En un mundo que empuja a ir cada vez más rápido, hay una tendencia que propone exactamente lo contrario: frenar, mirar hacia atrás y entender de dónde venimos para poder elegir hacia dónde ir. La psicogenealogía —cada vez más presente en conversaciones, terapias y libros— invita a explorar la historia familiar como una clave para comprender patrones, emociones y decisiones que muchas veces no parecen propias.
En Tu voz que florece. Psicogenealogía y gestión emocional, Diana Paris y Ondi Paris, las autoras, proponen un viaje íntimo y transformador: rastrear esas “lealtades invisibles” que nos atan a nuestros ancestros y que, sin darnos cuenta, pueden condicionar nuestra vida actual. Desde mandatos heredados hasta silencios que pesan más que las palabras, la mirada transgeneracional abre preguntas incómodas pero necesarias: ¿cuánto de lo que hacés hoy es realmente tuyo?
Lejos de buscar culpables, la propuesta es otra: comprender, resignificar y elegir. Porque conocer tu historia no es quedarte en el pasado, sino darte la posibilidad de vivir con más conciencia, coherencia y libertad.

—La psicogenealogía está cada vez más presente. ¿Por qué creen que hoy resuena tanto?
- Qué bien observado, es verdad, hoy es una tendencia que ya lleva años y sigue vigente: la necesidad de rastrear en las historias ancestrales para ver qué hubo, qué se sufrió y qué no deberíamos repetir, a fin de permitir la evolución de un clan. Merece recordar que la psicogenealogía es una disciplina del psicoanálisis, enfocada en nuestros ancestros, y cuyo objetivo terapéutico es hacer consciente las lealtades invisibles que nos atan a nuestros mayores.
Esa puesta en conciencia permite evitar repeticiones, bloqueos y actualización de traumas en las nuevas generaciones. Creemos que el auge del transgeneracional viene a hacer un contrapeso en los tiempos actuales de tanta urgencia, fugacidad, superficialidad.
La disciplina invita a todo lo contrario: detenerse, observar los contextos, ver situaciones que se repiten, investigar, buscar información allí donde siempre intuimos que las puertas estaban cerradas…
Para un mundo tan acelerado, de “pronto-entrega” a domicilio, la psicogenealogía y las narraciones sanadoras (healing fiction) ofrecen otra alternativa: calmar la incertidumbre, activar la escucha amorosa, proporcionar un ambiente seguro, y re-aprender a gestionar las emociones: bajar el ritmo, conectar, respirar y recuperar la armonía.
—En el libro hablan de revisar el árbol familiar. ¿Qué significa realmente “entrar” en ese árbol?
-Como decíamos, sin colocarnos en jueces, pero asumiendo una actitud de investigador, casi detectivesca: ver los códigos secretos en ese tema espinoso que todos esquivan en la mesa familiar; aprender a preguntar eso que incomoda, pero grita en sueños; observar dolencias que se reiteran; hacer cuentas y detectar en el dibujo del árbol –lo llamamos genosociograma – nociones como “tiempo” (a cuántos meses de distancia está nuestra fecha de nacimiento de fechas importantes de nuestros padres, hermanos, tíos, abuelos, bisabuelos…)
En ese calendario inconsciente habitan claves de oro que constituyen el eje de los síndromes de aniversario. Y otras nociones como: “orden en la fratría” (no es lo mismo ser hijo único, primogénito o tercero); “nombres” que se repiten por varias generaciones; “eventos sospechosos” por no ofrecer toda la información (hijos extramatrimoniales, duelos por hijos muertos al nacer, abortos, adopciones, incluso incesto, locura, cárcel).
—Mencionan las “lagunas” familiares. ¿Qué pasa con lo que no se dice en una familia?
-Justamente, lo “sospechoso” por no dicho resuena con amplificador. Aparece como síntoma, enfermedad, vocación, hábitos que los demás no comprenden… Al estudiar desde la perspectiva transgeneracional, observamos a los ancestros dobles de quien en el presente sufre las consecuencias de un trauma sin elaborar dos, tres generaciones antes.
Lo que no se dice, salta de otra forma: si no es con palabras es con actitudes, “rarezas”, dolencias. En todos los casos es una presión inconsciente por sostener la fidelidad al origen o por intención de reparar. Cuando podemos hacer contacto con esos eventos del pasado, honrar es la premisa, agradecer a los ancestros y soltar los patrones que no nos pertenecen. Eso es sanar el árbol.

—Muchas personas pueden sentir miedo al mirar su historia. ¿Cómo se hace ese proceso sin dolor o culpa?
-El miedo que sentimos antes de iniciar cualquier tipo de proceso es natural. Es la respuesta de un mecanismo de defensa que prefiere no afrontar algo nuevo sobre lo cual hay incertidumbre y no hay garantías.
El cerebro dice "si así estamos bien, para qué hacer algo diferente". Dice esto porque su función es ahorrar energía y no exponernos a peligros innecesarios.
Pero... "así"... ¿realmente estamos bien?
Muchas veces no, y el temor a "terminar peor" nos deja en el mismo lugar, sin explorar la posibilidad de afrontar los cambios necesarios.
Entonces, yo cambiaría la pregunta...No se trata de saber cómo hacerlo sin dolor o sin culpa. Se trata de saber cómo se hace para afrontar el dolor y la culpa cuando aparezcan. Porque a lo largo de la vida estas emociones van a aparecer. No se pueden evitar, pero sí se pueden gestionar. Para que el miedo a sufrir no nos paralice, y en cambio, tengamos una valija de herramientas para habitar esas emociones incómodas cuando se despierten.
