Reservado como pocos cuando se trata de su vida privada, Iván de Pineda sorprendió al abrir su intimidad en una charla con Tatiana Schapiro para Infobae, donde habló de su historia de amor con Luz Barrantes, a quien llama “Pocha”, y con quien comparte su vida desde hace casi tres décadas.
“27 años ya que estamos juntos. Siento que fue ayer, es rarísimo. Nos conocemos y empezamos a interactuar a los 12, 13 años, una vida entera”, contó el conductor, dejando ver la solidez de un vínculo que creció con ellos.
“No hubo una primera cita”
Lejos de los relatos románticos tradicionales, Iván explicó que su relación no tuvo un inicio puntual, sino que fue evolucionando de manera natural.
“A veces hacíamos decenas y decenas de kilómetros para ir a un lugar, solo porque nos motivaba el tema del auto y la charla, y cuando llegábamos solo nos pedíamos unas papas fritas y una gaseosa, y la pasábamos súper, de una manera muy simple”, recordó.
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Y resumió esa dinámica con una frase que define su historia: “No hubo una primera cita”.

“No veo como particiones en la historia”, agregó, al intentar explicar una relación que nunca tuvo cortes, sino que fue transformándose con el tiempo. “En algún momento te empezás a dar cuenta que las cosas van para otro lugar... y hay que hacerse cargo”, reflexionó con una sonrisa cómplice.
“Me gusta estar presente”
En la entrevista, el conductor de Pasapalabra también habló de cómo sostiene el vínculo en el día a día, incluso con agendas exigentes.
“Sí, porque me gusta estar presente”, respondió cuando le preguntaron si es de escribir durante el día para saber cómo está su pareja.
Sobre el rol de Luz en su vida, fue contundente: “Ella es una crack en toda la cancha, la verdad es que es una fenómena. Después de tantos años, de todo este ida y vuelta tan fluido, de manejar situaciones cotidianas que rozan lo personal y lo profesional, es un apoyo enorme”.

Y sumó un detalle que refleja la dinámica de la pareja: “Encima llego a casa y me pregunta ‘che, ¿cómo te fue?’ o ‘¿estuvo bueno eso?’. Y la verdad es que está bueno eso, tiene que ser de esa manera”.
Su vida doméstica y su obsesión por el orden
Además de su historia de amor, Iván dejó ver su costado más cotidiano. “Me gusta cocinar, le pongo garra. Si recibo a alguien en casa me gusta recibirte bien, aunque sea con unas papas fritas, pero que te sientan bienvenida”, contó.
En ese sentido, también habló de una de sus características más conocidas: su obsesión por el orden, algo que, según explicó, está directamente vinculado a su vida de viajes.

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“Siempre lo fui. Imaginate que cuando viajo llego a un hotel, aunque sea una noche, y cuelgo las cosas. Es lo que me pasa. Y si me tengo que planchar las camisas, me las plancho”, reveló.
Y cerró con una reflexión que resume su lógica: “Para mí, en una vida desordenada de traslados, esta cosa de llego, abro el bolso, saco las cosas, me genera orden. Le pone al hotel un poquito de situación normal”.


