Gonzalo Valenzuela dejó atrás los años más turbulentos de exposición mediática y hoy habla desde otro lugar. En su paso por En La Cima, sección del diario Los Andes, el actor fue claro al referirse a su vínculo con Juana Viale: hay respeto, cercanía y, sobre todo, una familia que sigue en pie.
“Con Juana me llevo muy bien”, afirmó sin vueltas. Y sumó una definición que marca el tono de esta nueva etapa: “Seguimos teniendo una familia muy bonita”.
Lejos del ruido mediático que rodeó su relación en el pasado, hoy el foco está puesto en lo esencial.
“Mis hijos me caen muy bien”: la paternidad, en primer plano
Si hubo algo que atravesó toda la entrevista fue el amor por sus hijos. Valenzuela habló con orgullo, pero también con una honestidad poco habitual.
“Mis hijos son lo máximo”, dijo. Y fue más allá con una frase tan simple como poderosa: “Me caen muy bien, me divierto con ellos”. Silvestre tiene 18 años y Alí 14.
El actor contó que mantiene un vínculo cotidiano y cercano, con idas y vueltas entre países, pero siempre presentes. Incluso destacó algo que no todos los padres dicen en voz alta: que disfruta genuinamente de su compañía.
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También habló del crecimiento de sus hijos —uno ya mayor de edad— y de cómo cada uno va encontrando su camino, lejos de presiones.
"Silvestre es un gran artista, le gusta mucho el dibujo, la pintura y se va a ir por ahí. Mis hijos van y vienen. Me caen muy bien, tengo esa suerte. Me agrada estar con ellos, son muy simpáticos", relató y además sumó que su hija más chica tiene seis años.
Además crió a Ámbar, la hija mayor de Juana. "La veo, me la topo, voy a la casa, tenemos una linda relación... En ese sentido cómo se van acomodando las cosas también cuando uno va creciendo y va madurando y va entendiendo que que en definitiva un poco pasa por ahí, por el amor", reflexionó.
Y también habló de Ringo, el bebé que tuvo con Juana, nació sietemesino y murió. "Pasé por la muerte de mis viejos, de mis hermanos y un hijo, de todo y la muerte está muy presente ahí, pero la muerte como como un acto generoso también, ¿no? No solamente el duelo, también lo positivo de la muerte, que es una certeza al final... Son etapas y empezar como a amarte si se quiere. Y hay que atreverse a hacer el el duelo, que no es fácil, porque es permitirse el dolor. Dejar que te duela. Permitirlo".
La separación con Juana Viale: dolor y aprendizaje
Cuando le preguntaron por la ruptura, no la esquivó. “Todas las separaciones se sufren”, reconoció, conectando ese momento con uno de los temas centrales de su vida y también de su obra: las despedidas.
Para él, separarse no fue solo el fin de una relación, sino parte de un proceso más amplio sobre los vínculos, el duelo y el paso del tiempo. Sin embargo, destaca que lograron transformar ese dolor en algo constructivo.
Hoy, el resultado es un vínculo maduro, donde la prioridad está clara: sus hijos.
Una familia que se redefine, pero no se rompe
Más allá de los cambios, hay algo que permanece. Valenzuela lo explica sin dramatismo, pero con profundidad: las familias no siempre se terminan, a veces se transforman.
En su caso, esa transformación parece haber sido positiva. Mantiene buen vínculo no solo con Juana, sino también con el entorno familiar que compartieron, logrando una dinámica más armoniosa con el paso del tiempo.
Una historia que, lejos del escándalo, hoy habla de evolución emocional.
Una mirada más íntima (y menos mediática)
El actor también reflexionó sobre lo que fue vivir bajo la lupa mediática en Argentina. Recordó situaciones extremas —como ser perseguido incluso en viajes— y cuestionó cierta “crueldad” del mundo del espectáculo de تلك época.
Hoy, sin embargo, plantea otro debate: el de la sobreexposición voluntaria en redes sociales.
“Si no te autopublicás, es como que no existís”, señaló, marcando su incomodidad con esta nueva lógica.
El amor después del ruido
La entrevista deja una sensación clara: Gonzalo Valenzuela está en otra etapa. Más reflexivo, más conectado con lo esencial y menos pendiente de la mirada externa.
Su historia con Juana Viale ya no se cuenta desde el conflicto, sino desde algo mucho más interesante: cómo reconstruir un vínculo y sostener una familia, incluso después de una separación.
Y en tiempos donde todo parece romperse rápido, esa idea —simple pero poderosa— se vuelve profundamente inspiradora.

