Hay dolores que no encuentran palabras posibles. Hay pérdidas que rompen la vida en dos: un antes y un después. Para Melisa Heredia, la mamá de Agostina Vega, ese después empezó el día en que le dijeron que su hija ya no iba a volver.
Después de haber sido aceptada como querellante en la investigación por el femicidio de Agostina, Melisa habló con Telenoche, y puso en palabras una angustia que atraviesa todo su cuerpo: la de una madre que no puede dormir, que no puede dejar de imaginar los últimos momentos de su hija y que intenta mantenerse de pie porque todavía tiene otro hijo que criar.
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“Se me cruza mi hija pidiéndome ayuda, pensando que mi hija pidió ayuda y nadie la escuchó y nadie quiso ayudarla”, expresó Melisa, quebrada por una imagen que la persigue cada noche.
Su testimonio no fue el de una mujer que busca exposición. Fue el de una madre devastada, que hasta ahora no había podido hablar porque no estaba en condiciones de hacerlo. Una madre que intenta sobrevivir a lo imposible: seguir viviendo en una casa donde falta una hija.
“Me duele muchísimo el daño que me han hecho, yo no puedo dormir”, dijo. Y enseguida explicó que su vida ya no podrá volver a ser la misma: “Yo no voy a volver a tener mi vida de antes sin mi hija. Me han hecho mucho daño”.
“No quiero saber porque me voy a volver loca”
En medio de la entrevista, Melisa también contó que no quiere conocer detalles de lo que pasó. No porque no quiera justicia, sino porque siente que no podría soportarlo. Ya sabe lo más doloroso: que Agostina no está, que no la va a ver crecer, que no va a volver a escucharla decirle “mami”.
“No quiero saber porque me voy a volver loca, ya del solo saber que a mi hija no la voy a ver más, no la voy a tener, que no voy a escuchar más su ‘mami’”, lamentó.
La frase resume una ausencia imposible de dimensionar. Porque para una madre, una hija no es solo una persona: es una voz en la casa, una rutina compartida, una cama que queda vacía, una ropa que todavía guarda presencia, un cumpleaños pendiente, una vida entera que quedó suspendida.
Melisa recordó que Agostina vivía con ella desde los 4 años y que la tenía “24/7”. La criaba, la acompañaba, la cuidaba. Y ahora, en medio de la causa judicial, debe enfrentar no solo el dolor por su muerte, sino también la violencia de imaginar lo que pudo haber vivido.
Los 15 años que Agostina no pudo celebrar
Este mes iba a ser especial para la familia. Agostina iba a cumplir 15 años. Su fiesta ya estaba en marcha. Ya había ilusión, preparativos y un vestido elegido.
“Este mes va a ser el más difícil para mí porque mi hija cumplía sus 15 años, ya le estábamos organizando su fiesta de 15, mi hija ya había elegido vestido”, contó Melisa.
Esa imagen golpea con fuerza: una adolescente que soñaba con su fiesta, una mamá que acompañaba ese sueño y una celebración que quedó convertida en una herida abierta. Lo que debía ser música, vestido, emoción y fotos familiares, hoy es duelo.
En cada palabra, Melisa volvió a poner a Agostina en el centro. No como un expediente. No como un caso. No como una noticia policial. Como su hija. Como una nena de 14 años que tenía deseos, planes, cumpleaños por delante y una vida que le fue arrebatada.
Una madre que pide justicia y trata de seguir de pie
Por el femicidio de Agostina Vega está detenido Claudio Barrelier como principal acusado. La causa también investiga a otras personas señaladas por presunto encubrimiento. En los últimos días, la Justicia dictó prisión preventiva para Barrelier, Osvaldo Fassetta y Soledad Andreani, mientras la investigación continúa.
Pero más allá del avance judicial, Melisa atraviesa una condena íntima: la de despertarse cada día sin su hija. “No es fácil perder a un hijo, no se lo deseo a nadie que viva lo que yo viví”, dijo.
Su voz, atravesada por el dolor, dejó una escena difícil de olvidar: la de una madre que no quiere saber más detalles porque ya sabe demasiado. Que intenta respirar aunque le falte una parte de su vida. Que se aferra a su otro hijo para seguir. Y que, entre la bronca, la angustia y el amor, pide justicia por Agostina.
Porque detrás de cada femicidio hay una vida arrancada. Y también hay una madre, una familia, una casa y un futuro que se rompen para siempre.

