del genograma requirieron de una explicación muy cuidadosa. También la construcción de escenas como la descodificación de la alergia, las constelaciones grupales, la constelación individual, el trabajo de trauma, la revisión de heridas de infancia o los dibujos de Halime.
AP: Empezamos a trabajar con Nuran Evren Şit en septiembre de 2024, en el análisis de los personajes y el asesoramiento sobre las conductas y comportamientos que se muestran en cada uno de ellos en función de sus experiencias de vida.
La tercera temporada arranca dos años después de la segunda, así que la pregunta de partida era: ¿cómo están viviendo?, ¿cómo se sienten?, ¿qué han aprendido?, ¿qué necesitan aprender todavía?, ¿qué cambios han experimentado?, ¿cómo les ha servido?
Eso dio lugar a una primera fase de análisis, en la que Evren nos iba compartiendo la historia que había construido o imaginado para cada personaje, y nosotras íbamos revisando la coherencia de cada uno para que ella pudiera armar un primer borrador de guión.
Después de esta primera fase llegaron los primeros scripts, y lo que era una idea se fue materializando. En esta etapa revisábamos los diálogos, recomendábamos palabras o frases más adecuadas y cuidábamos la coherencia del hilo de la historia; se trataba de aportar una mirada externa centrada en la parte terapéutica. Y en cuanto a los trabajos terapéuticos y las constelaciones, nos reuníamos para trabajar los movimientos, las frases y el abordaje concreto de cada escena.
Evren cuenta con un equipo de consultores, así que ella es quien reúne todos los comentarios y realiza los cambios pertinentes para que haya coherencia en todos los ámbitos.
Esta fase de trabajo dio lugar a una tercera, en la que Evren nos ponía en contacto con algunos profesionales de la productora o con el director para preparar el rodaje, y finalmente llegó la invitación de ir a Turquía a acompañar al equipo y orientarlos en la parte terapéutica.
En esta etapa ayudábamos a producción a entender cómo debían suceder las escenas a nivel terapéutico, y ellos lo transformaban al plano audiovisual: una comunicación que permitió llevar a la pantalla lo más realista posible del trabajo que sucede en una consulta.
-¿Hubo alguna escena o historia de un personaje que se modificara a partir de una observación realizada por ustedes como consultoras?
AW: Con Evren ha sido muy enriquecedor y fácil trabajar, ya que es una persona abierta que consulta, escucha e intercambia cuando la aportación nuestra requería de su atención. Por ejemplo, cuando el bisabuelo de Ada llega al puesto sanitario con un soldado australiano herido y la enfermera le dice que el daño es muy profundo y solo salvable con cirugía se nos ocurrió que pidiera a gritos o con insistencia un cirujano. Lo hemos ligado con la profesión de Ada, en respuesta a una necesidad del sistema como lo ocurrido en ese momento.

AP: Surgió de forma natural, porque siempre tuvimos acceso a la información de cada historia antes de que estuviera escrita, y eso nos permitía aportar y sumar opiniones desde el origen. Evren ha sido muy generosa ayudándonos a entender este macroproyecto, y eso lo hacía todo más fácil para nosotras. A veces le compartíamos material, otras veces ella tomaba notas de nuestras clases o talleres, y otras afinábamos con comentarios que dejábamos directamente en el guión.
Por ejemplo, con la constelación de Halime, Evren nos preguntaba qué era lo más importante de esa escena. Como terapeutas, lo más importante era que se pudiera transmitir que la adopción no debe obligar al niño a dejar todo lo anterior atrás para empezar en una nueva familia, sino que la identidad y la historia de cada persona deben ser respetadas y tener su lugar. Este tipo de conversaciones eran las que hacían que la escritura se orientara hacia ahí.
-Ada comienza la serie siendo una médica completamente escéptica y termina intentando integrar medicina, constelaciones y acompañamiento emocional. ¿Qué representa para ustedes esa transformación?
AW: El abordaje psicoterapéutico que queríamos plasmar en pantalla es complementario al trabajo de la medicina convencional.
