Hay recuerdos que no vuelven a través de una imagen ni de una canción. Vuelven a través de un aroma. Una sábana recién perfumada, el olor de los jazmines en verano o una fragancia familiar pueden activar escenas completas que parecían dormidas. Para Eric Ferron, perfumista profesional formado en una prestigiosa escuela parisina de perfumería, ahí está el verdadero poder del perfume: en su capacidad de despertar emociones profundas y construir memoria.
Con más de dos décadas de experiencia en la industria, Ferron desarrolló una carrera donde conviven la precisión química y la sensibilidad artística. Socio fundador y director técnico de su propia compañía, también trabaja en el desarrollo de composiciones para perfumería fina y proyectos de identidad sensorial. En esta charla con Para Ti reflexiona sobre la relación entre los perfumes y la personalidad, las diferencias entre la mujer argentina y la europea al elegir fragancias, el fenómeno del layering y las tendencias olfativas que podrían dominar 2026 y 2027.
El perfume como memoria emocional
-¿Cuál es el primer aroma que recordás de tu infancia y cómo sentís que esa memoria moldeó tu sensibilidad actual?
-Creo que el primer aroma que realmente quedó grabado en mí fue la Colonia Inglesa que usaba mi abuela materna para perfumar las sábanas. Yo tendría cuatro o cinco años. Hay algo en ese recuerdo que todavía permanece intacto: la sensación de entrar en una habitación y sentir que el perfume podía transformar el aire, volverlo íntimo, casi suspendido en el tiempo.
Curiosamente, cuando empecé a trabajar, a los dieciocho años, una de las primeras fórmulas que desarrollé fue justamente una Colonia Inglesa, como una manera silenciosa de rendirle homenaje a ella. En ese momento entendí que la memoria olfativa nunca desaparece; simplemente espera el instante indicado para revelarse.
No sé si desde chico sabía que iba a dedicarme a esto, pero sí creo que tenía una sensibilidad especial para percibir los olores. Con el tiempo, y después de más de veinticuatro años en esta industria, empecé a comprender que muchos recuerdos de mi vida estaban construidos desde el aroma antes que desde la imagen. El olor de los jazmines y de las ciruelas amarillas en la quinta de mi tía, el perfume de mi padre -que todavía podría reconocer entre miles- o incluso ese aroma tan particular del sur, donde pasé los primeros años de mi vida.
Todo eso estaba ahí, acompañándome, aunque yo todavía no supiera interpretarlo. Yo no les daba importancia hasta que me encontré con este oficio. Y entonces entendí que, a veces, el perfume no crea recuerdos: los despierta.
Fragancias que revelan personalidad
-Muchas veces definís al perfume como un “accesorio invisible”. ¿Cómo creés que una fragancia logra terminar de construir la identidad de una persona?
-No sé si un perfume termina de construir la identidad de una persona. Creo, más bien, que la revela, la acompaña y la realza. La personalidad ya está ahí; la fragancia simplemente le da una presencia distinta, casi como un lenguaje silencioso.
Hay mujeres con una personalidad intensa, magnética, a las que los perfumes orientales les sientan de manera natural, porque encuentran en esas notas profundidad, misterio, carácter. Recuerdo haberle regalado a mi hermana un Crystal Noir de Versace, un perfume con muchísima personalidad. Y lo interesante fue ver cómo la fragancia no la modificaba, sino que parecía amplificar algo que ya existía en ella.
Siempre pienso en el perfume como en un detalle invisible que funciona de manera muy similar al maquillaje. Una mujer puede tener una mirada hermosa, y un delineado bien hecho no cambia sus ojos: los destaca. Con las fragancias sucede lo mismo.
Un buen perfume no disfraza a nadie; ilumina ciertos rasgos de la personalidad y deja una impresión que muchas veces permanece incluso después de que la persona ya no está.

Cómo define el estilo olfativo de la mujer argentina
-Con tantos años de experiencia y contacto con el mercado local, ¿cómo definirías el “estilo olfativo” de la mujer argentina? ¿Qué es lo que más nos diferencia de la mujer europea?
-Creo que, culturalmente, los argentinos estamos muy vinculados a Europa, especialmente a España e Italia, y eso también se refleja en nuestra manera de entender el perfume. Hay una herencia olfativa que, de alguna forma, sigue presente en los gustos y en ciertas elecciones clásicas.
Pero con los años empecé a notar que hoy las diferencias son más marcadas entre la mujer argentina -e incluso latinoamericana- y la mujer europea. La mujer argentina tiene una relación mucho más emocional y expresiva con la fragancia. Busca perfumes con presencia, que dejen huella, que acompañen su personalidad de una manera más intensa. Por eso hay una gran inclinación hacia los acordes frutales, gourmand, florales y orientales.
