Julián Weich volvió a mostrar su costado más cercano y familiar con un divertido momento junto a su hijo Jerónimo, a quien acompañó a la peluquería y con quien protagonizó una secuencia cargada de humor y complicidad. Cabe destacar que el joven, a quien apodan Momo, vive en Córdoba con su pareja en la casa que él mismo construyó con materiales sustentables y barro.
A través de sus historias de Instagram, el conductor compartió el “antes y después” del cambio de look de su hijo, que llegó con el pelo largo y se animó a un corte más prolijo y moderno. Fiel a su estilo, Julián no dejó pasar la oportunidad de bromear: “El hippie se va a cortar el pelo. Yo también”, dijo entre risas mientras lo filmaba frente al espejo.
En otro momento, alentó al peluquero con ironía: “Edu, suerte. Mirá lo que es eso. ¡Un brócoli!”, lanzó, generando un clima distendido que reflejó la confianza entre ambos. Minutos después, llegó el resultado final: con el pelo más corto y los laterales rapados, Jerónimo recibió otro comentario cómplice de su papá: “No sé si te cortaron el pelo o te esquilaron”.
Un vínculo que va mucho más allá
Más allá de este momento cotidiano, el vínculo entre Julián y Jerónimo se construye desde un lugar poco convencional. El joven eligió un camino alejado de los medios y vive en Córdoba, donde se dedica a la bioconstrucción -contruyó su propia casa con materiales sustentables- y a un estilo de vida más simple y conectado con la naturaleza.
El propio Julián ha contado en distintas entrevistas cuánto admira esa elección. Incluso, compartieron experiencias tan intensas como un viaje juntos a Panamá, donde pasaron varios días viviendo en la calle.

“Fueron diez días viviendo así, él haciendo malabares y yo pasando la gorra”, recordó el conductor en su paso por La Noche Perfecta, conducido por Sebastián Wainraich. Aunque lo relata con humor, también dejó en claro el aprendizaje que le dejó esa experiencia.
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Quién es Jerónimo Weich, el hijo de Julián Weich que eligió vivir en Córdoba y construir su casa de barro
Aprendizajes y miradas distintas
Durante ese viaje, Julián pudo ver de cerca el esfuerzo de su hijo para sostener ese estilo de vida. Desde aprender malabares hasta adaptarse a dormir en condiciones precarias, cada situación fue una oportunidad de aprendizaje.

“Te das cuenta que podés ser feliz con mucho menos”, reflexionó el conductor, marcando una diferencia clave: esa vida es distinta cuando se elige.

Hoy, entre cortes de pelo, chistes y recuerdos compartidos, Julián Weich deja ver que su mayor orgullo no pasa por la exposición mediática, sino por el vínculo genuino que construyó con su hijo. Una relación basada en el respeto, la libertad y la complicidad, que se refleja tanto en una simple visita a la peluquería como en las experiencias más intensas que compartieron juntos.