Hace muy poco, Kate Middleton, Princesa de Gales que tuvo cáncer en 2024, dijo: "Quiero crear conciencia sobre el profundo impacto de las enfermedades graves y la importancia de una atención médica integral. Las terapias holísticas complementan los protocolos clínicos y apoyan la capacidad de los pacientes para mantener su bienestar, resiliencia y calidad de vida durante un momento excepcionalmente difícil".
Esta es la propuesta de la “Doctora Ada Kormaz” en esta tercera temporada en la que su trabajo integra una mirada humanista y espiritual, ya que la vida misma pone a prueba cada aspecto de nuestro ser físico, emocional, psicológico y espiritual, ya sea con una enfermedad o con problemas.
Mostrar la integración de estos aspectos en el proceso de atención a personas fue el gran reto y una gran alegría el haberlo conseguido.
AP: Evren tenía claro que en esta tercera temporada no quería que quedara la idea de tener que elegir entre la medicina o las terapias, sino transmitir que son complementarias y que cada persona elige libremente. Las tres compartíamos la misma idea: que para que hubiera coherencia en lo que se transmitía, debía quedar fuera la magia y las explicaciones sin fundamento.
Siempre explico que no es la herramienta la que resulta inadecuada, sino el uso que el profesional hace de ella. Y esto sucede también con las Constelaciones Familiares: hace más de veinte años que las conozco, y trabajo con ellas desde hace once. Pero nunca en mi recorrido terapéutico le he dicho a alguien que su problemática es por culpa de un ancestro.
Siempre trabajo con la herida y la necesidad de la persona, con aquello que necesita mirarse, y si hay relación con algún ancestro o familiar, es una forma de reconocer que el dolor no es único, y eso puede darle fuerza a la persona.
Muchas veces desmerecemos las herramientas porque nos puede la necesidad de ser salvadores: buscamos ese lugar de poder, y eso puede llegar a causar mucho daño. Esta era una gran oportunidad de ser fieles a una idea, de ayudar a transmitir que no es magia, que forma parte de un proceso y no un atajo: no es que hacer una constelación te sane, sino que te acompaña a revisar tu herida y a poder integrar el dolor.
Fue un gran desafío con una gran responsabilidad que, viendo el resultado, nos sentimos muy felices de lo conseguido.
-La tercera temporada profundiza en el vínculo entre terapeuta y consultante. ¿Qué condiciones deben existir para que ese acompañamiento sea verdaderamente respetuoso y no genere dependencia?
AW: La relación terapéutica es el encuentro humano entre dos o más personas que tiene como objetivo producir un cambio en relación con la demanda del solicitante. En esa relación o marco se genera un vínculo basado en la confianza, el respeto, la seguridad, la certeza, la estabilidad, la coherencia y la confidencialidad. Esta relación es la principal predictora del éxito del tratamiento, independientemente del enfoque o técnica utilizados. En ella el terapeuta está al mismo nivel que la persona que consulta.
Además del marco hay una alianza terapéutica que responde al acuerdo de colaboración y que facilita el progreso hacia los objetivos de la terapia. Solo así, la persona aborda paso a paso los temas que le ocupan y puede continuar con su vida aplicando los aprendizajes realizados en la terapia.
En la serie la terapeuta Carla en un momento le dice a Ada que ella ya conoce cómo gestionar un tema y es el momento en que Ada asume que ya tiene esa capacidad con ella y que en ese aspecto puede ser autónoma.
AP: Esta era otra de las ideas que se explora durante la tercera temporada: que la terapia es un apoyo temporal, y que cada persona tiene sus propios recursos. El terapeuta ayuda en un momento de dificultad o necesidad a que la persona pueda recuperar la normalidad o tomar decisiones en su vida, pero sin generar dependencia. No todo debe mirarse con constelaciones, ni todo depende de si hacemos una acción u otra. Esta tercera temporada tiene momentos brillantes en los que deja espacio a las protagonistas para tomar acción a partir de la indagación personal.
