Claudia Arce nació en Rosario, pasó su infancia en Berisso y estudió en La Plata. Con 40 años en la industria se considera una servidora de la moda porque le encanta que alguien venga a buscar un vestido tan especial para una situación especial. “Me parece valioso que alguien me elija para algo especial y ese es el servicio que yo brindo desde siempre”.
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Claudia Arce celebró 40 años en la moda con un desfile impactante frente al Teatro Colón

- ¿Es verdad que querías ser astronauta?
- Sí, cuando era chica mi gran devoción era seguir astronomía. Me fascinaba y soñaba con los planetas, el universo y poder viajar a la luna. Pero bueno, me desvié un montón (risas).
- ¿Y cómo empezaste en la moda?
- En el seno familiar, mi mamá es modista de toda la vida, era la modista del barrio en ese momento. Ya de chiquita, a los 8, mi mamá me enseñó a coser y cuando ella cortaba y cosía yo aprovechaba los retazos para hacerle ropa a las muñecas.
- ¿Es una herencia familiar?
- Totalmente.

- ¿Sentís que fue un mandato?
- Para nada. Si bien mamá me enseñó a coser la moda siempre me gustó. Soy virginiana, ya de chiquita siempre fui muy prolija, me acuerdo que iba al colegio y recortaba todas las figuritas al borde, no me quería pasar nada, las maestras se asombraban. Además mamá nos cosía todos los fines de semana, siempre estrenábamos algo, de alguna manera influyó.
- Estás celebrando 40 años con la moda.
- Si, tengo 62 años y 40 en la moda, ¡es increíble!
- Recorriste un largo camino
- A los 18 ya estaba fabricando ropa y a los 20 presenté mi primera colección. A los 25 tuve tres negocios mayoristas, comencé con una línea casual. Entonces en una de nuestras tantas crisis quebré y al año me levanté. Me había quedado un local en una galería en Belgrano que se llamaba La Nuit. y empecé a hacer ropa de noche, comencé con vestidos de fiesta. Recuerdo que empezaron a venir muchas hijas de embajadores. Luego abrí un local en Recoleta, era un local chiquito pero muy coqueto con vidrieras preciosas.

- ¿Cuándo empezaste a vestir a famosas?
- Enseguida abrí un nuevo local en Alvear y recuerdo que pasó Mirtha Legrand con (Héctor) Vidal Rivas y me pidieron que la empiece a vestir. Despues vinieron Susana (Gimenez), Moria (Casán), Graciela (Alfano)… ¡todas!
- ¿Cómo era hacer moda en ese momento?
- Creo que todo fue un aprendizaje más. Me gusta decir que uno siempre va aprendiendo, se va cultivando en todo, vas mejorando las costuras, la calidad, todo. En este país siempre tuvimos pocos recursos en cuanto a los materiales, entonces siempre nos arreglamos con lo que había en ese momento. Después uno va creciendo y viajando. Siempre viajo dos veces al año y compro mis materiales afuera y eso cambió muchísimo.

- ¿Y cómo es hacer moda hoy?
- En la alta costura hoy está complicado tener mano de obra calificada porque se nos fueron ya las grandes modistas con sus manos, con sus valores, eso se perdió un poco. Hoy entre los diseñadores conocidos nos dividimos a estas grandes mujeres.
- En eso de compartirse a estas mujeres, ¿hay camaradería entre ustedes?
- Cada uno arma su propio equipo. Yo tengo gente que trabaja conmigo hace muchos años.

- ¿También vas preparando gente dentro de la empresa?
- Sí, la voy formando porque falta bastante mano de obra calificada para la alta costura. Entonces, en un momento terminas siendo profesora de la gente que contratas.

- Aprendiste el oficio con tu mamá. ¿Te parece que es fundamental la formación académica?
- Qué buena pregunta. Cuando comencé acá no existía la carrera de diseño. Antes aprendías corte y confección, te enseñaban lo básico, además, había muchas madres costureras. Sí existían cursos como Donato Delego y Lagarrigue. Antes se aprendía de esa manera. Yo no hice ninguna carrera, lo aprendí de mi madre, de curiosa que soy, viajando mucho y de rodearme de buenas modistas para el taller. Contrataba gente mayor, con experiencia en costura.
- Entiendo que es un tema académico. ¿Qué consideras que falta que enseñen en las facultades de diseño?
- Que les enseñen a coser. Me parece una pérdida de tiempo que en la facultad les pidan hacer vestidos con tapitas de gaseosa. Quien quiere ser diseñador y le interesa la moda ya tiene una suerte de esencia creativa, entonces creo que en la facultad deberían dedicarle más tiempo a enseñarles a coser, a trabajar las telas, a mostrarle materiales para que salgan con una capacidad.

- ¿Sentís que es una formación incompleta?
- Sí, falta conocimiento y falta práctica. Los chicos salen con muy buenas notas pero en lo que refiere a confección, costura, aplicaciones de cierres, terminaciones a mano, en saber de materiales con los cuales trabajar no saben nada. Esos conocimientos son fundamentales porque el día que pongan su atelier van a tener que resolver un montón de situaciones y sin esos conocimientos no van a poder dirigirlo. Aunque no lo creas hay muchos diseñadores que no saben coser.
- Desde la idea en la cabeza hasta la prenda colgada en el perchero, ¿sabes hacer todos los pasos?
- Todos. En estos 40 años fui creciendo y perfeccionando mi trabajo, siempre busqué el perfeccionamiento.