En Europa, y particularmente si pienso en mujeres de España, Italia o Portugal, encuentro un perfil más sutil, más depurado. Suelen elegir perfumes más lineales, más definidos dentro de una familia olfativa, con una elegancia quizás más silenciosa. Y si uno se desplaza hacia países como Francia o Alemania, esa sutileza todavía se vuelve más evidente.
La mujer argentina, en cambio, tiene algo muy particular: no le teme al perfume. Lo lleva con seguridad, con identidad, casi como una extensión de su presencia. Y eso hace que muchas veces sus elecciones olfativas sean más envolventes, más memorables.
El error más frecuente al elegir un perfume
-¿Cuál es el error más común que se comete al elegir una fragancia en el mostrador de la perfumería?
-Creo que el error más común al elegir una fragancia es no saber realmente qué se está buscando. El olfato nos acompaña todo el tiempo, convivimos con los aromas de manera permanente, pero pocas veces nos detenemos a prestarles verdadera atención.
Desde luego, hay personas muy apasionadas por el universo del perfume, capaces de reconocer notas, familias olfativas o incluso ciertas materias primas con mucha precisión. Pero la mayoría de la gente todavía no identifica del todo qué tipo de construcción aromática la representa o la emociona.
Muchas veces se elige un perfume por impulso, por tendencia o porque alguien más lo usa, cuando en realidad una fragancia debería tener algo de encuentro personal, casi íntimo. Porque no todos los perfumes hablan el mismo lenguaje sobre cada piel.
Y, como sucede en la moda, la perfumería tampoco escapa a las tendencias. Existen materias primas, acordes y moléculas que atraviesan determinados momentos de popularidad, del mismo modo en que ciertos colores o texturas dominan una temporada.
Aunque la perfumería y la moda textil transiten caminos distintos, suelen dialogar entre sí de manera silenciosa.
Por eso, más que dejarse llevar únicamente por lo que está de moda, creo que lo importante es descubrir qué aroma genera una conexión genuina con uno mismo. Ahí es donde empieza la verdadera identidad olfativa.

Dónde aplicar perfume para que dure más
-El eterno debate: ¿cuáles son los puntos clave donde se debe aplicar el perfume para que dure más tiempo sin resultar invasivo?
-Tradicionalmente se aconseja aplicar el perfume en el cuello y las muñecas, porque son zonas donde pasan las arterias y, por lo tanto, donde hay más temperatura. El calor hace que la fragancia se proyecte y evolucione de una manera más natural sobre la piel.
Pero, personalmente, creo que el perfume tiene que descubrirse más que imponerse. Por eso yo suelo aplicarlo también en el cuerpo, sobre el pecho, donde el calor corporal ayuda a que el aroma se expanda de una forma más envolvente y menos invasiva.
Al final, el secreto no está tanto en la cantidad, sino en la manera en que el perfume acompaña el movimiento y la cercanía. Una buena fragancia debería sentirse como un rastro sutil, algo que aparece de a momentos y deja curiosidad, no saturación.
Siempre digo que los perfumes más elegantes son aquellos que obligan a acercarse un poco más.

Los aromas que mejor funcionan en invierno
-Con la llegada del frío, ¿qué notas o familias olfativas recomendás buscar para lograr esa sensación de “abrigo” en la piel?
-Con la llegada del frío, naturalmente empezamos a buscar perfumes más cálidos, más envolventes. En invierno funcionan muy bien las notas amaderadas, orientales y especiadas, porque generan una sensación de abrigo sobre la piel, casi como una textura.
Las maderas, el ámbar, la vainilla, incluso ciertas notas balsámicas o de cuero, encuentran en el frío el escenario ideal para expresarse con profundidad y elegancia. Son perfumes que en invierno respiran mejor, evolucionan distinto y dejan una estela mucho más armónica.
En cambio, durante el verano solemos inclinarnos hacia fragancias más cítricas, frescas o acuáticas, porque acompañan mejor la temperatura y la sensación de liviandad que buscamos en esa época.
Cada estación tiene su propio lenguaje olfativo. Y creo que el invierno invita a algo más íntimo, más cercano… perfumes que no sólo se huelen, sino que también se sienten.
Layering y perfumes personalizados
-¿Qué opinás de la tendencia del layering (mezclar perfumes)? ¿Es un recurso válido para crear una firma personal o preferís respetar la pureza de una sola creación?
-Personalmente no suelo hacer layering. Me interesa mucho la idea de respetar la arquitectura original de una fragancia, porque detrás de cada perfume hay un equilibrio muy preciso, casi como una composición musical.
Pero entiendo perfectamente por qué muchas personas recurren a esa práctica: hay algo muy atractivo en la posibilidad de construir una firma olfativa propia, algo irrepetible. Y cuando está bien hecho, el layering puede generar resultados realmente sofisticados.
