Patricia Da Dalt y Lucrecia Jancsa: “Nada reemplaza la experiencia de un concierto en vivo”
 

Trío Luminar: "Nada reemplaza el concierto en vivo, la experiencia es irrepetible"

Trío Luminar: "Nada reemplaza el concierto en vivo, la experiencia es irrepetible"
Patricia Da Dalt y Lucrecia Jancsa reconstruyen la historia del Trío Luminar y hablan de sus vocaciones tempranas, la disciplina, la maternidad y una vida dedicada a la música.
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Patricia Da Dalt y Lucrecia Jancsa comenzaron a estudiar música cuando todavía eran niñas. La flauta y el arpa se convirtieron primero en una forma de jugar, después en una disciplina exigente y, finalmente, en el centro de sus vidas profesionales.

Durante más de dos décadas compartieron escenarios, grabaciones, viajes y estrenos como integrantes del Trío Luminar. En ese recorrido también construyeron sus familias y aprendieron a hacer convivir la maternidad con una profesión que requiere práctica constante, preparación mental y una entrega absoluta cada vez que salen a escena.

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Lucrecia Jancsa

Aunque el Trío Luminar se completa con la viola de Kristine Bara, quien no pudo estar presente durante la producción, Patricia y Lucrecia también tienen una extensa historia como dúo. Tocaron como solistas junto a distintas orquestas, ofrecieron recitales, estrenaron obras de compositores argentinos y participaron de festivales dentro y fuera del país.

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Patricia Da Dalt

En conversación con Para Ti, las dos músicas reconstruyeron el origen del grupo, recordaron los años en los que estudiar un instrumento suponía llevar “una doble vida” y hablaron de todo lo que sucede antes de salir a escena: las horas de práctica, la preparación mental y el desafío de sostener una vocación sin dejar de construir una vida personal.

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Patricia y Lucrecia forman junto a Kristine Bara el Trío Luminar

Cómo nació el Trío Luminar y por qué cambió su formación

Antes de crear el Trío Luminar, Patricia y Lucrecia integraron Los Solistas de Música Contemporánea, un grupo fundado por el compositor Claudio Alzuyet que tenía su sede en el Colegio Pestalozzi. Allí compartían escenario con la violista Marcela Magín y otros músicos.

La interpretación de la Sonata para flauta, viola y arpa de Claude Debussy, considerada la obra fundacional de esta formación instrumental, fue el punto de partida.

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Patricia Da Dalt y Lucrecia Jancsa, dos de las integrantes del Trío Luminar, durante la producción exclusiva para Para Ti.

“Creo que Claudio nos pidió hacer la sonata de Debussy. La tocamos y dijimos: ‘¿Por qué no seguimos?’. Así surgió el Trío Luminar”, recuerda Lucrecia.

En ese momento no existía en la Argentina otra agrupación estable con esa combinación de instrumentos. El proyecto creció rápidamente: comenzaron a recibir invitaciones, compositores argentinos les dedicaron obras y grabaron su primer disco, que incluyó la pieza de Debussy, creaciones nacionales y un trío del compositor japonés Tōru Takemitsu.

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La flautista Patricia Da Dalt y la arpista Lucrecia Jancsa comparten una historia artística construida a lo largo de más de dos décadas.

“Las tres teníamos la misma energía: queríamos tocar, grabar y salir de gira. Había muchos ciclos de conciertos, nos invitaban y también presentábamos nuestras propias propuestas. Tuvimos muchísimo trabajo en esa época”, cuenta la arpista.

Marcela Magín fue integrante fundadora y permaneció en el grupo durante más de veinte años. Después de la pandemia se retiró de la actividad profesional y su lugar fue ocupado por Kristine Bara, solista de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

“Con Marcela hicimos un recorrido fantástico y cosas maravillosas. Desde hace dos años estamos con Kristine, con nuevos proyectos y distintos repertorios”, explica Patricia.

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El Trío Luminar está integrado por Patricia Da Dalt en flauta, Lucrecia Jancsa en arpa y Kristine Bara en viola.

Dos instrumentos y una historia compartida

—Además del trabajo con el trío, ustedes tienen una extensa trayectoria como dúo. ¿Cómo fue ese recorrido?

Patricia: Empezamos incluso antes que el Trío Luminar. Actuábamos como solistas con orquestas en distintos lugares, como el Teatro Colón, el Teatro Avenida y el Festival Llao Llao. Después también hicimos muchos recitales, viajes y festivales como dúo.

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Patricia y Lucrecia comenzaron a tocar juntas antes de la creación formal del trío, tanto como solistas con orquestas como en formato de dúo.

