Hay cosas que el humo se lleva sin que nos demos cuenta. No solo el aliento ni el color de los dientes. Se lleva el olfato, el gusto, la capacidad de oler el perfume que te regalaron o de disfrutar de verdad esa copa de vino del viernes. Se lleva energía. Se lleva años. Y muchas veces, lo hace en silencio.
El humo del cigarrillo, pero también del tráfico cotidiano, tiene un impacto en nuestra salud mucho más profundo del que solemos imaginar. Más allá de la irritación ocular o la nariz tapada, puede provocar broncoespasmos, dolor de cabeza intenso y agrava seriamente la situación de quienes padecen alergias o asma.
Los más vulnerables son los niños pequeños, los adultos mayores y quienes conviven con enfermedades respiratorias como la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Pero en realidad, nadie está completamente a salvo.
Lo que el tabaco hace por dentro, y no se ve
El humo del cigarrillo no se queda en los pulmones. Viaja. Incrementa el riesgo de cáncer de pulmón, laringe y labios; mancha los dientes; favorece enfermedades cardiovasculares y puede provocar accidentes cerebrovasculares. Y además deteriora dos sentidos que hacen a la calidad de nuestra vida diaria: el olfato y el gusto.
Esos que nos permiten disfrutar un plato rico, un buen vino, el perfume de una flor. Pero también los que nos alertan ante un escape de gas o la presencia de humo en casa. Perderlos no es un dato menor: es perder una parte de cómo experimentamos el mundo.
Los números de la Organización Mundial de la Salud son difíciles de ignorar: el tabaco mata a más de 7 millones de personas por año. Y de esa cifra, aproximadamente 1,6 millones son no fumadores, personas que simplemente estuvieron cerca del humo ajeno. El humo del tabaco no conoce límites, ni fronteras, ni excepciones.
Nosotras y el cigarrillo: una historia que vale la pena revisar
A nivel mundial, los hombres fuman significativamente más que las mujeres: más de un tercio del total de varones consume tabaco, frente a menos del 10% de las mujeres. Sin embargo, hay algo que la ciencia viene estudiando con atención: las motivaciones femeninas para fumar tienen sus propias características. Las mujeres tienden a ser fumadoras más sociales, es decir, encienden un cigarrillo ocasionalmente en reuniones, fiestas o situaciones grupales.
No es casualidad. Durante décadas, las grandes tabacaleras asociaron el cigarrillo con la emancipación, la sofisticación y el relax, y ese mensaje estuvo dirigido especialmente a nosotras. Hoy sabemos que esa promesa tenía un costo altísimo: además de todos los riesgos ya mencionados, el tabaco impacta directamente en la salud reproductiva femenina.
El enemigo invisible que respiramos cada día
El tabaco es la punta del iceberg. La contaminación del aire es una crisis global y silenciosa que nos afecta a todas. Las emisiones de monóxido de carbono por combustión doméstica y el dióxido de carbono de los motores de autos, colectivos y camiones también dañan nuestro organismo día a día.
Solo para dimensionar de qué estamos hablando: el humo del tabaco contiene más de 7.000 sustancias químicas. Al menos 250 de ellas son nocivas. Entre sus componentes: nicotina, alquitrán, monóxido de carbono, arsénico, plomo, mercurio y níquel. Metales pesados que el cuerpo va acumulando con cada cigarrillo, con cada bocanada.
El momento de actuar es ahora
Todo esto no es una advertencia sobre un futuro lejano: es lo que está ocurriendo en nuestra vida cotidiana, hoy. Proteger nuestra salud, y la de quienes amamos, es también una forma de cuidar el planeta que habitamos.
En este Día Mundial Sin Tabaco, la invitación es simple y poderosa a la vez: empezar. Un paso, una decisión, un día a la vez. "Soltá el humo y abrazá el bienestar y la calidad de vida que merecés."
Fuente: La Dra. Stella Maris Cuevas (MN 81701) es médica otorrinolaringóloga | Experta en olfato | Alergista. Expresidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA)

