Cumplir 70 años en plena pandemia fue para Delfina Linck mucho más que una celebración. Fue el momento en que decidió crear algo que trascendiera su propia historia y condensara décadas de aprendizaje sobre el ser humano, las emociones y los vínculos.
Así nació Constelar, jugar, sanar, un libro que desafía una creencia profundamente arraigada: la idea de que para crecer hay que sufrir. Viene acompañado del juego, pero se puede comprar en forma optativa. Desde una propuesta innovadora, la autora invita a recuperar el juego como herramienta de autoconocimiento, aprendizaje y transformación emocional.
Economista, politóloga, psicóloga, consteladora y escritora, Linck combina múltiples disciplinas para abordar una pregunta que atraviesa a muchas personas: ¿por qué seguimos repitiendo los mismos conflictos, vínculos o situaciones una y otra vez?
En diálogo con Para Ti, reflexiona sobre los mandatos invisibles que heredamos, el peso del miedo y el enojo en nuestras vidas, la diferencia entre vivir desde el abandono o desde la abundancia y la enseñanza más importante que espera dejar en cada lector: que la felicidad no depende de las circunstancias, sino de la posición emocional desde la que elegimos mirar nuestra historia.
-¿Cuál fue la emoción o experiencia personal que dio origen a Constelar, jugar, sanar? ¿Hubo un momento bisagra que te impulsó a crear esta herramienta?
-Si hubo un momento bisagra que fue en Abril del 2020, cuando cumplí 70 años durante la pandemia y me dije “puedo celebrar desarrollando algo que sea un legado vinculado a mi trabajo y que sea lúdico y útil como entrenamiento para la autogestión emocional.

-En el libro proponés algo poco habitual: sanar a través del juego. ¿Por qué creés que muchas veces asociamos el crecimiento personal con el sufrimiento y no con el disfrute?
-Creo que el juego tiene algo maravilloso, justamente en relación con la capacidad de vincularnos mejor con nosotros mismos y con los otros. De chicos, aprendemos todo jugando, y después olvidamos que es una herramienta poderosísima para el aprendizaje y el crecimiento.
Queda relegado y asociado el juego a la etapa infantil e “inmadura” por los esfuerzos de adaptación que implican el estudio, el trabajo y todas las exigencias de la vida adulta. Y sin embargo, jugar es una actitud y conlleva entrenamiento: uno puede estudiar y trabajar jugando, todo se puede hacer como un juego -con arte, eficacia y disfrute- sin perder seriedad y profesionalidad.
-Después de años acompañando personas como terapeuta, ¿cuáles son las emociones que más frecuentemente encontrás bloqueando el bienestar y la realización personal?
-Las emociones que más frecuentemente encuentro bloqueando el bienestar y la realización personal son todas las ligadas al abandono y al trauma, para las cuales se encuentran muchas palabras entre las cuales las principales son el temor y el enojo -el miedo y la ira-.
-¿Qué descubriste sobre vos misma durante el proceso de creación del juego terapéutico que hoy compartís con los lectores?
-Fui descubriendo al revisar mi vida desde esta perspectiva, que cada hecho de mi recorrido y experiencia, podía ser mirado y revivido desde el abandono o desde la abundancia y cómo había avanzado y aprendido cada vez que lograba pararme en la abundancia.
-Sos economista, politóloga, psicóloga, consteladora y escritora. ¿Cómo dialogan todas esas facetas dentro de tu mirada sobre el ser humano?
-Estoy muy agradecida por haber podido estudiar todo lo que me propuse y haber compartido estudios y trabajo en ámbitos tan distintos con colegas muy expertos de quiénes aprendí mucho con una riqueza de perspectivas, miradas y experiencias impresionante.
Todo lo que fui aprendiendo y tomando dialoga con humildad y mucha comodidad y abundancia de recursos en cada acercamiento al ser humano y uno siempre sigue aprendiendo. Es apasionante.
-Muchas personas sienten que repiten historias, vínculos o conflictos una y otra vez. ¿Cómo puede ayudar el enfoque sistémico a comprender esos patrones?
-El enfoque sistémico es muy útil, porque permite comprender que hay un campo de información del grupo familiar que es y a la vez no es propio e indispensable.
Es un campo energético de conocimiento que es transgeneracional y que muchas veces estamos implicados en mandatos y lealtades invisibles que nos condicionan para repetir conductas y relaciones. Cuando identificamos ese fenómeno también lo podemos liberar.
-¿Qué le dirías a alguien que siente que hay algo en su vida que no logra cambiar, pero no sabe por dónde empezar a mirarlo?
-Le diría que para cambiar todo depende de dónde uno se para emocionalmente: Si uno se para en el abandono, no puede tomar lo que fue ni lo que es, si uno se para en la abundancia, agradece todo -incluso lo difícil- y con ello se libera y se empodera para cambiar.
-En tiempos donde la ansiedad parece atravesarlo todo, ¿qué herramientas simples pueden ayudarnos a escuchar nuestras emociones en lugar de luchar contra ellas?
-La herramienta más elemental y abundante que tenemos todos a mano para escuchar nuestras emociones, es la respiración consciente y por supuesto el ejercicio cotidiano. Nos olvidamos muchas veces que el cuerpo tiene todas las soluciones y que con el solo hecho de cerrar los ojos y acompañar la inhalación y la exhalación podemos empezar a escucharnos a nosotros mismos.
-¿Hay alguna historia de transformación de un consultante —sin revelar identidades— que te haya marcado especialmente y que refleje el espíritu de este libro?
-Sí está la historia de una mujer con muchos recursos intelectuales y mucho éxito, que me consultó por tercera vez diciendo que había hecho muchos avances agradecida por lo que habíamos trabajado en las dos oportunidades anteriores y que volvía porque a pesar de todo no lograba sentirse feliz. Con ella empecé a aplicar esta mirada del abandono y la abundancia como un juego o entrenamiento.
Y me ha hecho saber que lo ha logrado.
-Si un lector terminara la última página de Constelar, jugar, sanar y pudiera quedarse con una sola enseñanza, ¿cuál te gustaría que fuera?
-Me gustaría haber transmitido que pase lo que pase nada nos puede impedir ser felices.