Lucrecia: Dimos muchos conciertos de música contemporánea y estrenamos obras de compositores argentinos junto con otros colegas. El año pasado estuvimos en el festival Harp in Rio, en Río de Janeiro y San Pablo. Fue una experiencia hermosa porque participó gente de todo el mundo y nosotras fuimos invitadas a presentar distintos programas.

Patricia: También nos encontramos con colegas que nos invitaron a dar una masterclass en la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro. Tenemos esas dos posibilidades: tocar como trío y también como dúo de flauta y arpa.

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El Trío Luminar nació después de que sus fundadoras interpretaran la Sonata para flauta, viola y arpa de Claude Debussy.

—¿El vínculo con el público cambia según la ciudad o el país?

Patricia: La conexión con el público es algo que se da o no se da. Hemos tenido experiencias divinas. Hace años tocamos en la iglesia St Martin-in-the-Fields, en Londres, y el público terminó aplaudiéndonos de pie. Fue muy cálido en su recepción. El público argentino es especialmente querido por los músicos y los artistas performáticos porque es muy expresivo, pero tuvimos experiencias maravillosas en muchos lugares.

Una vocación que comenzó en la infancia

—¿Imaginaban que de adultas se convertirían en artistas y vivirían de la música?

Lucrecia: Absolutamente. No puedo decir que sea exactamente la vida que imaginé, pero sí es la vida que soñé. Desde muy chica quería tocar el arpa y, por suerte, mis padres pudieron acompañarme en ese deseo.

Yo soy cordobesa y me llevaron a estudiar al conservatorio. Después hicieron el esfuerzo de comprarme instrumentos, algo muy difícil y costoso. No vengo de una familia de músicos ni de una familia privilegiada económicamente. Tengo tres hermanas y mis padres hicieron una apuesta por el deseo de una hija. Fui muy privilegiada porque me escucharon.

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“Tocamos la sonata y dijimos: ‘¿Por qué no seguimos?’”, recordó Lucrecia Jancsa sobre el origen de la formación.

—¿De dónde surgió tu interés por el arpa?

Lucrecia: Nunca lo supe y tampoco quise investigarlo demasiado. Mi padre y mis abuelos paternos nos llevaban a conciertos en Córdoba y, si no había un arpa en el escenario, el concierto no me interesaba tanto.

Primero estudié guitarra y enseguida me llevaron con una alumna avanzada del conservatorio. Empecé con el arpa cuando tenía siete u ocho años y creo que mi primera presentación en público fue a los nueve.

Después estudié composición en la universidad porque en ese momento no existía la carrera de arpa. Cuando entré a la Orquesta Juvenil de Córdoba, a los 18 años, encontré por primera vez un grupo de personas que hacía lo mismo que yo. Ya no era algo raro querer dedicarme a la música: estábamos todos en la misma. Eso fue muy fuerte y convincente.

—Patricia, ¿cómo fue tu primer encuentro con la flauta?

Patricia: También crecí en una familia de gente muy trabajadora, sin privilegios, pero muy atenta a la vocación de sus hijas. En casa jugábamos haciendo música: había un piano, una guitarra y yo empecé con la flauta dulce. Después pasé a la flauta traversa.

En la escuela primaria teníamos una orquesta infantil y más tarde me anotaron en la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Cuyo. Tuve la suerte de comenzar con Lars Nilsson, un profesor que había estudiado en Alemania y que me dio una base muy buena desde el principio.

Durante la primaria era muy divertido porque en la orquesta participaban mis primas, mis hermanas y mis vecinas. En el secundario se volvió un poco más extraño.

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Disciplina, sensibilidad y una profunda conexión con sus instrumentos atraviesan la historia de Patricia Da Dalt y Lucrecia Jancsa.

La “doble vida” de estudiar música durante la adolescencia

—¿Por qué esa etapa se volvía diferente?

Patricia: El adolescente que estudia música como lo hacíamos nosotras lleva una especie de doble vida. Tenés tu mundo en la escuela, pero también otro grupo de amigos, una disciplina muy estricta y fines de semana diferentes. Tenés que levantarte temprano y estudiar. Se parece un poco a la vida de quien se prepara para ser un deportista de élite.

Para dedicarte a esto tiene que gustarte mucho estar con el instrumento. No alcanza con disfrutar de tocar diez minutos. Cuando un chico se encierra durante dos horas para estudiar y cada vez está más feliz porque algo le sale mejor, ahí se encendió algo. Hay que prestar atención a eso porque es lo que después necesitamos hacer durante toda la vida.