Creo que, para lograr una mezcla armónica, lo ideal es combinar perfumes que dialoguen entre sí y no compitan. Por ejemplo, una fragancia más aromática puede convivir muy bien con otra más amaderada. Si tuviera que hacerlo, probablemente mezclaría un Grey Vetiver de Tom Ford con un Santal 33 de Le Labo. Ahí hay un contraste interesante entre la frescura elegante del vetiver y la profundidad cremosa del sándalo.

¿Se puede aprender a ser una “nariz”?
-¿Cómo es el proceso de educar el olfato de los demás? ¿Cualquiera puede aprender a ser una “nariz” o es un don con el que se nace?
-Creo que hay un poco de ambas cosas. Puede existir cierta sensibilidad natural hacia los aromas, una predisposición a percibir matices que quizás otras personas pasan por alto. Pero, sobre todo, ser una nariz implica entrenamiento, memoria y muchísimas horas de práctica.
En realidad, todos olemos constantemente. El problema es que la mayoría de las personas no sabe exactamente qué está oliendo. No porque no puedan percibirlo, sino porque no fueron educadas para identificarlo, asociarlo o ponerlo en palabras.
Las narices trabajamos durante años entrenando la memoria olfativa sobre materias primas. Y el universo es inmenso: se conocen aproximadamente unas cinco mil materias primas en perfumería, cada una con infinitas posibilidades de combinación. La paleta es prácticamente inagotable.
Por eso creo que cualquiera puede desarrollar el olfato y aprender muchísimo sobre perfumes si tiene curiosidad y disciplina. Tal vez algunas personas tengan más facilidad o sensibilidad inicial, como sucede con la música o el arte, pero no lo veo como un don inaccesible. Más bien es un oficio silencioso, construido con tiempo, observación y repetición.
El olfato, a diferencia de otros sentidos, tiene algo muy íntimo: cuanto más se lo ejercita, más empieza a revelar.
Las tendencias olfativas que podrían marcar 2026 y 2027
-¿Creés que la tendencia hacia perfumes más intensos y duraderos marcará este 2026 y 2027?
-Creo que durante 2026 todavía vamos a seguir viendo una fuerte presencia de perfumes intensos, de gran duración y con mucha proyección. Hay una búsqueda bastante marcada de fragancias que se hagan notar, que dejen estela y tengan personalidad.
Pero no estoy tan seguro de que eso se sostenga de la misma manera hacia 2027. Tengo la sensación de que lentamente va a empezar un regreso a lo más simple, a lo más clásico, incluso a cierta sobriedad olfativa.
Percibo una sociedad bastante cansada del exceso y del ruido constante. Y, de algún modo, la perfumería también refleja los estados emocionales de una época. Creo que vamos a empezar a buscar perfumes que transmitan calma, intimidad y una elegancia menos estridente. Fragancias que acompañen, más que imponerse.
Probablemente volvamos a ver mujeres inclinándose hacia florales más puros y luminosos, y hombres regresando a perfiles más amaderados, limpios y refinados. Hay algo muy contemporáneo en volver a lo esencial.
A veces, después de mucho exceso, el verdadero lujo termina siendo la sutileza.
Los ingredientes protagonistas de la próxima temporada
-¿Qué ingredientes sentís que serán los protagonistas absolutos de la próxima temporada?
-Hoy estamos atravesando una etapa muy marcada por los acordes frutales, especialmente en perfumería femenina. Hay una búsqueda de perfumes más jugosos, envolventes y sensoriales, con frutas trabajadas de manera sofisticada, lejos de lo meramente dulce.
Pero, al mismo tiempo, siento que ciertas materias primas clásicas están regresando con muchísima fuerza. La rosa, por ejemplo, vuelve a ocupar un lugar protagónico después de algunos años más silenciosos. Y no desde un lugar antiguo o excesivamente romántico, sino reinterpretada de una manera más limpia, moderna y elegante.
El vetiver es otro ingrediente que nunca desaparece realmente. Tiene algo atemporal, una sofisticación discreta que siempre encuentra la manera de mantenerse vigente. Lo mismo empieza a suceder con la lavanda. Durante mucho tiempo, en nuestra cultura, estuvo asociada a otros usos más cotidianos o tradicionales, pero hoy está regresando desde una faceta mucho más aromática y refinada. Creo que tanto la rosa como la lavanda van a acompañar esta necesidad de volver a lo simple y a lo esencial.
También veo mucho protagonismo de la pimienta rosa, que aporta luminosidad y una sensualidad muy contemporánea, y del sándalo, que sigue siendo una de las notas más envolventes y adictivas dentro de la perfumería actual.
Hay ingredientes que aparecen por tendencia… y otros que regresan porque, simplemente, nunca dejaron de emocionar.

