Inma Rubiales: "Encontré un refugio en los libros ante el bullying"
 

Inma Rubiales, del bullying a bestseller: "La escritura es una terapia que me ayuda a encontrar mi lugar en el mundo"

Inma Rubiales, del bullying a bestseller: "La escritura es una terapia que me ayuda a encontrar mi lugar en el mundo"
Con apenas 22 años, la autora española revolucionó la Feria del Libro de Buenos Aires. En una charla íntima con Para Ti, repasa su historia de superación, el refugio que encontró en la literatura y cómo la salud mental es el eje de sus historias.

Inma Rubiales es la escritora española que fue un verdadero suceso en la Feria del Libro de Buenos Aires. En un encuentro y una charla súper cálidos, Inma abrió su corazón para contarnos cómo vivió ese primer e intenso encuentro con sus lectores argentinos. Nos confesó que está disfrutando muchísimo de Buenos Aires y que, aunque su estadía fue breve, ya siente esas ganas de regresar incluso antes de irse.

Nacida en Almendralejo en 2002, esta joven autora que comenzó su camino en Wattpad a los 16 años, hoy es una de las máximas referentes del género Young Adult. Pero detrás de los millones de lecturas y el éxito de títulos como Hasta que nos quedemos sin estrellas, hay una mujer que usa la escritura como brújula.

En esta nota, nos sumergimos en qué la inspira a escribir y en ese riquísimo mundo interior que explora en cada obra para encontrar situaciones, personajes y sentimientos profundos. Hablamos de la sensibilidad, de cómo enfrentó el bullying y hasta nos dio varios tips de belleza sobre cómo cuida sus espléndidos rulos. Todo esto y mucho más en esta entrevista exclusiva con Inma Rubiales.

Primer encuentro con sus lectoras argentinas

¿Cómo estás viviendo esta primera visita a Buenos Aires?

— Estoy sintiendo que no me he ido todavía y ya tengo muchas ganas de volver. Estoy planificando si el año que viene, con las fechas para la FIL (N. de R: Feria Internacional del Libro), puedo venir, porque me está pareciendo espléndido. El cariño del público argentino me deja totalmente abrumada.

Toda esta locura, ¿no? De la FIL, que bueno, una siempre... a mí cuando me dijeron que el aforo de la sala iba a ser de 1000 personas, me pareció muy loco. Y me decía el equipo: "No, pero quedará gente fuera". Yo decía: "¿Pero cómo va a quedar gente fuera si 1000 personas es un montón?". Bueno, pues quedaron 5000 fuera; ¡fue mucha gente.!Y todo esto lo vivo siempre desde un punto un poco como si fuera de lejos, ¿sabés?

Es algo difícil de procesar. Al final, un escritor no está hecho para el mundo del espectáculo. Yo soy una persona a la que no le gusta mucho llamar la atención; tengo una vida muy normal en España, en Sevilla. Voy por la calle, me para gente, pero no es nada muy loco porque mantenemos perfiles muy bajos. Paso mucho tiempo sola en mi habitación, leyendo y escribiendo, y de pronto salir de tu cueva, venir aquí y ver que hay tanta gente que conecta con lo que hacés, es muy bonito pero difícil de aceptar. Todavía estoy flipando; creo que hasta que no vuelva a España no bajaré de la nube ni diré: "Wow, esto pasó de verdad".

Bueno, pero los latinos somos así, muy efusivos y cariñosos. Casi lo mismo todos, hablamos en una lengua tan hermosa, común y expresiva.

— Totalmente, estoy muy de acuerdo.

La escritura como refugio y terapia

Comentaste que desde muy chiquita sabías ya lo que querías hacer ¿Qué cosas notabas que ya te ponían en este camino?

— Empecé a escribir a los ocho años, saltándome las clases de conservatorio. Le puse el cuaderno a la bibliotecaria encima de la mesa y le dije: "Usted tiene que poner esto aquí porque yo quiero que la gente lo lea". Ya notaba que había encontrado un lugar donde me sentía entendida y escuchada. Lo pasé muy mal durante mi infancia y mi adolescencia porque viví una situación de bullying que me persiguió durante años, tanto a mí como a mi familia. Encontré un refugio en los libros, primero como lectura y después como escritura. De hecho, Un amigo gratis fue la primera novela de verdad que escribí, a los catorce años, y en ella el protagonista sufre una situación de bullying. Al releerla ahora para esta nueva edición, me he encontrado con una Inma que se sentía muy sola y plasmaba todas sus vulnerabilidades y miedos. Ha sido una reconciliación conmigo misma. Siempre tuve claro que la escritura es casi como una terapia que me ayuda a encontrar mi lugar en el mundo; seguiría escribiendo aunque no me leyera nadie.