Lucrecia: Pasan diez, veinte o treinta años y volvés a lo mismo: levantarte por la mañana, hacer tus escalas, trabajar el sonido y empezar a tocar. Elegís eso.

Recuerdo haberme ido de reuniones familiares en las que estábamos todos juntos porque al día siguiente tenía clase de arpa y necesitaba volver a estudiar. Esa soledad, esa comunión con el instrumento, es algo que necesitás. Y es también lo que te sostiene cuando llega el momento del concierto.

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Lucrecia Jancsa comenzó a estudiar arpa cuando tenía apenas siete u ocho años y nunca dejó de elegir ese instrumento.

Todo lo que sucede antes de salir al escenario

—¿El momento más especial llega cuando finalmente están sobre el escenario?

Patricia: Sí, pero detrás de ese momento hay muchísimo trabajo, no solamente técnico y musical. También existe una preparación interior y mental porque es un instante que no se repite. Son minutos que no vuelven.

No siempre estás igual ni te sentís de la mejor manera. A veces las condiciones no son buenas, hace frío o te sentís mal. Sin embargo, trabajamos mucho para rendir al máximo en ese momento.

Décadas atrás, la enseñanza podía ser un poco represiva. Lo estricto de la disciplina terminaba volviéndose incompatible con ser una persona y tener una vida más normal. Nosotras trabajamos mucho para construir nuestras vidas, formar parejas, atravesar la maternidad y hacer que todo eso pudiera convivir con la profesión.

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Además de su trabajo con el trío, Patricia y Lucrecia ofrecen conciertos en formato de dúo de flauta y arpa.

Maternidad, carrera y una vida construida alrededor de la música

—¿Cómo lograron compatibilizar la maternidad con una profesión tan exigente?

Patricia: Tengo una hija y esperé un poco para ser mamá. Quise estar más desarrollada profesionalmente, algo que en ese momento no era tan habitual como ahora.

Había visto a amigas y hermanas lidiar con la maternidad y la profesión, y traté de aprender de esas experiencias. Fue algo muy esperado, un poco postergado, pero profundamente deseado. Fue de lo mejor que me pasó en la vida.

Trabajé un poco menos y adapté mis tiempos de estudio. También tuve ayuda familiar y doméstica. Para mí, sin ayuda es muy difícil. Son dos cosas que pueden tironear, pero yo me había prometido que ese tironeo sería tranquilo y así fue.

Lucrecia: Tengo dos hijos, Gaspar, de 23 años, y Lucas, de 19. Vivo con ellos y con mi marido, que es el papá de los chicos. Siempre quise formar una familia y también me tomé mi tiempo porque quería desarrollar la carrera.

Gaspar nació un año después de que comenzáramos con el Trío Luminar. Viajó con nosotros durante las primeras giras por Europa. Mi marido venía y se ocupaba del bebé. En ese sentido siempre tuvimos un vínculo muy parejo.

No dejé de trabajar. Fue una época de grabar discos, hacer giras internacionales y tocar en lugares increíbles. Claro que era difícil: a veces llegaba a la orquesta después de haber dormido tres horas. El arpa tiene muchos compases de espera y, en algún momento, me quedaba dormida. Pero estaba feliz con mi familia y con la profesión. Era un esfuerzo, como lo es para todas las madres, pero estaba contenta.

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Patricia Da Dalt descubrió la música durante su infancia, cuando pasó de la flauta dulce a la flauta traversa.

Los hijos que crecieron viendo a sus madres sobre el escenario

—¿Cómo vivían sus hijos las giras y las ausencias?

Lucrecia: Cuando eran chicos y me iba de gira, les explicaba: “A mamá le gusta mucho lo que hace y está contenta por hacerlo”. En esa época mandábamos dibujos por fax, con un avioncito. Para ellos era difícil porque tenían cuatro, cinco o seis años y yo me iba algunas semanas.

Ahora están contentos cuando les cuento que voy a tocar como solista. Vienen a verme y los noto orgullosos de tener una mamá que continúa activa profesionalmente después de tantos años.

Además, les gusta la música. A veces vamos los cuatro al Teatro Colón a ver una ópera o un concierto. Es lindo compartirlo desde el otro lado del escenario.

Patricia: Mi hija es mi fan número uno. Tratamos de que la crianza y las exigencias de la profesión convivieran de la manera más armónica posible. Ella tiene mucho amor por lo que hago, me alienta y siempre tiene ideas.

Estudió diseño de sonido para cine, así que no está tan lejos de mi mundo. También es poeta y ya publicó su segundo poemario. Hace ambas cosas con muchísima pasión.

