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¿Somos todas Mujercitas?

Cuatro escritoras cuentan a Para Ti el significado que tuvo para ellas la clásica novela de Louisa May Alcott que ahora vuelve con todo de la mano de una nueva versión cinematográfica con mucho poder femenino.
Mujercitas 2020, dirigida por Greta Gerwig. Foto: Instagram.

Se publicó hace 150 años y desde entonces fue un fenómeno de ventas y símbolo de la literatura infantojuvenil y, particularmente, femenina. ¿Qué es lo que lo hizo un libro tan querido por generaciones de lectoras?¿Qué influencia tuvo la novela en “aquellas mujercitas” que más adelante se dedicaron a la literatura? Para seguir la conversación sobre este clásico de Louisa May Alcott siempre en disputa, convocamos a 4 escritoras para que nos den su opinión.

Giselle Aronson y Esther Cross. Foto: Archivo Atlántida.

ESTHER CROSS (58)

“Jo me atrapó por su audacia sobria”

“Tenía nueve o diez años cuando leí Mujercitas. Jo se convirtió enseguida en el personaje estrella de esa época. Me atrapó por su audacia sobria, por la personalidad fuerte y sobre todo porque sabía conectarse con su canal: cuando Jo leía o escribía a mí me parecía que irradiaba una aura de atracción y un escudo. Me gustaba el equívoco que, dada mi ignorancia fonética, implicaba su nombre. Me atrapaba su estilo inteligente, apasionado, franco, profesional. Hay personas que ya de chicas tienen una actitud profesional en la vida, como Jo. A lo mejor profesional no es la palabra, a lo mejor lo que me fascinaba de ella era que su actitud práctica encajaba bien con sus inclinaciones literarias. Y al mismo tiempo, pienso ahora, las hermanas de Jo no perdían su lugar en la historia por ser distintas a ella. Cuando tenía treinta y ocho años viví varios meses en Nueva York y un fin de semana fui a visitar a una amiga que estaba estudiando en Boston. Nuestro gran programa fue ir a ver la casa de Louise M. Alcott en el bosque. Lo recuerdo como una celebración de lectoras hermanadas. Lo raro es que no releí Mujercitas ni Los muchachos de Jo, lo que prueba que muchas veces los grandes libros son más recordados que releídos y que las adaptaciones de un clásico tienen efectos secundarios altamente positivos: llaman a la lectura y reconocen la importancia que el libro ya tenía en nuestra vida”.

Jo, la heroína de Louisa May Alcott favorita de las escritoras. Foto: Instagram.

SELVA ALMADA (46)

“Me abrieron los ojos y les estoy profundamente agradecida”

“En la infancia tenía dos amigas que leían. Las tres formábamos un club de lectura muy íntimo, casi snob. A los nueve años los libros de Louise Alcott irrumpieron en nuestras vidas como una patada voladora. No recuerdo si el primero fue Mujercitas o alguno de los otros de la saga de las hermanas March. Jo era mi personaje favorito, por lejos. Entonces yo no quería ser escritora, sino periodista, pero se parecía bastante. Jo me enseñó que había otras vidas posibles más allá de la que prometía el pueblo donde me crié: noviar, casarme, tener hijos… En ese sentido, creo que venía a darme mis primeras lecciones de feminismo. Al mismo tiempo, los libros de Alcott me torturaban bastante porque me hacían sentir que yo nunca sería lo suficientemente buena como esas muchachas tan sacrificadas de sus historias. Alguna vez escribí que esos libros eran ´un veneno azucarado´. Y creo que lo fueron: me envenenaron la sangre de la mejor manera, me abrieron los ojos y por ello les estoy profundamente agradecida”.

GISELLE ARONSON (48)

“Fue uno de los libros más importantes de mi vida”

“Leí Mujercitas a los ocho, nueve años. Fue, sin dudas, uno de los libros más importantes de mi vida. La identificación con el personaje de Jo fue inmediata y es uno de los mojones que persisten en mi memoria. El hecho de que Alcott haya tenido como proyecto de vida convertirse en escritora y sostenerse económicamente a través de esa actividad, en una época en que las mujeres aspiraban a poco más que ser ´esposas de´, se ve reflejado en el personaje de Jo y define el espíritu del libro. Sin embargo, hay quienes consideran que la obra refuerza estereotipos conservadores del rol de la mujer. Que un libro haya atravesado épocas tan disímiles en cuanto a la construcción sociocultural de ese rol, que sea objeto de revisiones, resignificaciones, da cuenta del enorme valor que adquiere en perspectiva al momento histórico en que fue escrito y la relectura que las actuales generaciones pueden elaborar a partir de ella”.

Selva Almada y Marta Sanz. Foto: Archivo Atlántida.

MARTA SANZ (52)

“Es una historia moralizante que refuerza el imaginario de lo cursi asociado a la feminidad”

“Mujercitas es, sobre todo, un libro educativo, un manual de conducta para señoritas que, si bien respeta el extremo de las idiosincrasias personales, aboga por un modelo de mujer abnegado y reducido al espacio doméstico. El destino de las mujeres desemboca inexorablemente en el matrimonio hasta en los casos más drásticos de rebeldía, androginia y afición libresca. Entiendo lo que muchas lectoras han querido ver de adelantado en Mujercitas. Entiendo que hay que conservar esa perspectiva histórica y no minusvalorar en absoluto la valentía y peculiaridad de Alcott como escritora y precursora de escritoras, pero incluso en ese caso Mujercitas es más una historia moralizante que refuerza el imaginario de lo cursi asociado a la feminidad, que un libro emancipador para las mujeres. Los principios de la ética trascendentalista, su martillo de bondad, se superponen en el texto a cualquier veleidad feminista. A menudo a quienes nos dedicamos a la escritura nos preguntan dentro de qué novela nos quedaríamos a vivir. Ni por todo el oro del mundo, el calor de la chimenea, la blancura de la nieve, la generosidad de los personajes, la bondad de la criada Hannah, que a veces se extralimita en sus funciones; ni por todos los gatitos de Beth o los polisones remendados, ni por los bellísimos callos de las trabajadoras manos cosedoras de Meg, ni por la cabellera cortada de Josephine March o los sermones de Marmee, yo habría querido ser la quinta mujercita“.

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