¿Cuándo se necesita la terapia? Cuando Ada comienza su proceso para formarse como terapeuta, para aprender a acompañar a otros. Cuando Leyla sufre un brote de alergia y tiene sentido indagar en su historia previa. Cuando Fiko y Sevgi quieren recibir con amor a Halime, respetando y honrando sus orígenes. Cuando Rıza necesita ayuda para lidiar con el dolor de la pérdida de su hijo y sus adicciones. Son etapas de vida que necesitan sostén.

El acompañamiento respetuoso es aquel en el que el terapeuta se coloca en una posición de sostén. Las respuestas las tiene la persona: no se imponen cambios ni se decide por el otro. Sostener significa estar presente ante la dificultad del otro, ante aquello que le produce dolor y necesita ser escuchado, para construir un espacio seguro.
Ese espacio seguro es el que le devuelve a la persona la posibilidad de tomar acción, tomar decisiones, poner límites y, sobre todo, pasado el tiempo necesario, revisar si los objetivos han cambiado, si hay cambios sustanciales en su vida, si la terapia ya ha llegado a su fin.
Los procesos que se alargan innecesariamente suelen partir de mirar la debilidad de la persona y no su fuerza, y ahí es donde se cuela la dependencia: el consultante siente que solo su terapeuta puede entenderle o sostenerle.
Un buen acompañamiento hace justo lo contrario, apuesta por la fuerza de quien consulta y trabaja para que, en algún momento, ya no necesite venir. Ese es el verdadero indicador de que la terapia funcionó: cuando la persona puede irse.
-Muchas personas que vieron la serie comenzaron a preguntarse si sus síntomas podían estar relacionados con conflictos emocionales o familiares. ¿Cómo abordar esa inquietud sin culpabilizar a quien atraviesa una enfermedad?
AW: Los síntomas de cualquier tipo tienen muchos componentes en su origen, siendo uno muy importante la manera de vivir, de gestionar los problemas, los patrones de pensamientos aprendidos, las creencias, las exigencias o las expectativas que a menudo se frustran.
Nunca se culpa a la persona, sino que se le invita a revisar los conflictos que ha vivido antes de la aparición del síntoma, la forma de pensamiento construida alrededor de los conflictos, las historias programantes de la infancia y la gestión de las necesidades propias, muchas veces olvidadas. Eso le lleva a revisar la diferencia entre cómo quiere vivir y cómo está viviendo y creo que en ese punto se encuentra gran parte del desajuste en la regulación emocional que puede ser causa de estrés.
AP: Muy buena pregunta y reflexión, porque ahí puede colarse otro mensaje erróneo. ¿Soy responsable de mis síntomas? No. Mi cuerpo reacciona igual que reacciona nuestro sistema nervioso ante la adversidad. El síntoma es consecuencia de muchas variables, y entre ellas está que algunos síntomas nos dan información sobre la persona y sus experiencias de vida.
Pero esto es fácil de entender con un ejemplo. Imagina que estás en una reunión y te dicen que algo de tu trabajo no lo has hecho bien y que ha afectado al equipo. Muy probablemente, con solo imaginarlo, ya se activa algo en ti. A mí se me activa el estómago, y a ti se te puede activar la garganta. Esa experiencia deja una sensación corporal, y cuando esas sensaciones no se expresan, quedan encapsuladas, y el cuerpo, de forma natural, buscará la manera de resolverlo.
Es posible que yo sienta malestar estomacal durante el día hasta que me olvide del tema, y que tú tengas todo el día la sensación de que te pica la garganta. Mi síntoma de estómago me da información de que he vivido esa situación como algo difícil de digerir, porque quizás siento que no fueron las formas ni la manera de hacerlo. Y tu síntoma me dice que no pudiste responder, que tuviste que callar y no pudiste defenderte.
El cuerpo tiene miles de formas de expresar cómo se siente; el síntoma nos da pistas de las vivencias, pero son respuestas automáticas, porque actúan bajo el sistema nervioso. No podemos cambiar esa respuesta, pero sí podemos cambiar la forma en la que nos relacionamos y vivimos.
