La historia increíble de cómo Carlos Lole Reutemann consiguió pasar de andar a caballo en Manucho a conducir un Fórmula 1 y codearse con el jet set en Mónaco – Revista Para Ti
 

La historia increíble de cómo Carlos Lole Reutemann consiguió pasar de andar a caballo en Manucho a conducir un Fórmula 1 y codearse con el jet set en Mónaco

Iba al colegio montando a caballo y se ganó el apodo de Lole porque su papá vendía lechones ("lolechones"), en Manucho, el pueblo santafesino donde nació. Sin embargo, siempre soñó con ser piloto y aunque parecía no tener los recursos para llegar a las pistas, lo logró. 
News
News

"Yo fui a una escuela primaria a caballo durante cinco años. Hacía doce kilómetros para ir y volver a mi casa. Vivía en medio del campo", contaba Carlos Lole Reutemann, que murió este 7 de julio, en una entrevista que daba contando su vida a La Nación en 2008.

Reuteman junto al Fiat 1600 con el que corrió en Alturas de Punilla.

Pero desde chico soñaba con correr carreras. Entonces, ¿cómo hizo para poder salir de Manucho, su pueblo distante a 40 kilómetros al norte de Santa Fe, para convertirse en piloto de Fórmula 1?

"De cuando yo iba en caballo a la escuela una de las cosas que siempre recuerdo son las tormentas, que nos agarraban a veces a mitad de camino, y los rayos. El rayo es mortal. Siempre nos había dicho la gente de campo que el rayo cae en la parte más alta, que busca el árbol más alto, por ejemplo el ombú. Cuando había tormenta tratábamos de andar por la parte más baja, en las zanjas", recordaba.

"Me banqué seis años internado con los jesuitas. Mi ambición era correr en la Fórmula Uno, y llegué a hacerlo. Me metí en los mejores equipos; gané muchas carreras -pese a que los argentinos dicen que yo siempre llegué segundo-, y salí con vida -lo dice con mucho énfasis- del negocio. Estoy contento. No traje el campeonato del mundo, pero la sensación que tuve en ese momento fue, porque soy muy creyente, que Dios me decía: "Hasta acá llegaste. Esto no te lo dejo porque sería demasiado". Y bueno, así fue", decía en la misma entrevista.

Sus primeros años de piloto.

Carlos Reutemann que, nació el 12 de abril de 1942 en Manucho, Santa Fe, bajo el signo de Aries, aprendió a manejar en el campo a los 6 años. "No fue en una playstation ni en un nintendo. Aparecí manejando un Ford A modelo 29. No era un Audi, que tiene los cambios en el volante", contó.

"En la Ruta 11, entre Nelson y Santa Fe, manejaba, le ponía un almohadón y lo traía a mi papá. Nelson, Iriondo, Candiotti, Recreo, esos caminos los conozco con los ojos cerrados. Había mucha gente que me conocía, me miraba y se reía. Éramos todos conocidos en la zona. Era muy chiquitito y andaba siempre en el auto. Me sacaban el almohadón y veían un tapón de 11 años andando en el auto, nadie lo podía creer…", comentaba.

El campo, su refugio.

Sus primeros pasos como piloto se podría decir que lo hizo junto al auto y al tractor de su papá: "Un día que mis padres no estaban, llegaron tres o cuatro personas pidiendo ayuda porque a unos mil quinientos metros se les había encajado el camión en una zanja. Les dije que estaba solo, pero si hacían lo que les dijera, los podría ayudar. El tractor se ponía en marcha a manija y yo, con ocho años, no tenía ni cerca la fuerza suficiente para ponerlo a andar. Entonces, les pedí que lo hicieran. Conocía el procedimiento, lo puse en contacto, le puse el cebador, un hombre le dio manija, el tractor arrancó, fuimos hasta el lugar y les saqué el camión al camino. Quedaron muy asombrados".

Ya a los diez años, para él manejar un auto era una cosa normal: "Tiene que ver con un estilo de vida, con la independencia y la necesidad de vivir en el campo", decía.

 Hijo de Enrique Reutemann y Flora Molina, dedicados a la explotación agropecuaria, su padre recordaba en "Ser o no ser, Biografía deportiva, sentimental y política de Carlos Alberto Reutemann", de Gabriel Pandolfo: "De chiquito era tan lindo que cuando lo llevaba a pasear la gente me decía: "¡Qué muñeco!"".

Siempre fue buenmozo.

Del trabajo de su padre, Reutemann se ganó el apodo de Lole por "lolechones" (los lechones que venía su papá).

"Desde donde arranqué, andando a caballo en Manucho, a llegar a la Fórmula 1 es muy difícil. La verdad, es que a veces lo pienso, si uno lo tuviera que hacer de nuevo… ", contaba en aquella época Reutemann.

