Gaby Hostnik: "Una vida ocupada puede estar llena de tareas y vacía de sentido" - Revista Para Ti
 

Gaby Hostnik: "Una vida ocupada puede estar llena de tareas y vacía de sentido"

Vivimos aceleradas, hiperconectadas y agotadas. Pero, según Gaby Hostnik, especialista en neurociencias aplicadas, el bienestar no se encuentra haciendo más, sino aprendiendo a escucharnos. En esta entrevista, explica cómo entrenar las emociones, salir del piloto automático y reconectar con una vida con más propósito, presencia y sentido.
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¿Cuándo fue la última vez que te preguntaste cómo estás de verdad? No qué tenés que hacer mañana. No cuántos mensajes te faltan responder. No cuántas tareas quedan pendientes.

Cómo estás vos.

En un mundo que parece premiar la velocidad, la productividad y el estar siempre disponibles, detenerse puede sentirse casi como un acto de rebeldía. Sin embargo, para Gaby Hostnik, especialista en neurociencias aplicadas, ahí comienza el verdadero bienestar.

En su nuevo libro, El futuro es lo que hacés hoy, propone algo tan simple como desafiante: dejar de vivir en piloto automático para volver a escucharnos. Porque muchas veces el agotamiento no nace de lo que hacemos, sino de todo aquello que sentimos y no registramos. Porque el cerebro está diseñado para sobrevivir, pero también puede aprender nuevas maneras de habitar la vida. Y porque, como ella misma afirma, la plenitud no tiene que ver con estar ocupadas todo el tiempo, sino con construir una vida que tenga sentido.

Gaby con su libro
Gaby Hostnik, especialista en neurociencias aplicadas, y su nuevo libro

En esta charla, habla sobre ansiedad, propósito, vínculos, autocuidado y una pregunta que atraviesa todo su trabajo: ¿qué pasaría si empezáramos a priorizarnos un poco más?

—En un mundo donde vivimos corriendo y siempre conectados, ¿cuál es la principal señal de que estamos desconectadas de nosotras mismas?

-Creo que una de las principales señales es cuando dejamos de registrarnos y de entender qué es lo que realmente necesitamos. Cuando hacemos mucho, resolvemos mucho, pero ya no sabemos ni cómo nos sentimos.

Vivimos en piloto automático, las evidencias dicen que más de la mitad del tiempo; yo creo que hoy ese porcentaje incluso aumentó, y eso nos desconecta de nuestro cuerpo, de nuestras emociones y también de los demás.

—En tu libro explicás que nuestro cerebro está programado para sobrevivir más que para ser feliz. ¿Cómo influye eso en la ansiedad y el estrés que muchas mujeres sienten hoy?

-Nuestro cerebro evolucionó para detectar amenazas y anticiparse. El problema es que hoy vivimos a toda velocidad y muchas veces en modo alerta, respondiendo como urgente a demandas cotidianas permanentes. La hiperestimulación, la sobrecarga mental y la autoexigencia sostienen estados de alerta que impactan directamente en el estrés y la ansiedad.

Además, hay que decir que el mundo no para de cambiar, que la tecnología nos hace ir cada vez más rápido y que muchas veces aparece la sensación de que cada vez podemos controlar menos cosas.

Entonces, si estamos diseñados para sobrevivir, la clave está en aprender a recablear nuestro cerebro en positivo. No podemos cambiar cómo evolucionó nuestro cerebro, pero sí podemos entrenarlo para que no viva reaccionando todo el tiempo como si estuviera en peligro.

—Hablás de “gimnasia emocional”. ¿Por qué creés que entrenar las emociones debería ser tan importante como cuidar el cuerpo?

-Porque las emociones también se entrenan. Así como vamos al gimnasio y el cuerpo cambia a partir de aquello que practicamos, el cerebro y nuestra vida emocional también. La regulación emocional, la empatía, la atención o la flexibilidad necesitan entrenamiento cotidiano.

Si por default estamos más diseñados para la supervivencia pura y dura, el desafío entonces es entrenar concientemente el cerebro en positivo, ampliar la mirada y aprender a registrar también aquello que sí funciona, nos hace bien y nos da posibilidades.

El libro nos apela
El libro nos plantea bajar el ritmo para lograr la plenitud y el bienestar.


—Muchas personas sienten que están agotadas, pero no saben exactamente por qué. ¿Qué rol juegan las emociones no escuchadas en ese cansancio cotidiano?

