La historia de Alberto Cormillot y Mónika Arborgast comenzó a principios de los años 60, cuando ambos se conocieron en el Hospital Alemán. Él era un joven médico recién recibido y ella trabajaba como secretaria. El flechazo fue inmediato y poco después decidieron casarse.
En 1963 dieron el sí y comenzaron una vida juntos que incluyó también la llegada de sus dos hijos mayores, René y Adrián. Durante los primeros años de matrimonio compartieron además distintos viajes, entre ellos una luna de miel que los llevó por México, Estados Unidos y varias ciudades de Europa.
Pero la pareja se separó en 1976. Sin embargo, el final de la relación sentimental no significó el final del vínculo entre ambos.
Una separación que no terminó con el proyecto compartido
Después de la separación, Alberto y Mónika continuaron trabajando juntos. Y lo hicieron durante décadas, ligados a la construcción y el crecimiento de un proyecto que terminaría convirtiéndose en una referencia en el tratamiento de la obesidad en la Argentina.
Mónika ocupó un lugar fundamental en la estructura de la clínica. Su trabajo estuvo relacionado con la administración, las cuentas, la coordinación y el funcionamiento cotidiano de la institución.

En distintas entrevistas, Cormillot destacó especialmente la confianza que tenía en ella y el papel que desempeñó en el desarrollo de ese proyecto profesional.
La relación entre ambos, por lo tanto, adquirió una nueva dimensión: ya no eran pareja, pero seguían siendo padres, compañeros de trabajo y parte de una historia que habían comenzado a construir juntos.
Mirá También

Qué le pasó a Alberto Cormillot: una molestia en el pecho que derivó en una colocación de stent
Mónika, el “pilar” de la Clínica Cormillot
A nueve años de su muerte, la propia institución volvió a poner en palabras la importancia que tuvo Mónika en esa historia.
“A nueve años de su partida, recordamos a Monika Cormillot, un pilar fundamental en la historia de nuestra Clínica”, expresó la Clínica Cormillot en una publicación compartida en sus redes sociales.
El mensaje destacó especialmente sus cualidades personales y profesionales: “Con entrega, sensibilidad, fortaleza y una vocación inquebrantable, acompañó y sostuvo momentos decisivos, dejando una marca profunda en quienes tuvieron la oportunidad de compartir el camino con ella”.
La institución también remarcó que su legado continúa presente en la manera en que trabaja y acompaña a sus pacientes.
“Su visión y sus valores siguen presentes en lo que hacemos cada día, en nuestra manera de acompañar, de cuidar y de entender la salud”, señalaron.
Una vida dedicada a una obra que construyeron juntos
El reconocimiento de la Clínica vuelve a poner en primer plano una parte menos conocida de la historia de Cormillot: el rol que tuvo Mónika en la construcción de su trayectoria profesional.
No se trató solamente de acompañar a un médico en los comienzos de su carrera. Mónika fue una pieza fundamental en la organización de la estructura que ambos fueron levantando con los años y que incluyó la clínica, la fundación y diferentes programas vinculados al abordaje de la obesidad.

Cormillot reconoció en varias oportunidades ese aporte y la confianza que depositaba en ella. Su trabajo silencioso detrás de escena resultó esencial para el funcionamiento cotidiano de la institución.
Así, mientras Alberto desarrollaba su carrera pública como médico y especialista en nutrición, Mónika cumplía un papel decisivo en la estructura que sostenía ese proyecto.
La familia que siguió unida
Aunque la pareja había tomado caminos diferentes en el plano sentimental, el vínculo familiar permaneció.
Alberto y Mónika fueron padres de René y Adrián, sus dos hijos mayores, y continuaron compartiendo espacios familiares y laborales durante gran parte de sus vidas.

En la actualidad, Alberto Cormillot está casado con la nutricionista Estefanía Pasquini, con quien tiene a Emilio, nacido el 17 de septiembre de 2021. El pequeño tiene actualmente 4 años y es el hijo menor del médico, que además es padre de René y Adrián, fruto de su matrimonio con Mónika.
La separación, en ese sentido, no borró la historia que habían construido desde aquellos primeros años en el Hospital Alemán. Con el paso del tiempo, aquella relación se transformó y encontró otra forma de permanencia.
Mónika murió en septiembre de 2017, después de atravesar una larga enfermedad. Su partida significó un profundo dolor para su familia y para quienes habían trabajado con ella durante décadas.

A nueve años de su muerte, la Clínica Cormillot volvió a recordarla desde el lugar que ocupó en esa historia: el de una mujer que estuvo desde los comienzos y que dejó una huella que, según la propia institución, continúa presente.
“Hoy la recordamos con profundo cariño y gratitud. Porque hay legados que el tiempo no borra”, concluyó el homenaje.
Y en el caso de Mónika Arborgast, ese legado está íntimamente ligado a una historia singular: la de una pareja que se separó hace medio siglo, pero que logró transformar ese vínculo y continuar trabajando durante décadas en un proyecto que habían comenzado a construir juntos.