La exposición: un nuevo desafío
Claudia Arce es una diseñadora que creció detrás de su nombre, a la sombra de sus diseños y eso la lleva a ser bastante critica con la manera de ser de algunos colegas nuevos. Prefiere que sus colecciones hablen por ella y las clientas puedan disfrutar de un vestido donde su nombre está cosido en una etiqueta. Para ella el Norte son siempre sus clientas.

- ¿Por qué le pusiste tu nombre a tu marca?
- En mis comienzos tuve otros nombres y una vez alguien me sugirió que usara mi nombre. “Empezá con tu nombre porque las grandes firmas, la mayoría de los diseñadores usan su nombre”. De eso hace alrededor de 25 años.

- Cuando comenzaste a usar tu nombre propio, ¿encontraste que había ego o vanidad ahí?
- Para nada. Siempre me caractericé por ser bajo perfil. Por mucho tiempo fue así. Después cuando ya me instalé en Capital vi que era muy competitivo entrar al mundo de la moda y que los diseñadores que estaban aparecían en las fotos. Yo siempre fui tímida, siempre me costó exponerme. Yo creo que la estrella de la colección son mis diseños, no soy yo.

- ¿Cómo te llevas hoy con la exposición? ¿Te cuesta mostrarte, salir al final de un desfile? ¿Sentís que hoy es parte del trabajo de un diseñador?
- Me cuesta pero hoy lo hago. Entiendo que con las redes sociales es importante mostrarse y es algo que hago porque mi equipo de trabajo me lo pide. Acá tenemos un problema muy grande con eso. Surgen diseñadores que son personajes, primero surge el personaje y no importa la colección. Siento que hoy hay mucho público al que le gusta lo popular, le gusta más el personaje que prestarle atención a la colección, es más importante la foto del diseñador que la ropa. Hay que aggiornarse a la actualidad, son las reglas del juego de hoy aunque lo importante es no perder la esencia. Hoy lo que más me interesan son mis clientas.
- ¿Qué te da más prestigio: una clienta feliz o una famosa/ influencer vestida por vos?
- Una clienta feliz, ¡ni lo dudo! También estoy muy agradecida que vengan influencers y famosas porque ayudan a que mis diseños sean más conocidos. La exposición a través de famosas es un 50% y el resto es una inversión que una hace con el trabajo. La clienta feliz me llena el corazón.

Se cayó y se levantó varias veces. En una de esas caídas pudo mostrar sus diseños en Europa y tuvo la oportunidad de trabajar en los ateliers de Valentino y Cavalli al lado de los grandes diseñadores. Su familia pesó más y la oportunidad se convirtió en una anécdota “No me arrepiento, soy muy familiera”. No obstante fijó su meta en Estados Unidos y en plena crisis del 2001 viajó a Miami. “Yo voy a vender mi colección en Estados Unidos” se dijo a sí misma. Y lo logró: una tienda importante de Bal Harbour le compró todo el muestrario y luego desde Argentina, proveía sus diseños. Hacía las colecciones en Argentina, las llevaba y las vendía allá.

“Mis diseños llegaron a venderse en cinco negocios multimarcas muy importantes. Salma Hayek y Paris Hilton compraron trajes míos y Anna Kounikova salió en la revista Hola vestida por mí. Llegué hasta Las Vegas donde la cantante Rosario también compró ropa mía para los Latin Grammy Awards. Esa fue mi consagración, sentí que había llegado”.

Se identifica con la alta costura aunque también diseña prêt-à-porter y prêt-à-couture. Además es una enamorada de las telas, el origen de cada vestido y de sus colecciones nace de ellas. Confiesa que tiene muchas telas que son el puntapié inicial y muchas viajan con ella desde diferentes lugares del mundo como Italia, España, Turquía, Nueva York. “Tengo muchísimas telas. Veo la tela y ya la empiezo a transformar. Un diseño nace con la tela puesta en el maniquí y es un hilo conductor para otras. Así voy armando las colecciones. No me inspiro en los colores, sí en los materiales”.
- Con 40 años de trayectoria, ¿considerás que el concepto de la elegancia es el mismo hoy que de hace 20 o 30 años atrás?
- No.

- ¿Qué es hoy ser elegante?
- Hoy no solamente tiene que ver con lo que llevás puesto, pasa por la esencia de la persona, su educación, sus formas, su postura, su manera de hablar, de expresarse. Y tampoco tiene que ver con los cuerpos, creo que tiene que ver con la personalidad. No se trata de las prendas, sí de la personalidad.

- ¿Para quiénes se visten las mujeres?
- A mí me encantaría decir que para sí mismas, eso sería muy bueno, pero creo que la mujer tiene la exigencia constante de agradar, que el otro la vea bien. Y sobre todo cuando hay exposición. Eso generó más esta necesidad de agradar.
- ¿Eso puede revertirse?
- Comienza cuando te gustas vos. Ese es el punto de partida.

- ¿Disfrutas mucho tu trabajo?
- Amo mi trabajo.
- ¿Qué te cansa?
- El trabajo en sí no me cansa porque me alimenta ver una buena tela, el armado sobre el maniquí. Me cansa renegar con la gente, me cansa la falta de compromiso con el trabajo, me cansa la poca cultura del trabajo que tenemos en ese país. Eso además me duele.

MODELO @ana.gallianoo @clever_management
FOTOS @crisbeliera
VÍDEO @cande.casares
ESTILISMO @alegarcia360
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