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Cindy Dyer, referente en Derechos Humanos: “Hay interés de los varones en acabar con la violencia de género”

Cindy Dyer es la vicepresidenta de Derechos Humanos de Vital Voices Global Partnership desde 2009. Se trata de una organización no gubernamental fundada en 1997 por la exsecretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, que identifica, invierte y aporta visibilidad a mujeres de todo el mundo.
Cindy Dyer es la vicepresidenta de Derechos Humanos de Vital Voices Global Partnership desde 2009. Se trata de una organización no gubernamental fundada en 1997 por la exsecretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, que identifica, invierte y aporta visibilidad a mujeres de todo el mundo.

Un panel experto integrado por cinco mujeres. Un público compuesto tanto por hombres como por mujeres. Mitad y mitad. Esto ya demuestra un avance en la temática. Ellas y ellos interesados en aprender acerca de un tema que ocupa cada vez más lugar en la tapa de los diarios, en las conversaciones de todos los días y, por eso, en los tribunales. Se trató del Segundo Instituto de Justicia sobre Violencia de Género, un entrenamiento interactivo en el que durante tres días participaron tanto actores del sector público como del ámbito no gubernamental.

Cindy Dyer tiene 50 años, dos hijos, es abogada especialista en la materia y vicepresidenta de Derechos Humanos de Vital Voices. Viajó desde Estados Unidos especialmente para participar de estas jornadas de capacitación organizada por Vital Voices, la Fundación Avon y referentes locales.

Hablamos con ella sobre su experiencia de 25 años como miembro de la justicia de su país.

-¿Estamos en el camino correcto para terminar con la violencia de género en el mundo?

Creo que hay un progreso muy grande porque hubo signos positivos en los últimos años. Empecé a trabajar a fines de los años ‘80 y hoy veo muchos cambios. En primer lugar, hay más servicios que atienden a las víctimas y a las sobrevivientes; además, existen más leyes y, en tercer lugar, la discusión está abierta. La concientización de la gente es mayor y no se da por sentado que una situación violenta es de tal manera porque sí.

-¿Cómo era antes, a comienzos de los ’90?

Cuando empecé a trabajar en esto no se hablaba, nadie me preguntaba por el tema, y los diferentes sectores no debatían juntos. Claramente hay un gran progreso, pero hay un larguísimo camino por delante, por supuesto. Creo que uno de los puntos de éxito de esta cuestión es que hay un verdadero interés por parte de los varones en acabar con la violencia de género. Al comienzo era sólo un tema de mujeres y los hombres no estaban involucrados, pero hoy sí se comprometen. Eso es fundamental.

-¿La violencia de género se da igual en todos los países?

Sí, es similar en muchos países, especialmente los temas de abuso, ya que los agresores usan la misma forma de intimidación, de violencia y de agresión para controlar a sus víctimas y ellas sufren los mismos desafíos en sus países: les temen al abusador, quieren que la violencia se termine, pero sienten presión y no quieren que la familia se pierda o se rompa.

-¿Y ocurre en todas las clases sociales?

Ocurre en todas las clases, en todas las religiones y en todos los países. El único riesgo es ser mujer. Es cierto que las víctimas de clases más altas tienen menores desafíos porque tienen mayor acceso a los recursos y les puede resultar más sencillo salir de la situación que a las mujeres de clases más bajas, que no tienen los medios o la educación suficiente.

-¿Cómo estamos en Argentina respecto del mundo en este tema?

La mayoría de los países tiene un tipo de ley fuerte, como Argentina, y en otros son más débiles. Acá hay leyes muy puntuales y específicas, como la ley sobre femicidios y sobre violencia doméstica, que proveen medidas preventivas. Creo que el problema en todos los países es implementar la ley porque cuanto más específica es, más difícil de implementar se vuelve porque necesita de mayor articulación de diferentes sectores que suman burocracia. Tener una ley más agresiva no es sinónimo de eficiencia y rapidez.

-¿Cómo se entrenó a los fiscales en estas jornadas?

