Si sentís que tus uñas se quiebran con facilidad, se descaman o dejaron de crecer como antes, no sos la única. Los cambios de temperatura, el contacto constante con agua, productos de limpieza, esmaltes permanentes y hasta el estrés pueden afectar su salud.
La buena noticia es que, con pequeños cambios en la rutina, es posible recuperar uñas más fuertes, flexibles y saludables.
Hidratarlas también es clave
Muchas veces pensamos en hidratar la piel o el pelo, pero las uñas también lo necesitan. Aplicar aceite para cutículas o cremas con ingredientes nutritivos como vitamina E, almendras o manteca de karité puede ayudar a devolver elasticidad y evitar que se quiebren.

El mejor momento para hacerlo es antes de dormir, para que el producto actúe durante más tiempo.
Cuidado con el exceso de agua y productos químicos
El contacto constante con agua caliente, detergentes o productos de limpieza puede resecar la uña y volverla más frágil.
Por eso, usar guantes al limpiar o lavar puede hacer una gran diferencia, sobre todo en invierno, cuando las manos y uñas suelen sufrir más.
Darles descanso del esmalte
Las uñas también necesitan respirar entre esmaltado y esmaltado. Si usás esmalte semipermanente o gel con frecuencia, intentar hacer pausas puede ayudar a recuperar su estructura natural. Durante esos días, podés aplicar bases fortalecedoras con calcio, queratina o biotina.

La alimentación también influye
La salud de las uñas muchas veces empieza desde adentro.
Consumir alimentos ricos en proteínas, hierro, zinc y vitaminas del grupo B puede ayudar a fortalecerlas con el tiempo. Huevos, frutos secos, palta, legumbres y vegetales de hoja verde suelen ser grandes aliados.
No cortes las cutículas
Aunque muchas veces forman parte de la rutina de manicure, las cutículas cumplen una función protectora.

En lugar de cortarlas, lo ideal es hidratarlas y empujarlas suavemente para mantener una apariencia prolija sin debilitar la zona.
La lima importa más de lo que parece
Limar las uñas siempre en una sola dirección ayuda a evitar que se abran en capas o se quiebren con más facilidad.
Además, mantenerlas en un largo cómodo mientras están recuperándose puede evitar que sufran más.

La clave está en la constancia
No hay soluciones mágicas ni resultados de un día para otro. Pero con una rutina simple y sostenida, las uñas pueden recuperar fuerza, brillo y resistencia.
Porque muchas veces, unas uñas sanas no necesitan esconderse detrás del esmalte.


