Jean Guillaume Salles, experto en memorias transgeneracionales: "Buscar aprobación es entregar tu poder" - Revista Para Ti
 

Jean Guillaume Salles, experto en memorias transgeneracionales: "Buscar aprobación es entregar tu poder"

El terapeuta y creador del Método ThOR nos habla en esta entrevista sobre memorias transgeneracionales, síntomas físicos, vínculos y por qué muchas veces entregamos nuestro poder sin darnos cuenta.

¿Por qué repetimos patrones que nos limitan incluso cuando queremos cambiar? ¿Qué relación existe entre las emociones, el cuerpo y las historias familiares? Para Jean Guillaume Salles, terapeuta especializado en Descodificación Biológica, Hipnosis Ericksoniana y memorias transgeneracionales, muchas de las dificultades que atravesamos tienen raíces más profundas de lo que imaginamos.

Nacido en Francia y radicado en España, lleva más de 25 años investigando el comportamiento humano y desarrolló el Método ThOR, una Terapia Humanista Orientada a Resultados que integra distintas herramientas terapéuticas para generar cambios profundos y duraderos. Autor del libro Dinero, ¿estás ahí?: Mover nuestra conciencia hacia la abundancia, será uno de los speakers de la IV Cumbre Virtual El Poder de tu Árbol, donde abordará un tema tan sensible como actual: la desconexión del poder personal como herencia invisible.

En diálogo con Para Ti, reflexiona sobre cómo el inconsciente impacta en la salud, los vínculos, el dinero y la autoestima.

—Hablanos de tu Método ThOR (Terapia Humanista Orientada a Resultados). ¿En qué se diferencia de otras técnicas y por qué decís que está “orientado a resultados”?

—A diferencia de otros enfoques más centrados en la teoría, el Método ThOR nace de más de 25 años de experiencia real en consulta.

El método se sostiene sobre cinco pilares fundamentales. El primero es la relación terapéutica. Hay que entender que esta es una terapia humanista: no tratamos un problema, tratamos a una persona. Por eso, es fundamental generar un espacio donde el consultante se sienta verdaderamente escuchado, seguro y recibido. Y eso no ocurre de manera espontánea: se aprende a desarrollar un estado interno capaz de crear esa confianza y esa calidad de presencia.

El segundo pilar es aportar claridad para poder tomar decisiones con precisión a medida que avanza el proceso terapéutico. Muchas veces, cuando una persona comprende ciertos conocimientos clave, todo empieza a ordenarse.

Es como estar en un paisaje cubierto de niebla, donde no podés distinguir el camino, y de repente esa niebla desaparece y todo se vuelve claro. Un ejemplo de conocimiento clave es entender que el inconsciente no conoce el tiempo. ¿Por qué es importante? Porque si el consultante vivió un trauma hace 50 años o hace dos días, para su inconsciente sigue siendo igual de real y actual. Comprender esto cambia completamente la manera de abordar el trauma.

El tercer pilar es la escucha terapéutica profunda. En consulta, aprendemos a escuchar verdaderamente a la persona que tenemos delante. El consultante llega contando un problema, pero detrás de ese contenido existe una estructura emocional que debemos aprender a identificar: vergüenza, traición, separación, carencia. Y cuando logramos escuchar eso, empieza a aparecer la claridad.

El cuarto pilar es lograr cambios a nivel inconsciente. Un cambio profundo y duradero ocurre cuando transformamos la información inconsciente, no solamente cuando entendemos algo desde lo intelectual. Se trata de acompañar un proceso para que el consultante pueda modificar la información emocional grabada en sus memorias inconscientes.

Y el quinto pilar tiene que ver con las estrategias terapéuticas. El terapeuta aprende un paso a paso claro para abordar los temas más complejos que llegan a consulta. Por eso, el Método ThOR ofrece herramientas concretas para generar cambios profundos, duraderos y alineados con la realidad de cada persona.

¿Y por qué está orientado a resultados? Porque en la relación terapéutica existe una paradoja: no es el terapeuta quien cambia a la persona, sino el consultante quien realiza la transformación. Pero sin la presencia y el acompañamiento del terapeuta, ese proceso muchas veces no podría darse.

La intención del Método ThOR es alcanzar resultados visibles, concretos y duraderos a través de un proceso terapéutico profundo y consciente.

El nombre del método está inspirado en el mito de Thor, cuya función era proteger a los dioses y a los seres humanos de las fuerzas del caos. Cuando una persona queda atrapada en su problema, vive inmersa en un caos interno. Nuestra función como terapeutas es ayudarla a reorganizar ese caos para que pueda recuperar claridad, dirección y equilibrio.

—Desde tu experiencia, ¿cómo se traduce concretamente un conflicto emocional inconsciente en un síntoma físico? ¿Qué debería empezar a observar una persona en su vida cotidiana?

—Para responder esta pregunta, primero hay que entender que toda nuestra biología funciona bajo una lógica de supervivencia. Gracias a ese sistema de adaptación constante hemos podido sobrevivir como especie hasta hoy.

En ese sentido, un síntoma puede entenderse como una adaptación biológica frente a un conflicto emocional inconsciente. Por ejemplo, si una persona vive una separación como un shock emocional, el cuerpo puede reaccionar a través de la piel, que es el órgano relacionado con el contacto. En esos casos pueden aparecer síntomas como eczema o vitiligo.

