En la actualidad, las infancias se están desarrollando en un entorno donde las pantallas están presentes desde los primeros años de vida. Televisores, Tablet y teléfonos móviles ya no son solo herramientas de entretenimiento, sino también canales a través de los cuales los niños acceden al lenguaje, a los relatos y a la interacción con el mundo, ocupando un lugar significativo en la vida de los estos, especialmente en los aprendizajes.
En este marco, resulta pertinente analizar el impacto de las pantallas sobre las prácticas comunicativas actuales. Este texto tiene como objetivo comprender de qué manera estas tecnologías influyen en la atención colectiva, en la construcción social y subjetiva de las infancias.
¿Por qué es importante la comunicación?
La comunicación constituye un proceso fundamental para la transmisión de información, ideas, emociones e interacciones entres sujetos en el marco de una relación social, en la que un emisor codifica y transmite un mensaje a un receptor. Su desarrollo se inicia en etapas tempranas del ciclo vital y presenta una vinculación estrecha con el desarrollo socioemocional del individuo.
En este sentido, la interacción sostenida con el niño desde el nacimiento opera como el principal organizador del sistema afectivo-emocional. Recursos como la mirada sostenida, la expresión facial afectuosa, el tono vocal cálido y el contacto piel a piel favorecen en el infante la percepción de seguridad y la autorregulación emocional. Dichos elementos configuran uno de los primeros mecanismos implicados en el proceso comunicativo y actúan como predictores significativos en la adquisición de la atención conjunta; importante para focalizar el interés en un mismo objeto o evento.
¿Qué sucede entonces cuando estas relaciones socioafectivas vinculares son reemplazadas por dispositivos?
La exposición temprana y excesiva a dispositivos electrónicos ha crecido exponencialmente en la última década, estas interacciones con los medios digitales tienen un gran impacto en el desarrollo cognitivo, físico y socioemocional, así como también la construcción de subjetividad en la primera infancia.
Esta práctica se ha transformado en algo común en hogares de todo el mundo. Como padres, es fácil caer en la tentación de ponerle un video a un niño para que se calme, coma o te de cinco minutos. No es juzgar, muchos lo hacen. Pero es importante entender ¿qué pasa en el cerebro de tu hijo cuando le das una pantalla antes de tiempo?.
Comunicación, tecnología y sujetividad
El cerebro de un niño se construye con el ambiente en el que vive, lo que toca y siente, cada experiencia es una nueva conexión en su cerebro, y si en lugar de jugar, hablar y abrazar, le damos una Tablet, le estamos quitando oportunidades de aprendizajes que no vuelven.
Cuando un niño llora, hace berrinches, se tira al piso, y en lugar de levantarlo, abrazarlo y contenerlo, se le da un celular, impide gestionar emociones, a tolerar la espera y la frustración. Ese chupete electrónico, que el niño NO ELIGE, genera infantes hiperconectados.

¿Qué aprende el cerebro de un niño con una pantalla?
° Si se lo das antes de ir a dormir se bloquea el sueño profundo y crea dependencia.
° Sí se lo das para que coma sin protestar; su cerebro no atiende las señales de hambre ni saciedad.
° Si se lo das cuando esta aburrido pierde creatividad, paciencia e imaginación.
° Si se lo das en los espacios libres pierde la oportunidad de sociabilizar y de entrenar sus habilidades motoras.
Cuando se lo das para que se calme su cerebro no aprenderá a regularse, aprenderá a evadir emociones.
Comunicación interpersonal: entre la conectividad y la desatención
Las pantallas en edades tempranas es un tema qué nos interpela a todos como sociedad dentro de una cultura que está en constante movimiento en torno a ella. La Organización Mundial de la Salud sostiene que hasta los dos años e inclusive hasta los tres, hay que evitar acercarles a los niños dispositivos porque el efecto ya se está manifestando en la psiquis, el cuerpo, las emocione y la vida social.
Produciendo irritabilidad en el sistema nervioso central, trastorno de ansiedad, de sueño, problemas de comunicación, atención, lenguaje, cognición, autorregulación, funciones ejecutivas, aislamiento social, resistencia a la lectura y escritura. En el ámbito escolar; fracaso por aburrimiento, todo le resulta aburrido, porque lo comparan con la cultura digital. Esta es una batalla que debe empezar con el ejemplo y concientización de padres y o cuidadores presentes en la vida de cada niño.
Comunicación responsiva en la era digital
Las pantallas forman parte de la vida cotidiana, pero el acompañamiento hace la diferencia. Estar presentes, conversar y poner limites ayuda a un desarrollo más saludable; menos tiempo frente a pantallas y mas tiempo compartido con los vínculos primarios es el punto esencial en esta problemática que viene en ascenso. Las pantallas no reemplazan el tiempo en familia, el juego, ni el encuentro con los otros. Estar informados es la clave para tomar conciencia. Dejar de minimizar un gran problema que cada vez tiene más evidencias científicas del daño que está provocando.
No le des a un niño el dispositivo para callarlo, calmarlo o silenciarlo, porque esta aburrido o para reemplazar ausencias. Ese cerebro no esta recibiendo lo que necesita para desarrollarse bien. El cerebro de un niño está en pleno desarrollo y necesita estímulos y conexiones reales y para ello es necesario generar rutinas saludables, que no dejan de ser derechos por proteger.
Fomentar espacios de juegos en familia en lugar de consumir, adultos que cuiden sin mirar pantallas y una sociedad donde estas dejen de organizar la vida psíquica más que los vínculos humanos, favorecerá a que la comunicación sea el puente al aprendizaje y que no se trate de prohibir sino de enseñar.
Las pantallas no son el enemigo. El uso automático, sí. Educar es devolver el poder de elegir.
Por Rosa Aragón. La autora es Técnica en minoridad y familia y Licenciada en Psicopedagogía.