El libro ofrece una solución. A lo largo de la healing fiction se comparten recursos, propuestas, ejercicios y hasta audios guiados para integrar cada una de esas emociones dolorosas.
—¿Cómo reconocer si estamos viviendo desde un mandato familiar y no desde un deseo propio?
-La palabra que siempre responde a ese dilema es autoconocimiento. Quien se conoce a sí mismo lo identifica. Ya sea con claridad en su mente o como un susurro que sopla desde lo profundo. Pero la diferencia es total: vivir en automático o vivir en conciencia. Vivir desde el guion que otros escribieron para mí o ser en autenticidad y coherencia con lo que pienso, siento, hago.
Preguntas que pueden abrir paso a este autoconocimiento particular podrían ser: “¿Para qué o para quién hago esto?”, “¿Hacerlo me da placer, vitalidad y me hace sentir que estoy en plenitud?” “¿Hacerlo me da reconocimiento, aceptación o validación de alguien más?” “¿No hacerlo me conecta con la tristeza de alejarme de mi coherencia interna, mi esencia, mi llamado más profundo?, o ¿me conecta con la posibilidad de dejar de pertenecer, ser rechazada por el clan, quedarme sola, traicionar a alguien más?
—El libro habla de propósito. ¿Cómo se conecta con la historia familiar?
-El propósito es un faro existencial, una brújula para la experiencia, es el gran ¿para qué estoy en la vida? Es esa misión que al desarrollarla te permite expandirte, sentirte en plenitud y habilitar que pueda florecer tu voz.
A veces ese propósito queda oculto tras mandatos familiares que cumplimos para ser leales al clan, pero desleales a nosotros mismos. Por eso conocer la historia familiar es tan importante. Para desenredar esos tejidos y ver con claridad qué me pide mi esencia y qué me pide el linaje y entonces poder elegir en libertad honrando las enseñanzas, estrategias y soluciones ganadoras que me ofrendan mis ancestros y soltando amorosamente las cadenas invisibles que no me permiten florecer en mi propósito.
Por otro lado, en nuestra historia encontramos hitos, de experiencias desafiantes que dolieron y que no sabemos por qué tuvimos que afrontar. Y, que hoy en retrospectiva, podemos revisar y resignificar.
Esos eventos nos prepararon para llegar a este instante y poder compartir con los otros nuestros logros. Y son la materia prima de ese propósito, de ese legado que vengo a dejar en el mundo para, quizá, mejorar la vida de alguien más con mi historia.
—El formato del libro propone un viaje de siete días. ¿Por qué eligieron esta estructura?
-Excelente punto, focalizar la estructura de la propuesta, Se trata de una lectura que invita a un viaje, un retiro en el bosque, fuera del mundo trajinado y vertiginoso de la rutina. Salir del cotidiano para entrar en un no-tiempo y para eso es necesario decidir habitar un no-espacio, un territorio diferente del día común.
En la línea de las narraciones terapéuticas, Tu voz que florece permite ese viaje interior con serenidad, sin prisa, con el oído atento al mundo interno. El paisaje acompaña a crear ese estado, a practicar ese sentir y anclarlo para regresar a casa, transformados. Los siete exploradores y la Guía nos abren un abanico de temas y conflictos que son transversales: la vocación, el duelo de los exilios y las pérdidas de los seres amados, la neurosis de clase, la pareja, la relación con los padres, los hábitos destructivos naturalizados (comer mal, dormir poco, consumir químicos).
El tipo de relato es coral: todas las voces son una misma, humana, y a la vez, cada historia es particular, diferente y única. El número siete tiene muchos simbolismos que reflejan el camino de autoconocimiento, sanación y transformación que puede recorrer el lector a lo largo de esta healing fiction.
Este género narrativo que se viene afianzando en los últimos años es –como dijimos antes de la psicogenealogía- una invitación a la pausa. Bajarse del correr sin freno, del sinsentido, hacer un stop para re-decidir, re-evaluar, re-conocerse y practicar la coherencia. La gran sorpresa de Tu voz que florece es “el libro dentro del libro”: cuando se acerquen al bosque en la lectura, comprenderán esa clave…
—Si alguien quiere empezar hoy a mirar su historia, ¿cuál sería el primer paso?
-El primer paso, tener una intención clara del para qué mira a su historia y empezar a interrogarse con autenticidad, gratitud y capacidad de cuestionamiento sobre las verdades absolutas. Lo que hasta hoy me sirvió para desarrollar una tarea, ejercer un rol, sostener un vínculo, recuperar mi confianza, mejorar mi economía, lo que fuere, puede no estar activo en mi nueva toma de conciencia. Y es entonces cuando debemos asumir que se impone un cambio: soltar ese rol, esa tarea, ese vínculo, ese estado financiero, lo que fuere.
Porque ya no aplica, es decir: no hace eco en mi presente, tiene un significado vacío, automático, sin conciencia. Y el segundo paso importante luego del para qué “abro” mi árbol, es indagar en la historia familiar, personal sin juzgar, pero observando las heridas que han quedado sin gestionar, ir en busca de más datos que quedaron borroneados por el tiempo, darles nuevos sentidos, despejar los “mitos” que se repiten por generaciones y ocultan la verdad.
Ya con esos dos movimientos, se despliega todo un universo de emociones, realidades, hechos que nuestros antepasados nos brindan como vías de autoconocimiento y superación.
—Si tuvieras que decir una frase que resuma el libro, ¿cuál sería?
-Nos planteamos ofrecer un espacio de libertad para que el efecto lector decante en cada persona, y para eso nos gusta usar esta llave proteica: “…hallar nuevas preguntas para las viejas respuestas que alguna vez recibiste.”