Este proceso suele activarse en dos tiempos. Primero ocurre lo que llamamos un “conflicto programante”: una situación vivida con gran intensidad emocional, como una separación dolorosa. Después, tiempo más tarde, otra experiencia similar puede actuar como desencadenante y reactivar inconscientemente aquella vivencia original. Es ahí cuando aparece el síntoma físico, como una respuesta de adaptación frente al conflicto emocional que la persona está atravesando.

Entonces, ¿qué debería empezar a observar alguien en su vida cotidiana? Principalmente, cómo se siente internamente frente a determinadas situaciones. Poder reconocer la emoción, la sensación o el impacto emocional que genera un conflicto.

Cuando una persona desarrolla el hábito de escuchar y expresar sus emociones en momentos difíciles, tiene más posibilidades de liberar esa carga emocional y fortalecer su bienestar físico, mental y emocional. La clave está en tomar conciencia de lo que se siente en el momento en que se atraviesa una situación conflictiva.

—Hablás de memorias transgeneracionales. ¿Cuál es la creencia o patrón más frecuente que ves repetirse en las personas y que más limita su vida sin que se den cuenta?

—Las memorias transgeneracionales son memorias que quedan grabadas en nuestro inconsciente desde que llegamos al mundo, aunque correspondan a acontecimientos que nunca vivimos personalmente. Sin embargo, el inconsciente las toma como si fueran propias y reales, y desde ahí condicionan muchas decisiones, emociones y formas de vivir.

La hipótesis es que estas memorias se transmiten para aumentar las posibilidades de supervivencia de la especie. Esa sería su intención positiva. El problema es que, como el inconsciente no conoce el tiempo, esa información permanece activa como si el peligro todavía existiera hoy.

Uno de los patrones más frecuentes aparece alrededor de las muertes dramáticas: abortos, muertes tempranas, accidentes fatales, suicidios, crímenes o mujeres que fallecieron durante el parto. Cuando esos duelos no fueron resueltos, la descendencia puede cargar inconscientemente con ese peso. Muchas personas sienten entonces una especie de bloqueo vital, como si estuvieran más conectadas con la muerte que con la vida.

Otro patrón muy común tiene que ver con la violencia y el abuso de poder dentro de las familias. Situaciones de maltrato, golpes o vínculos violentos entre padres, abuelos o bisabuelos suelen repetirse de distintas maneras en las siguientes generaciones.

En esos casos, las personas muchas veces terminan ocupando inconscientemente alguno de los dos lugares del conflicto: el de víctima o el de verdugo. Y así reproducen dinámicas de abuso en sus relaciones sin comprender de dónde vienen.

También aparece con mucha frecuencia el patrón de carencia. Historias familiares atravesadas por el hambre, la pobreza extrema o la supervivencia dejan una huella muy profunda. Entonces se transmite la sensación inconsciente de que “no hay suficiente” o de que “no tengo derecho a tener”.

Eso puede limitar enormemente la vida económica y profesional de una persona, incluso cuando se esfuerza, estudia o trabaja mucho. Porque hay una memoria inconsciente de carencia que sigue operando desde el fondo.

—En la IV Cumbre Virtual El Poder de tu Árbol vas a hablar sobre “desconectarse del poder personal como una herencia invisible”. ¿Cómo puede una persona reconocer en su vida diaria que está cediendo su poder y qué pequeño gesto podría ayudarla a empezar a recuperarlo?

—Una persona puede reconocer que está cediendo su poder muy fácilmente: cada vez que necesita la aprobación de los demás para hacer algo o tomar una decisión.

No significa que esté mal escuchar opiniones o pedir consejos. El problema aparece cuando necesito que el otro valide lo que voy a hacer para sentir que está bien. En ese momento, dejo de confiar en mi propio criterio y empiezo a entregar mi poder personal.

También ocurre cuando, de manera indirecta, buscamos permiso para pensar, actuar o decidir. O cuando ponemos al otro por encima nuestro: “él sabe más”, “ella es mejor”, “yo no soy capaz”. Sin darnos cuenta, empezamos a creer que el otro tiene más autoridad sobre nuestra vida que nosotros mismos.

Por supuesto, nadie puede ser experto en todo y está bien escuchar distintas miradas. Pero una cosa es recibir información y otra muy distinta es sentir que el otro es más válido o más creíble que uno mismo.

Por eso es importante observar cuándo buscamos aprobación, cuándo pedimos permiso o cuándo colocamos al otro en un lugar superior. Porque cada vez que hacemos eso, estamos cediendo nuestro poder de manera inconsciente.

¿Y cuál es el primer paso para recuperarlo? Darse cuenta. Tomar conciencia de esos mecanismos.

Después, volver a uno mismo con una pregunta muy simple: “¿Qué es verdaderamente importante para mí en esta situación?”.

Esa pregunta nos conecta con nuestros valores, nuestras necesidades y nuestra propia verdad. Porque la única persona que vive nuestra vida somos nosotros mismos.

Y hay otra pregunta igual de importante: “¿Qué necesito para darme crédito a mí mismo?”. Recuperar el poder personal implica volver a confiar en lo que pensamos, sentimos y decidimos, incluso cuando los demás no estén de acuerdo.

Ese es el primer gesto para empezar a reconectarnos con nuestro poder interior.

Si te interesa bucear, indagar en este tema, referentes en transgeneracional y psicogenealogía disertarán en la IV CUMBRE EL PODER DE TU ÁRBOL GENEALÓGICO, los dos últimos fines de semana del mes de mayo. Más info en redes: @elpoderdetuarbol

 
   

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