Fin de año y agotamiento: qué pasa con el estrés y cómo manejarlo
 

Cómo superar el estrés de fin de año: claves para manejar el agotamiento, la ansiedad y las fiestas

Cómo superar el estrés de fin de año: claves para manejar el agotamiento, la ansiedad y las fiestas
Agotamiento acumulado, agenda llena, compromisos que se multiplican y poco margen para frenar. Especialistas explican por qué diciembre se vive como una carrera contrarreloj y qué hacer para atravesarlo con mayor equilibrio.
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Las últimas semanas del año suelen llegar con una mezcla intensa de expectativas y cansancio. A la fatiga mental, emocional y física se le suman despedidas laborales, actos escolares, compras de regalos, organización de las fiestas y una agenda social que parece no tener pausas. En ese contexto, la sensación de que el tiempo no alcanza se vuelve casi constante.

Lo que debería vivirse como un cierre festivo muchas veces se transforma en una carrera de obstáculos. La percepción de estar “corriendo detrás de todo” convive con una energía cada vez más baja, generando un combo que impacta en el ánimo, el cuerpo y la capacidad de disfrute.

Por qué diciembre se vive como un mes más estresante

“Hablamos de estrés cuando percibimos que las circunstancias que tenemos por delante sobrepasan nuestra capacidad de resolverlas”, explica la licenciada Dalila Acuña, psicóloga de los Centros de Diagnóstico DIM. A diferencia de otros momentos del año, diciembre concentra situaciones poco habituales que alteran la rutina: cierres laborales, evaluaciones escolares, organización de vacaciones, reuniones familiares y compromisos sociales que se superponen.

Ese desajuste impacta directamente en los hábitos cotidianos. Cambian los horarios de sueño, se desordena la alimentación y se vuelve más difícil sostener espacios de descanso. Si a eso se le suma el cansancio acumulado de todo el año, no resulta extraño que muchas personas lleguen a esta etapa con una sensación de saturación.

Mucho por hacer y poca energía disponible

El fin de año es, paradójicamente, el momento con más compromisos y menos energía. “La falta de energía es producto de la fatiga acumulada y la dificultad de administrar espacios de descanso es una de las causas principales”, señala la counselor Claudia Quiroga Daldi.

Desde la mirada médica, la clínica y endocrinóloga María Alejandra Rodríguez Zía coincide en que el estrés de las fiestas suele ser consecuencia de la escasez de momentos reales de desconexión mental a lo largo del año. Cuando el cuerpo y la mente no tuvieron pausas suficientes, diciembre actúa como un amplificador.

Las consecuencias pueden manifestarse de distintas maneras: fatiga persistente, irritabilidad, falta de deseo sexual, dolores musculares, insomnio o malhumor. En algunos casos, también aparecen síntomas más complejos como ansiedad sostenida, depresión, hipertensión o aumento de peso.

El peso de la autoexigencia y la necesidad de control

No todas las personas viven el estrés de la misma forma. La personalidad y la manera de interpretar la realidad cumplen un rol central. “La forma en que pensamos puede estresarnos más que la realidad en sí”, afirma la licenciada María Eugenia Calvo.

La autoexigencia elevada, la necesidad de control y la dificultad para delegar tienden a intensificar el agotamiento. La idea de “llegar a todo” o de cumplir con expectativas propias y ajenas sin margen de flexibilidad suele generar una presión extra que se hace sentir con más fuerza a fin de año.

Cómo frenar la escalada del estrés en diciembre

Reconocer los propios límites es uno de los primeros pasos. “Si registramos una sensación de cansancio extremo, es recomendable ser conscientes de nuestro límite. Ser coherentes al decidir qué hacer y diferenciar lo que es saludable de lo que no podemos manejar ahora”, aconseja Acuña.

En la misma línea, Calvo propone revisar prioridades y hacerse una pregunta clave: si todo lo que está en la lista es realmente necesario antes de que termine el año. Priorizar no implica resignar, sino elegir con mayor claridad.

También resulta fundamental habilitar espacios, aunque sean breves, de descanso y desconexión. No se trata de sumar más obligaciones a la agenda, sino de generar pausas posibles que ayuden a bajar el nivel de activación y recuperar energía.

Un cierre de año más realista y amable

Entender que el cansancio de diciembre no es una falla personal, sino el resultado de un año intenso y de múltiples demandas, permite cambiar la mirada. Ajustar expectativas, flexibilizar rutinas y aceptar que no todo tiene que resolverse antes del 31 puede ser una forma concreta de cuidar la salud física y emocional.

Atravesar el fin de año con mayor equilibrio no significa eliminar el estrés por completo, sino aprender a gestionarlo con más conciencia y menos exigencia, poniendo el foco en lo posible y en el bienestar.

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