-Muchísimo. El agotamiento no es solo físico. Hay cansancio emocional, mental y vincular. Emociones sostenidas en silencio, preocupaciones acumuladas o necesidades postergadas también consumen energía.

Así como se habla de la sustentabilidad de los recursos naturales, a mí me gusta mencionar la sustentabilidad emocional. Si las emociones son energía en movimiento en el cuerpo, ¿cuánto prestamos atención a reenergizarnos, recuperarnos y cuidarnos emocionalmente?

—Uno de los pilares del libro es el propósito. ¿Cómo puede encontrarlo alguien que siente que está perdida o atravesando una etapa de cambios?

-Creo que el propósito no siempre aparece como una gran revelación. Muchas veces se construye en movimiento. Empieza con pequeñas preguntas, con aquello que nos da sentido en el día a día, curiosidad, energía o conexión con otros. Incluso en momentos de incertidumbre.

Una pista interesante es que muchas investigaciones muestran que el bienestar profundo también está relacionado con aquello que dejamos en los demás, con la contribución y el sentido de trascendencia. El cerebro humano también necesita sentir que forma parte de algo más grande que uno mismo.

—¿Qué errores solemos cometer cuando buscamos bienestar y por qué muchas veces terminamos más frustradas que antes?

-Muchas veces buscamos soluciones rápidas o fórmulas perfectas. Pero el bienestar no suele construirse desde la exigencia sino desde hábitos sostenibles, vínculos, descanso, propósito y pequeños entrenamientos cotidianos.

Considero que incluso le pusimos productividad al bienestar, como si también hubiera que hacerlo perfecto. Y ahí nos alejamos de escucharnos realmente. Entender que cada cerebro es único, que no todos necesitamos lo mismo y no subestimar el valor de los pequeños pasos también forma parte del bienestar.


—Hablás de los círculos de empatía. ¿Qué impacto tienen los vínculos en nuestra salud emocional y cómo podemos construir relaciones más nutritivas?

-Los vínculos impactan profundamente en nuestro cerebro y bienestar. Somos seres sociales. Los entornos emocionalmente seguros ayudan a regularnos, aprender y crecer. Y construir relaciones nutritivas implica escucha, presencia, reciprocidad y humanidad cotidiana.

No tengo dudas de que el futuro es en comunidad y en comprender que también nos fortalecemos cuando apoyamos la fortaleza de los demás. Necesitamos rodearnos de personas que nos hagan de hinchada, de esas personas refugio que muchas veces también son salud, sostén y medicina emocional.

—En un contexto donde abundan los consejos de autoayuda y productividad, ¿cómo distinguir entre una vida plena y una vida simplemente ocupada?

-Una vida ocupada puede estar llena de tareas y vacía de sentido. La plenitud tiene más que ver con la coherencia, la presencia, los vínculos, el descanso y sentir que aquello que hacemos está alineado con quienes somos y con la vida que queremos construir. Tiene que ver con cuánto te gusta la vida que tenés.

—El cuerpo ocupa un lugar central en tu método. ¿Qué nos está diciendo el cuerpo cuando aparecen síntomas como insomnio, tensión, falta de energía o ese famoso “nudo en la garganta”?

-El cuerpo muchas veces expresa lo que no estamos pudiendo registrar o poner en palabras. El cerebro y el cuerpo trabajan de manera integrada; el cuerpo sabe lo que muchas veces ni siquiera la mente todavía ha dado cuenta. Por eso, aprender a escuchar las señales corporales también es una forma de autocuidado y autoconocimiento. Para cuidar la mente necesitamos cuidar el cuerpo.

—¿Qué pequeño cambio podríamos hacer hoy mismo para empezar a cultivar bienestar?

-La autoobservación me parece una de las herramientas más potentes y más infravaloradas. Volver a generar pequeños espacios de pausa y registro. Recordar que podemos enfocarnos en lo que sí podemos controlar: nuestra actitud, nuestros pensamientos, nuestras decisiones, nuestra gratitud por lo que tenemos, nuestros aprendizajes y la forma de tratar a los demás. Y entender que precisamos establecernos “metas ilusionantes”.

También tenemos que ser custodios de nuestra atención, porque es lo que nos permite “darnos cuenta”. El cerebro es plástico y cada día podemos enseñarle una forma más amable, más consciente y presente de vivir. El cerebro aprende de aquello que practicamos cada día. Y también de nuestra capacidad de ser flexibles.

 
   

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