La tragedia ocurrida en el glaciar Vinciguerra, en Ushuaia, dejó dos víctimas y una conmoción que atravesó fronteras. Emiliano Feidas, guía de montaña, músico y referente del montañismo fueguino, y Abril Melina Marino Pereira, una joven uruguaya de 25 años que estaba de vacaciones en Argentina, murieron mientras realizaban una travesía en una de las zonas más imponentes y exigentes del sur argentino.
Abril: la joven que volvió para cumplir un sueño
Abril tenía 25 años y era de Maldonado, Uruguay. Trabajaba en Punta del Este, tenía proyectos propios, una vida construida con esfuerzo y una personalidad que, según quienes la conocieron, iluminaba cualquier lugar al que llegaba.
Había viajado a Argentina para disfrutar de unas vacaciones. Primero pasó por Buenos Aires y luego siguió rumbo a Ushuaia, fascinada por los paisajes del sur. Allí descubrió una ciudad que la enamoró profundamente.

Tanto que decidió cambiar sus planes. Una excursión que soñaba realizar había sido suspendida por las condiciones climáticas. Cualquier otra persona quizás habría regresado a casa. Pero Abril eligió quedarse. Eligió volver a intentarlo.
"Se había enamorado de Ushuaia", contó una de sus amigas. Quería hacer esa subida. Quería cumplir ese objetivo que se había propuesto. No sabía que ese sería su último viaje.
Sus amigas la recuerdan como una mujer soñadora, generosa y determinada. Una persona que siempre encontraba la forma de ayudar a otros y que tenía una energía difícil de olvidar. "Era una persona increíble. Siempre encontraba la forma de alegrarte", recordó una de ellas.
Emiliano Feidas: el hombre que convirtió la montaña en su forma de vida
Emiliano era mucho más que un guía. En Tierra del Fuego era conocido por su trabajo en la montaña, pero también por su amor por la música. Integraba una banda de rock como baterista y había construido una vida vinculada a la aventura, la naturaleza y el turismo.
Acá su último posteo antes de salir de excursión con Abril:
Durante años acompañó a cientos de personas a descubrir los paisajes fueguinos. Había desarrollado su propio proyecto de expediciones y compartía en redes sociales imágenes de glaciares, cumbres nevadas y senderos que para él eran mucho más que un destino turístico.
En una de sus reflexiones más recordadas escribió que la montaña enseñaba paciencia, voluntad, compañerismo y empatía. Que esas experiencias devolvían algo esencial: humanidad.
Hoy esas palabras adquieren una dimensión diferente.
El sueño que terminó en tragedia
La alarma se activó cuando ambos no regresaron en el horario previsto. Comenzó entonces un operativo de búsqueda complejo, condicionado por el clima y las características extremas del terreno.
Finalmente, los rescatistas encontraron los cuerpos en la zona alta del glaciar Vinciguerra. Las primeras hipótesis apuntan a una caída en un sector técnico del recorrido, aunque la investigación continúa para determinar exactamente qué ocurrió.
Cuando la noticia deja de ser una noticia
Hay tragedias que impactan por la magnitud. Y otras que conmueven por lo profundamente humanas.
La historia de Abril y Emiliano duele porque habla de sueños. De proyectos. De personas que estaban haciendo aquello que amaban.
Ella quería volver a contemplar una montaña que la había enamorado. Él dedicaba sus días a compartir la belleza de esos paisajes con quienes llegaban desde distintos rincones del mundo. Detrás del accidente hay dos vidas que quedaron suspendidas demasiado pronto.
Dos historias que comenzaron por separado y que el destino cruzó en uno de los paisajes más bellos del planeta.
Y porque a veces, incluso en los lugares más extraordinarios, la fragilidad de la vida nos recuerda cuánto vale cada instante.

