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La libertad de andar sin corpiño por casa (ventajas del aislamiento social)

De todo hay que sacar algo positivo, incluso de este tiempo de cuarentena. Y una ventaja que disfrutamos plenamente en estos días en casa es de andar todo el día sin corpiño, liberadas y felices.

Marou Rivero puso en palabras algo con lo que muchas se habrán sentido identificadas. En su último posteo de su cuenta de Instagram, ella aparece sonriente vestida con una remera estampada que deja en evidencia que nada sostiene sus lolas.

Y entre otras cosas que escribe en el posteo, cuenta que en la cuarentena descubrió el placer de estar sin corpiño.

Quitarse el corpiño, lo primero que hacen muchas ni bien llegan a casa. Foto: 123 RF.

Sin breteles que aprieten, ni aros que se nos claven en la piel ni elásticos que la marquen y nos hagan picar. Libre. Porque hay que decirlo: usar corpiño molesta. Y aunque es la prenda que nos ayuda a mantener las cosas en su sitio y que hace lucir nuestras redondeces, el corpiño suele ser bastante incómodo.

Encerradas pero ¡libres!

No me van a negar que nada se compara con esa sensación de libertad que experimentamos ni bien nos sacamos el corpiño cuando llegamos de trabajar.

Es poderosa, gratificante… ¡qué placer! Es comparable con la de quitarnos los tacos altos después de haber bailado una noche entera subida a ellos. Y más también.

Sacarse el corpiño (existe hasta una palabra para andar sin él: braless), es desatarse. Por eso, uno de los aspectos positivos de esta cuarentena es sentir esa libertad de andar sin corpiño en casa.

Ya Anamá Ferreira le había dedicado unas palabras a lo que ella llamó “la dictadura del corpiño”. “¿Por qué tenemos que usarlo? ¿Se preguntarán alguna vez? Es algo que nos aprieta, tenemos que tener varios con breteles, sin breteles, con rellenos y sin rellenos, para el día para la noche… Yo cuando llego a casa es la primera prenda que saco y me siento un alivio tremendo”, escribió la modelo en su cuenta de Instagram.

Pros y contras de usar (o no) corpiño

Jennifer Aniston ¡vive sin corpiño! (antes de la cuarentena, y seguramente después también). Es una de las actrices de Hollywood que le ha declarado la guerra al sostén.

Pero, ¿es saludable no usar corpiño? En una conferencia en la Universidad de France-Comté, en Besançon, el Dr. Jean- Denis Rouillon argumentó que los sujetadores no son necesarios y que su uso debilita la musculatura natural de las mamas, provocando su caída y flacidez. Al revés de lo que se cree, no?

Jennifer Aniston, abanderada del braless. Foto: Instagram.

Desde hace 15 años, el doctor Jean-Denis Rouillon se ha propuesto estudiar los efectos que tiene el uso del corpiño en las lolas. Su objetivo fue estudiar si se caen más o menos al no estar contenidas.

Según resultados preliminares, el médico ha logrado comprobar que –entre las mujeres de 18 a 35 años que participan en el estudio– el pezón vuelve a subir un promedio de siete milímetros en un año cuando no se usa sostén. Los pechos, asegura, se fortalecen.

Muchas aprovechan la cuarentena para vivir sin corpiño todo el día. Foto: Instagram.

Ahora un dato no menor es que aclara que sólo se trata de resultados preliminares y que está prosiguiendo sus investigaciones con mujeres de más edad. El doctor Jean Masson, un cirujano plástico que trabaja en París, hace un advertencia con respecto a las mujeres que han sido madres.

Durante el embarazo, explica Masson, los pechos ganan volumen, lo que tiene consecuencias en la elasticidad de la piel. Y menos elasticidad significa que las glándulas mamarias pueden desplazarse hacia abajo.

Entonces, hay que preguntarse si en ese caso, ¿no es conveniente el uso del corpiño? “Aunque no tenemos la respuesta por el momento, es una problemática que merece plantearse”, concluye Rouillon, que afirma que ninguna investigación científica ha comprobado la eficiencia del sostén para mantener las lolas levantadas.

De todos modos, lo más recomendable es saber escuchar a nuestro cuerpo. Prestar atención a las sensaciones y quitarse o dejarse el corpiño de acuerdo “al piaccere” de cada una. Contanos tu experiencia, ¿vos qué preferís?

Mientras tanto, sigamos disfrutando de una de las pequeñas grandes delicias de la vida en cuarententa.

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