Dimos casos de trabajo que podrían ser reales para que los participantes buscaran estrategias de resolución. Estos casos eran desafiantes porque no eran perfectos, tenían fallas, es decir, faltaban pruebas o testigos que no querían cooperar, lo que hacía que las situaciones fueran más difíciles. Esto los asemejaba a los casos reales. Si nosotros podemos resolver este tipo de cosas, cuando los especialistas van a la vida real tienen más herramientas. Además, apuntamos al tema de los femicidios y tratamos de abordar las historias de nivel más bajo –los de violencia menor (que suceden por primera vez)– para evitar el in crescendo y, así, el femicidio. La idea es trabajar con la prevención.

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En Neuquén, Cindy contando su experiencia.

EXPERTA EN EL TEMA. Cindy Dyer ocupó el rol de directora del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, aunque esa distancia se acorta al hablar de mujer a mujer. Mamá de dos adolescentes, esposa de un abogado y ella misma abogada especializada en temas de familia, hoy ocupa un puesto clave en Vital Voices para llevar por el mundo la voz de quienes no pueden o no pudieron hablar a tiempo.

Como funcionaria gubernamental, se ocupaba de administrar y supervisar el presupuesto de ese Departamento, unos 400 millones de dólares anuales que se destinaban a combatir los casos de violencia de género en su país. Además, establecía las políticas de prevención y de protección de los niños (cuyas madres habían sufrido violencia). Por último, participaba de las convenciones de las Naciones Unidas representando a su país y si algún gobierno necesitaba implementar una política en el tema, ella era la referente a la que recurrían.

-¿Por qué cree que ahora tiene tanta repercusión el caso de la desaparición de Mollie Tibbets? (N. de la R.: la estudiante de 20 años desapareció en Iowa el 18 de julio. Al cierre de esta edición continuaba sin conocerse su paradero).

#PARA TI - CINDY DYER 2 - News - GENTILEZA AVON - 20180824
Cindy sigue atentamente con auriculares el entrenamiento interactivo sobre violencia de género a personas que trabajan en el ámbito judicial en la ciudad de Neuquén

Creo que captura tanto la atención de los medios porque podría ser la hija de cualquiera de nosotros. Por eso toca tan de cerca.

Fui fiscal sobre investigaciones de violencia de género durante 15 años en Texas y en los últimos 5 años estuve en homicidios. Uno de los casos que me conmovió fue el de una mujer que vivía cerca de mi casa y los hijos habían sido los únicos testigos de su muerte en 1999. Ella tenía muchas similitudes con mi vida, vivía en el mismo barrio, tenía hijos y un marido normal que trabajaba en una empresa importante (como el mío que es abogado). Tuve que subir al estrado a uno de los hijos. ¡Fue terrible! Los chicos tenían 4, 6 y 7 años, ellos habían visto todo y la nena del medio había llamado al 911 para reportar al crimen. El padre ahorcó a la mamá y el hijo más grande salió a buscar una tijera para poder liberarla, pero el padre se la sacó.

Las condiciones en las que tuve entrevistar a los chicos fueron muy complicadas. A uno lo entrevisté mientras estaba debajo de una cama. El asesino tuvo una sentencia de 60 años de prisión. Fue un caso muy mediático y particularmente estresante, con periodistas abarrotados en la salida de los tribunales.

-En lo personal, ¿por qué tu interés en temas de violencia de género?

Desde chica observaba en mi familia y en las cercanas que a las mujeres no se las trataba bien. Cuando crecí, comprobé que las mujeres no recibían un trato justo y por eso quise ser abogada para protegerlas. Trabajé como fiscal para luchar contra esta inequidad dentro de los ámbitos penales.

-¿Qué aprendiste como fiscal especializada en violencia doméstica y sexual?

Mi trabajo influyó en mi forma de ser mamá y en la de ser papá de mi marido. Siempre hablamos con mi hija (15) de cómo se debe hacer respetar y no permitir que la maltraten, pero el enfoque lo ponemos más en el varón (17) y le explicamos cómo tiene que respetar a las mujeres. De chiquito, si una nena lo empujaba, él no devolvía la agresión. Por suerte desde hace 28 años estoy con mi marido que ya es un feminista (se ríe).

Texto CAROLINA KORUK
Fotos GENTILEZA FUNDACIÓN AVON

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