Durante años se instaló una idea tan repetida como equivocada: que la sexualidad femenina se apaga con la menopausia. Pero un nuevo informe del Centro de Investigaciones Sociales de UADE viene a cuestionar ese relato.
Lejos de desaparecer, el deseo se transforma, fluctúa y se redefine. No hay una única manera de vivir la sexualidad después de los 50: algunas mujeres la reinventan, otras la sostienen y otras la transitan con altibajos. Pero lo que queda claro es que no hay “apagón”.

“La sexualidad no tiene fecha de vencimiento”, resume uno de los testimonios del estudio.
El verdadero inhibidor: el cansancio
Si el deseo se enfría, no es por una cuestión biológica pura. El informe es contundente: el principal inhibidor es el agotamiento.
Estrés crónico, carga mental, múltiples roles y exigencias constantes generan un desgaste que impacta directamente en la vida sexual.
¿Qué pesa más que las hormonas?
- La doble (o triple) jornada: trabajo, casa y cuidados
- La carga emocional invisible
- La presión por “llegar a todo”
- La falta de descanso real
En este contexto, el erotismo no desaparece… pero se vuelve un lujo.

El mito cultural del “apagón sexual”
El estudio plantea algo clave: el famoso “apagón” es más un relato cultural que una realidad clínica. Se sostiene en mandatos como:
- asociar deseo con juventud
- vincular belleza con valor erótico
- exigir disponibilidad permanente
Todo eso termina poniendo el foco en el cuerpo femenino, cuando en realidad el desgaste es social.
Más empoderadas… pero más agotadas
Hay una paradoja que atraviesa toda la investigación: las mujeres ganaron autonomía en lo público, pero no lograron una redistribución real en lo privado.

El resultado: más responsabilidades + mismas exigencias = menos energía disponible. Ese desequilibrio impacta directamente en el deseo.
El informe también pone el foco en la pareja. El rol masculino puede potenciar o bloquear la sexualidad.
El deseo crece cuando hay:
- empatía
- comunicación
- reparto de tareas
- comprensión de los cambios
Y se bloquea cuando hay:
- exigencia automática
- falta de acompañamiento
- desigualdad en lo cotidiano
La conclusión es clara: el deseo necesita contexto, no solo química.
Menopausia: cambio de escenario, no final
La menopausia no es un cierre, sino una transición. Un momento donde el deseo deja de estar ligado solo a lo biológico y pasa a depender también de lo emocional, vincular y subjetivo.

Muchas mujeres, incluso, encuentran nuevas formas de disfrute y reconexión con el placer. Otro dato fuerte del estudio: hay un vacío enorme en medios y sistemas de salud sobre sexualidad femenina adulta.
La falta de información no solo desorienta: también refuerza tabúes. En definitiva, no se trata de un cuerpo que se apaga, sino de una vida que exige demasiado.
Podés ver el informe completo acá:

