Quién fue Mario Mazzone, el gran amor de Marcela Giorgi
 

Quién fue Mario Mazzone, el hombre que Marcela Giorgi solía recordar como "el amor de su vida"

Tras la muerte de Marcela Giorgi, a los 61 años, vuelve a cobrar fuerza el recuerdo de Mario Mazzone, el periodista de TN y El Trece con quien compartió ocho años de su vida. Se conocieron en una radio y construyeron un vínculo que la locutora evocaba con humor, ternura y una frase contundente: fue el hombre que le hizo vivir sus mejores años.
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La muerte de Marcela Giorgi, histórica locutora de Radio Mitre, volvió a traer al presente una de las historias de amor que marcaron su vida: la que compartió durante ocho años con Mario Mazzone, periodista de TN y El Trece, fallecido en mayo de 2007. Se habían conocido en los pasillos de una radio, casi por casualidad, y construyeron una relación atravesada por el humor, la complicidad y los pequeños gestos cotidianos.

Giorgi murió este sábado 31 de octubre, a los 61 años. En los últimos meses se había alejado de los micrófonos por una enfermedad. La noticia se conoció en vivo durante una comunicación con Adriana Verón, cuando Mariel Di Lenarda, periodista y amiga de la locutora, la confirmó al aire.

Marcela Giorgi

Con su partida, también volvió a cobrar fuerza el recuerdo de aquel vínculo con Mazzone, una relación que comenzó en 1999 y que terminó abruptamente ocho años después, cuando el periodista murió a los 48 años.

Un piropo en el pase de una radio y un café que cambió todo

La historia comenzó en la primavera de 1999, cuando ambos trabajaban en FM Horizonte. Marcela conducía Música y Noticias, de 7 a 9 de la mañana, y Mario llegaba después para continuar con la programación. En ese intercambio cotidiano, entre el final de un programa y el comienzo del otro, nació el primer acercamiento.

Según había contado Giorgi, Mazzone la miró fijo y no tardó en hacerle saber que le gustaba. Ella lo rechazó, aunque reconoció que la actitud le había gustado. Él, entonces, decidió acercarse desde otro lugar: se hizo el amigo y fue ganando terreno.

Mario Mazzone

Hasta que un día, antes de irse de vacaciones, le susurró una frase que ella recordaría siempre: “¿Sabés cómo te partiría la boca de un beso en este momento?”. Cuando Mario regresó, Marcela aceptó tomar un café en el driving de Costa Salguero. Ese encuentro fue el comienzo de la relación.

En los primeros tiempos, Mazzone tenía un gesto que a ella la conmovía: cuando Marcela se iba de su departamento, él sacaba un cartel escrito a mano que decía “Te amo”. “Y apenas me iba, ya lo extrañaba”, había recordado la locutora.

Marcela Giorgi

También le había quedado grabada otra frase que él le dijo al principio de la relación: “Estoy buscando una mujer, pero una mujer en serio”.

El humor, los viajes y los apodos que compartían

Los dos tenían raíces italianas y, como había contado Marcela, cuando discutían podían hacerlo con intensidad. Pero también se reconciliaban con la misma pasión: “A la hora de reconciliarnos, también lo hacíamos con todo”, había dicho entre lágrimas y una sonrisa.

Mario Mazzone

De Mario, lo que más la había conquistado era su sentido del humor. “Siempre era muy ocurrente”, lo describía. Él, además, solía bromear con su preferencia por las mujeres morochas y de carácter: “¿Por qué creés que la elegí a Marce?”, decía.

Mazzone había jugado al rugby en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires y tenía una contextura imponente. Más adelante dejó ese deporte por el golf, una pasión que terminó compartiendo con Marcela. Él la llamaba Muñequex; ella lo nombraba como Mi amor, Negro o Tiger, en alusión a su afición por ese deporte.

Marcela Giorgi

Nacido en San Telmo, Mario era, según la definición de Giorgi, “simple, buen hijo, buen padre, y se adaptaba a cualquier circunstancia”. También recordaba, con humor, que era coqueto: “Era muy picaflor. Siempre andaba coqueteando... a veces se aprovechaba de su pinta para agradar a otras”.

Cuando podían escapar de sus compromisos laborales, viajaban juntos. Río de Janeiro era uno de sus destinos preferidos. “Tiene ese clima especial que siempre te hace sentir optimista”, había contado Marcela. Para Mario, en cambio, había una cita de verano que no podía faltar: Miramar, donde se encontraba con sus amigos de toda la vida.

Entre los recuerdos más queridos de la locutora estaba una foto que él le había dedicado de puño y letra: “Te amo, con vos soy feliz”.

La enfermedad de Mario Mazzone y una despedida inesperada

En julio de 2006, Mario comenzó a sentir un dolor en la cadera. Los estudios derivaron en un diagnóstico de cáncer. Durante ese período, Marcela permaneció a su lado, acompañándolo junto con las hijas del periodista, Florencia y Lucía, su madre —a quien todos llamaban Bochita— y su hermana.

“Nunca mostró flaquezas”, había recordado Giorgi. Y reconstruía la manera en que él intentaba transmitirle tranquilidad: “Sacaba fuerzas de cualquier lado. Me decía: ‘Muñequex, mañana me hago una transfusión y en un par de días me van a dar hierro’. Tenía todo programado y mucha voluntad para curarse”.

Mario Mazzone

El domingo 20 de mayo de 2007, Mazzone había conducido su programa Mirá vos, en Radio Continental, sin inconvenientes. Después manejó hasta Pilar Golf, donde tenía previsto jugar. Compró pelotitas y, cuando se dirigían hacia el campo, se desplomó.

“Ni siquiera pudo decirme ‘Me siento mal’. Nada”, había relatado Marcela. Dos amigos que los acompañaban, uno de ellos médico, intentaron asistirlo. También llegó una ambulancia, pero no pudieron salvarlo. Mazzone murió ese mismo día, a los 48 años. Según el relato de Giorgi, había sufrido una trombosis en una pierna, vinculada con la medicación oncológica que recibía.

La muerte de Mario dejó una ausencia que Marcela llevó consigo durante el resto de su vida. Sin embargo, cuando hablaba de él, también elegía recuperar la felicidad de aquellos años y la huella que había dejado en su historia.

Marcela Giorgi

“No puedo creer que ya no esté a mi lado”, había dicho. Y cerraba aquel recuerdo con una frase que hoy adquiere un significado especial: “A Mario siempre lo voy a llevar en el corazón, hasta que nos reencontremos. Cuando estoy muy, pero muy triste, me consuelo pensando que fue el hombre de mi vida, el que me hizo vivir los mejores años”.

 
   

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