—¿También reconocen esa pasión en sus hijos?

Lucrecia: Sí. Gaspar es psicólogo y le gusta mucho leer y aprender. Cuando entra en el mundo de la psicología se involucra por completo. Además, es baterista y tiene una banda. Lucas estudia ingeniería y puede quedarse estudiando hasta cualquier hora.

Patricia: Mi hija hace todo con mucha pasión y dedicación. Mis padres eran iguales. En mi casa cada uno tenía una vocación que, con suerte, después se convirtió en trabajo, pero siempre fue un espacio muy personal. Mis hermanas también eligieron qué estudiar y qué hacer con mucha libertad.

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“Esa soledad y esa comunión con el instrumento son algo que una necesita”, aseguró Lucrecia sobre su vínculo con el arpa.

La música clásica, las plataformas y el valor de la experiencia en vivo

—¿Qué público se acerca hoy a la música clásica?

Patricia: Veo personas de todas las edades. Si vas a una función de abono de ópera, probablemente encuentres un público mayor porque es el que puede pagar la entrada. Pero en un ensayo general o una función extraordinaria, con precios más accesibles, está lleno de jóvenes.

En la música experimental, el público es prácticamente joven. Cuando la entrada es gratuita, como sucede en el Palacio Libertad, suele agotarse. En el Teatro Colón, aunque sea paga, también se llena. Hay público para la música clásica, académica, contemporánea y experimental.

—¿Las plataformas ayudaron a acercar esa música a más personas?

Lucrecia: Yo consumo mucho Spotify y YouTube. También las usamos cuando preparamos un programa u obras nuevas porque podemos buscar versiones históricas o interpretaciones recientes. Son herramientas muy buenas.

Patricia: Las plataformas sirven para la difusión, el trabajo y el placer, pero nada reemplaza el concierto en vivo. Es como cuando se decía que el libro iba a desaparecer. No sucedió.

La vibración y la experiencia de estar ahí son irrepetibles. Las plataformas están buenísimas, pero no hay nada como un concierto en vivo.

El recuerdo de una noche inolvidable

—¿Hay algún momento sobre el escenario que recuerden como especialmente emocionante?

Patricia: Recuerdo el concierto en St Martin-in-the-Fields. Éramos un trío de un país lejano frente a un público completamente desconocido. La calidez y el fervor con los que terminó aquel concierto son algo que recuerdo con mucha felicidad. Creo que también fue porque tocamos muy bien.

Lucrecia: Coincido. Fue un momento muy especial.

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Para Patricia, la vocación se revela cuando un chico elige encerrarse durante horas para descubrir los secretos de su instrumento.

El presente del Trío Luminar y los desafíos de la cultura

—¿Qué proyectos tienen por delante?

Patricia: Nuestra próxima fecha es con el trío en el Salón Dorado del Teatro Colón.

Lucrecia: Vamos a tocar el 9 de diciembre. Durante todos estos años construimos un repertorio muy amplio. Muchos compositores argentinos nos dedicaron obras y tenemos cuatro discos grabados.

Podemos elegir entre muchísimas piezas y volver a ellas según cada programa. Generalmente incluimos la Sonata para flauta, viola y arpa de Debussy, porque es la obra fundacional del trío. También interpretamos otros repertorios y en algunas oportunidades tocamos obras de Piazzolla.

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El Teatro Colón, el Teatro Avenida y el Festival Llao Llao son algunos de los escenarios que formaron parte de su recorrido artístico.

—¿Cómo viven esta nueva etapa del grupo?

Patricia: Con Kristine hicimos viajes y participamos de festivales, pero existe un problema relacionado con la inversión en cultura, tanto en el país como en el mundo. Hay menos ciclos y muchos festivales se organizan a pulmón.

Nos encantaría que nuestra actividad tuviera el mismo movimiento de otros años, pero hoy es menor por lo que sucede con la cultura a nivel nacional, regional y mundial. No somos una excepción. Luchamos contra eso y hacemos todo lo que podemos.

Lucrecia: Kristine Bara es solista de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Con ella continuamos esta nueva etapa del Trío Luminar.

Fotos: Rocío Bustos

Producción y estilismo: Gimena Padial @gimmebright
Pelo y make up: Carol Peiretti y Valen Chapochnikoff para @conicuneomkp

Looks:
Vestidos: Vevu Suami @vevuoficial
Calzados: @pietrasoficial
Accesorios: @divinosabalorios

 
   

Vínculo copiado al portapapeles.

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