-¿Cómo se puede hablar del origen emocional de un síntoma sin caer en la idea peligrosa de que la persona “se provocó” su enfermedad o que puede curarse únicamente trabajando sus emociones?
AW: Nadie se provoca un cuadro llamado enfermedad, sino que la naturaleza nos ayuda a buscar un equilibrio cuando experimentamos problemas que nos exigen una respuesta a nivel biológico. La vida siempre está dispuesta a mostrarnos los obstáculos y también la manera de sortearlos para conseguir volver al cauce. Los obstáculos son los múltiples problemas generadores de un fuerte estrés. Los síntomas son la manera de poder gestionarlo.
La forma de abordaje de los síntomas es integral. Nosotros trabajamos con los conflictos y no con los síntomas.
AP: Hay una responsabilidad en cómo se transmite esta información, y también en cómo se aborda. Y creo que aquí es importante separar dos cosas que a menudo se confunden.
La primera: querer saber qué he vivido antes de que apareciera un síntoma no me hace responsable de haberlo provocado. Al contrario, me abre un camino para entender los procesos que sigue mi cuerpo. El síntoma también nos da información sobre nuestra propia estructura: cómo actuamos frente a los conflictos, cómo los resolvemos, qué necesitamos y muchas veces no nos permitimos pedir. En terapia, hay espacios también para trabajar en aceptar la enfermedad o las condiciones físicas y psicológicas de la persona, y desde ahí puedo mirar mi historia sin juzgarme.
La segunda idea es distinta, y aquí es donde hay que tener más cuidado: una cosa es entender el origen emocional de un síntoma, y otra muy distinta es pensar que ese entendimiento basta para curarlo.
Cuando confundimos las dos cosas, volvemos a caer en la misma trampa de la culpa: si entender fuera suficiente para sanar, entonces no sanar significaría que algo hice mal, o que no entendí lo bastante. Y ahí es donde algunos supuestos terapeutas han llevado la descodificación biológica a un lugar peligroso, llegando a decirle a alguien que deje un tratamiento médico, o que su enfermedad persiste porque "no ha hecho el trabajo interno" que le indicaron.
Eso no es terapia, es manipulación: se le hace creer a la persona que la solución depende únicamente de ella, cuando en realidad el cuerpo, la biología y la medicina tienen su propio proceso, independiente de cuánto lo comprendamos.
-En la serie aparecen secretos familiares, duelos, abandonos y patrones que se repiten entre generaciones. ¿Cuáles son las señales más frecuentes de que estamos viviendo una lealtad familiar inconsciente?
AW: Las lealtades familiares inconscientes usan dos mecanismos para manifestarse y a través de ellos podemos descubrirlos. Uno es la repetición y otro es la compensación.
En la serie vemos cantidad de repeticiones que los personajes van descubriendo y luego sanando. Es necesario reconocerlos para poder iluminarlos.
La compensación es el mecanismo que nos hace hacer de más y de menos en función de lo sufrido. El personaje de Sevgi, cuyo padre fue asesinado cuando ella era pequeña, busca justicia desde que ocurrió el suceso y se convierte en abogada. Nuestra profesión es una forma de sublimación del dolor vivido.
AP: Mirar nuestra historia y ver las repeticiones es una forma de darnos cuenta de que algo no está resuelto, porque sigue manifestándose como si fuera una solución. Repetir o compensar son señales de que el conflicto sigue ahí, sin resolver. Esto es lo que vemos en la lealtad.
Ada nos muestra la repetición en las parejas: ¿por qué ocupa siempre el mismo lugar que ocupó su madre? Porque hay un dolor de fondo. Y mientras ese dolor sigue ahí, solo podemos ver la historia de una misma manera, desde lo no resuelto, y eso nos lleva a actuar desde la compensación, la culpa o una necesidad que nunca terminó de reconocerse y validarse.
Por eso, el camino para salir de la lealtad pasa primero por reconocer que la historia tiene versiones distintas: que mi dolor es real, pero también lo es el del otro, incluso el de quien me hizo daño (que no quita su responsabilidad).
