En el marco del Día Mundial del Cáncer de Ovario, especialistas advierten sobre un cambio clave en la comprensión de esta enfermedad: en los últimos años, la investigación científica comenzó a señalar que muchos casos no se originarían en los ovarios, sino en las trompas de Falopio.
“El cáncer de ovario podría originarse en realidad en las trompas de Falopio, lo que modificó estrategias preventivas y quirúrgicas”, explica el doctor Federico Bianchi, MN 134936, jefe del Servicio de Ginecología y Mastología del Hospital Alemán.
Una enfermedad silenciosa
El cáncer de ovario sigue siendo uno de los tumores ginecológicos más desafiantes. Aunque ocupa el tercer lugar en frecuencia, es una de las principales causas de muerte dentro de este grupo.
“El gran desafío sigue siendo el mismo: la mayoría de los casos se detectan en etapas avanzadas, cuando el tumor ya se ha expandido fuera de los ovarios”, advierte Bianchi.
Según la American Cancer Society, los síntomas iniciales suelen ser poco específicos y pueden confundirse con trastornos digestivos o urinarios.
Entre los signos más frecuentes se encuentran:
- distensión abdominal persistente
- sensación de hinchazón
- dolor pélvico o abdominal
- necesidad frecuente de orinar
- pérdida de apetito o saciedad precoz
“Cuando estos síntomas aparecen de forma repetida, progresiva y durante varias semanas, es fundamental realizar una consulta médica”, remarca el especialista.

El nuevo paradigma
Uno de los avances más relevantes de los últimos años es el cambio en el origen del tumor.
“La hipótesis actual modificó la forma en que pensamos la enfermedad y también las estrategias de prevención”, señala Bianchi, en relación con el rol de las trompas de Falopio.
Factores de riesgo y prevención
El riesgo aumenta con la edad —especialmente entre los 60 y 65 años—, aunque existen factores predisponentes claros.
“Las mutaciones genéticas como BRCA1 y BRCA2 están fuertemente asociadas a un mayor riesgo de desarrollar este tumor”, explica el médico.
También influyen antecedentes familiares, endometriosis, obesidad y ciertos factores reproductivos. A diferencia de otros tumores, aún no existe un método de detección precoz para la población general.
“Por eso, la prevención se basa en reconocer los factores de riesgo, realizar controles ginecológicos periódicos y consultar ante síntomas persistentes”, enfatiza.
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Avances que cambian el pronóstico
En los últimos años, la medicina incorporó nuevas herramientas terapéuticas que mejoraron la calidad y expectativa de vida de muchas pacientes.
“Además de la cirugía y la quimioterapia, hoy contamos con terapias dirigidas como los inhibidores PARP, que permiten tratamientos más personalizados”, destaca Bianchi.
También subraya la importancia del estudio genético: “La medicina personalizada ya forma parte central del abordaje, no solo para tratar sino también para identificar riesgos en la familia”.
Conciencia y detección temprana
Finalmente, el especialista insiste en un punto clave: la información. “La consulta temprana y el acceso a diagnósticos adecuados siguen siendo fundamentales para enfrentar una enfermedad que todavía requiere más conciencia social y detección oportuna”, concluye.



