Tras conocerse la noticia de la muerte de Beatriz, la madre de Mario Pergolini, su figura volvió a cobrar relevancia a partir de los recuerdos y anécdotas que el propio conductor compartió a lo largo de los años. Aunque mantuvo siempre un perfil bajo, su historia resulta clave para entender el carácter y la mirada del creador de Otro día perdido.
Una mujer de carácter fuerte y presencia determinante
Beatriz fue ama de casa y tuvo un rol central en la crianza de su hijo. Pergolini la describía como una mujer intensa, exigente y con una personalidad muy marcada.
“Agarraba una viruta y lo pulía todo”, recordó sobre su obsesión por la limpieza. Y resumió con una frase tan irónica como reveladora: “Podías maltratar a toda la familia, pero no podías manchar los pisos”.
Ese tipo de relatos dejaron ver una convivencia atravesada por reglas propias, firmeza y una forma muy particular de ejercer la autoridad.

Un vínculo complejo, atravesado por el amor
Lejos de idealizar la relación, Pergolini también habló de los matices del vínculo con su madre. “No le digas ‘de Pergolini’... es todo complicado con mi mamá”, dijo en una entrevista, dejando entrever una dinámica familiar intensa.
Sin embargo, también reconoció el lugar fundamental que tuvo en su vida: “Mi mamá vivió para nosotros, pero después se quejaba”.
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Con el paso del tiempo, su mirada se volvió más reflexiva. “Lo entendí de grande, pero es una mujer que me educó con mucha libertad”, admitió, dando cuenta de una relación atravesada por contradicciones, pero también por aprendizaje.
Una forma muy particular de acompañarlo
Durante su etapa escolar, Beatriz tenía una actitud que sorprendía incluso a los docentes. Lejos de defender a su hijo, solía ponerse del lado de los docentes.
“Mi mamá iba al colegio, pero a defender a los profesores. ‘Que se la lleve, no estudió en todo el año’, les decía. Me terminaban queriendo los profesores por eso”, contó Pergolini.

Ese tipo de situaciones marcaron su paso por el colegio y también dejaron huella en su personalidad, siempre desafiante frente a la autoridad.
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El duro momento de la ceguera y la ayuda de la tecnología
En los últimos años, Beatriz enfrentó uno de los desafíos más grandes de su vida: la pérdida de la visión en la adultez.
“Mamá es una mujer picante, lo ha sido toda su vida. Se quedó ciega, vivía sola, pintaba, tenía una autonomía muy grande”, relató Pergolini en una charla con Ángel de Brito.
El impacto fue profundo: “Le dio mucha bronca empezar a depender de otros. De grande ya no podés aprender a ser ciego”.

Frente a esa situación, el conductor decidió acompañarla con herramientas tecnológicas. Desarrolló junto a su equipo un sistema de inteligencia artificial que le permitía recuperar parte de su independencia.
“Le lee los diarios, le cuenta las noticias, le pone la radio”, explicó sobre el dispositivo, que funcionaba como asistente y compañía, especialmente durante las madrugadas.
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La huella que dejó
Beatriz nunca buscó exposición pública, pero su figura terminó siendo clave en la historia personal de Pergolini. En sus relatos aparece como una mujer exigente, directa, resiliente y profundamente influyente.
Detrás del conductor provocador y del empresario exitoso, hay una historia íntima atravesada por ese vínculo. Porque, como suele suceder, muchas veces son esas figuras silenciosas las que terminan explicando todo.
Y en la vida de Mario Pergolini, ese nombre fue —sin dudas— Beatriz.