Su pasión por el automovilismo no se hizo esperar: "De vez en cuando, llegaba alguna foto, alguna noticia de las carreras internacionales...Yo seguí todas las carreras que se hacían a nivel nacional, de Turismo de Carretera, del famoso "Anexo J". Empecé a ver las carreras y me resultaba casi imposible pensar en poder correr."

De manucho al jet set en Mónaco.

El destino quiso que en enero de 1964, se cruzara en Rafaela con los hermanos Américo Grossi que habían comprado un Fiat 1500 para correr. "Yo me iba a ver las carreras y sabía que podía manejar bien. Eso comenzó en enero del '65 y se concretó en mayo del '65. Me dicen, vamos a ir a hacer una prueba a Córdoba y vamos a ver cómo manejas. Y bueno, efectivamente, fuimos a La Cumbre. Yo, no tenía Fiat 1500. Le pedí uno a un amigo para saber cómo se manejaba, cómo eran los cambios, los tenía en el volante. Fue la primera vez que manejé uno. Yo no tenía auto… tenía un rastrojero", recordaba él en una entrevista.

El día que Lole se escapó de la ley

Reutemann, según me contó más tarde, no durmió esa noche por miedo a no despertarse, ya que salían de Rafaela a las seis de la mañana. Se quedó en la confitería Baviera, en Santa Fe, tomó té como hasta las dos de la madrugada y apareció a la hora indicada.

Hay una anécdota especial que él recordaba: en el camino hacia La Cumbre -donde el equipo también correría su primera carrera de la temporada-, los dos pilotos que harían la prueba para el equipo Grossi -Reutemann y Luis Keller- fueron detenidos en la caminera. El policía que los detuvo amenazaba con retener el auto porque no llevaba papeles ni documentación.

Sus primeros carreras en Fórmula 1.

Cuando Keller se bajó del auto para conversar con el agente, Reutemann que no quería perderse la oportunidad de correr la carrera, arrancó y se escapó con el auto a La Cumbre. "El policía no me quería dejar seguir; entonces, como yo al día siguiente iba a hacer la prueba para ver si tenía condiciones para manejar, era la única oportunidad que tenía en mi vida de manejar el trayecto que iba desde Yocsina a La Cumbre para ir conociendo el auto. Por eso, fue que puse primera despacio y me fui. Sino, no tenía alternativa. Y, efectivamente, lo hice sabiendo que iba a tener un problema con la policía. Pero si no salía de ahí y manejaba el auto, al día siguiente iba a tener pocas posibilidades".

En el día de la prueba, Reutemann supo tomar una peligrosa curva S y sorprendió: "Cuando fuimos a La Cumbre, yo no sabía realmente que me iban a dar el auto para correr. Los hermanos Grossi salieron a mirar donde nosotros probábamos. Había una parte del circuito, salíamos de San Esteban en bajada, a la ruta, y había una "S", nunca me voy a olvidar. Una "S" muy, muy rápida; una "S" de cuarta. Nunca me voy a olvidar que venía en el Fiat a 6300 vueltas en cuarta, que habrán sido 160 km/h, en aquella época. Era una "S" bastante compleja y la tomé a fondo, como venía. Y ellos estaban justo en esa curva y quedaron muy impresionados. Después, fuimos a correr muchos años al mismo circuito. Fuimos con las cupé Fiat oficiales, con mejores autos, con mejores cubiertas, yo más entrenado, con mucha más experiencia y siempre hacía la misma prueba. Ponía el auto a 6300 vueltas y nunca más la pude tomar a 6300. Así que ese día fue -mira hacia arriba-, no sé… Debe haber sido una cuestión de suerte."

Admirado en todo el mundo.

Américo Grossi recordaba: "Ellos no sabían dónde nos íbamos a ubicar. Elegimos una "S" en bajada que hay después de Los Cocos y nos escondimos entre los matorrales. Lo más importante era escucharlos, oír si levantaban o no. Primero pasó Keller y, si bien entró fuerte, desaceleró al acomodar el auto para pisar nuevamente. Para colmo, en ese lugar se juntaba ripio sobre el pavimento y se hacía difícil llevar el coche. Al rato apareció Reutemann, venía bajando a fondo y así como venía dobló la "S" , corrigiendo la trayectoria, y se fue rumbo a San Esteban.

Grossi contó que "Más tarde Reutemann le confesaría dos cosas: una que estaba casi seguro del lugar que yo había elegido y por eso en ese lugar entró a fondo, sin levantar ni un milímetro. Otra, que nunca más en su vida volvería a doblar como ese día."

Reutemann debutó en el automovilismo ese fin de semana con el Fiat 1500 de la Escudería Grossi en el circuito cordobés "Alturas de Punilla". Y ese fue el primer paso para convertirse en el piloto de Fórmula 1 y alcanzar 45 podios.

Más información en parati.com.ar

Vínculo copiado al portapapeles.

3/9

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipisicing elit.

Ant Sig