Muchas veces repetimos no porque queramos sufrir, sino porque de forma inconsciente somos leales a alguien de nuestra familia, a su dolor, a su manera de amar o de no poder hacerlo. Y solo cuando puedo reconocer lo que fue, tal como fue, sin negarlo ni sobredimensionarlo, puedo empezar a hacer algo distinto.
-Una de las frases que atraviesa esta temporada plantea qué sucede con el amor después de la muerte. Desde su experiencia, ¿cómo puede transformarse el vínculo con una persona que ya no está?
AW: Creo que la gran lección de esta frase es reconocer la presencia del amor por la persona que no está dentro nuestro. Lo que hemos vivido y compartido no se lo lleva la muerte e incluso podemos honrar el destino de los demás respetándolo y especialmente teniendo una buena vida.
Los que se han marchado antes seguramente están felices de vernos felices. La vida siempre mira hacia adelante y nos muestra la luz que emitimos a través de nuestros actos, no solo la que recibimos.
AP: ¿Hay amor después de la muerte? Qué gran frase nos regaló Evren para pensar la vida. Le agradezco esta reflexión, porque abre la pregunta de si ese vínculo se puede transformar. La respuesta es sí, por supuesto. Negarlo sería creer que la mirada sobre la historia del pasado no puede cambiar, y eso es un error.

Lo vemos en Ada, protagonista de la primera y segunda temporada: descubrir, después de la muerte de su madre, el dolor que esta sintió porque su padre tuvo una familia secreta, le permite cambiar la percepción que tenía de ella y comprender su dolor. Eso es lo que transforma el vínculo: no la persona que ya no está, sino la mirada que tengo sobre ella.
La pérdida es un espacio que nos lleva a sentir lo que el otro deja, lo que quedó pendiente, y a resignificar los momentos vividos juntos. Esto también sucede con los abortos o las pérdidas gestacionales, un tipo de duelo del que casi no se habla, y que merece el mismo respeto: ahí también hubo amor, y ese amor también necesita su espacio para ser llorado e integrado.
-Después de acompañar la construcción de estos personajes durante la última temporada, ¿qué aprendizaje les gustaría que se llevara el público de Mi otra yo sobre su propia historia familiar y su manera de escuchar el cuerpo?
AW: Uno de los más importantes para mí es reconocer que la solución en terapia no es mágica. No llega con un toque espectacular sino que requiere de trabajo personal y para ello hay que hacerse preguntas incómodas, escuchar el cuerpo, traspasar las sensaciones o pensamientos incómodos y todo se puede aprender en terapia para hacerse autónomo y tener la libertad de escoger cómo vivir.
AP: Espero que, gracias a esta tercera temporada, el público pueda descubrir que existen formas de darle espacio al dolor y a las propias necesidades, y que no estamos condenados a vivir siempre cargando con ese dolor. La terapia es un espacio de integración, pero también de autonomía, porque nos ayuda a reflexionar, a pensar por nosotros mismos y a encontrar caminos alternativos.
Y también me gustaría que quedara claro que la terapia no es magia. Requiere que la persona se haga preguntas, participe, se comprometa con su propio proceso, porque si no, la transformación no se da. Ojalá esta temporada ayude a salir de esa idea de que sanando al ancestro me sano yo: el trabajo es mío, aunque mire hacia atrás para entenderlo.
Creo que esta serie, no solo en esta temporada sino desde el principio, ha abierto la mirada hacia otras formas de comprender la terapia, y eso me parece uno de sus grandes aportes. Invita a que quienes sienten que algo les falta en sus propios procesos de acompañamiento puedan encontrar esas respuestas también en otros abordajes, distintos a los que ya conocían.
Y ojalá invite también a otros profesionales a querer ser mejores en su forma de trabajar, porque esta tercera temporada habla de trauma y de constelaciones, pero abordados desde un lugar diferente: habla de las heridas, de la autonomía, de la reflexión, de la capacidad de tomar decisiones propias. Deja muchos mensajes, y por eso es una respuesta que se puede ver en distintos momentos de la vida, y que en cada uno de ellos parece tener algo nuevo para regalarnos.