Es como una terapia autoaprendida, ¿no?

— Totalmente; me ayuda mucho a ordenar mis emociones. Soy una persona que piensa muy rápido y muchas veces necesito hacer journal; abrir mi cuaderno y empezar a vomitar todo lo que siento. Conforme voy escribiendo, las emociones se van poniendo en orden y voy gestionando si algo es realmente dramático o no. Hago lo mismo con los libros.

¿Qué era lo que más te gustaba leer?

— La saga de Los juegos del hambre me marcó muchísimo y a día de hoy creo que tiene una gran crítica social del panorama actual. Ahora leo a muchas mujeres y literatura romántica: Andrea Longarella, María Martínez, Alice Kellen. Pero también literatura contemporánea: Rosa Montero, Marta Jiménez Serrano o Hamnet de Maggie O'Farrell. Me llevo varias recomendaciones de autoras argentinas porque compartimos una manera de ver la vida pese a la distancia. Hay situaciones universales que me ayudan a ver que otras mujeres han pasado por ahí y me hace sentir que no soy un bicho raro.

El compromiso con la salud mental

Esa parte sensible que le ponés a tus obras sobre la salud mental está muy vigente hoy en día. ¿Por qué es tan importante para vos hablar de ese tema?

— Hablo de salud mental por tres motivos. El primero es porque mi madre es psicóloga y no puedo renegar de mis orígenes; ella me ha hablado de salud mental desde que yo era un mico, así que para mí está a la orden del día y yo ya hablaba de esto antes de que se quitara el tabú. Luego porque creo que está tan presente en nuestro día a día que no hablar de ello en una novela contemporánea sería como evitar algo a propósito. Y lo tercero es porque considero que tengo un gran altavoz con el que puedo llegar a mucha gente joven que está en la adolescencia, que es un momento en el que todos estamos perdidos. Entender que ir a terapia no nos hace débiles, sino fuertes y valientes, es mi pequeña aportación. Espero que mis novelas puedan ser un lugar de confort.

— ¿Sentís que algunos lectores se comunican a través de las redes o llegan a vos y te dicen: "Me re ayudó esta historia"?

— Mucho. De hecho, es el comentario que más se repite. No considero que escriba historias de trama, sino de personajes, donde pesan sus miedos e inseguridades. Ni siquiera son historias de romance al uso; hablan del amor hacia uno mismo, hacia la familia o la amistad. Son personas rotas que se encuentran y se acompañan. Me parece muy bonito cuando vienen las chicas diciéndome que se han visto reflejadas y, sobre todo, cuando vienen padres a darme las gracias porque su hija ha visto en mi libro un abrazo.

¿En qué etapa de tu trabajo estás actualmente, escribiendo alguna historia?

— Ahora mismo estoy de promoción de Un amigo gratis, que en España sale la semana que viene; aquí ya lo tienen en primicia. Estoy haciendo mi tour por Latinoamérica, luego por España y mientras tanto trabajo en próximas novelas que quizás saldrán para 2027.

¿Nos podés adelantar por qué lado vas a ir? ¿Seguimos con personajes fuertes?

— Sí, sin duda. Seguiré en la línea del new adult, con personajes profundos e historias de romance. La siguiente novela en la que estoy trabajando tiene un poco más de complejidad que otras obras que he hecho antes; esa es la razón por la que habrá un espacio más grande entre lanzamientos.

La observación y los rituales de creación

Comentaste que tu historia personal y tu forma de sentir el mundo te ayudan mucho a escribir. ¿Qué otras cosas sentís que te inspiran o te motivan?

— Todo. Voy por la vida con los ojos muy abiertos. A mis amigos les digo de broma: "Cuidado con lo que me decís porque igual lo acabo metiendo en un libro". Soy muy observadora y me fijo en detalles pequeños. Leo mucho el lenguaje corporal; por ejemplo, capto miradas entre amigos que duran un segundo de más y ya sé que están juntos antes que ellos. Registro gestos y manías que la gente tiene normalizadas para crear mis personajes.

Para describir tanto hay que observar mucho, es lógico.

— Exacto. Y también hay muchas cosas de ficción y experiencias de amigas. Es igual que las cantantes: si algo no sale bien, escribo un libro y mis lectoras ya se reirán del tema conmigo.

Varias mujeres consagradas comentaron que en algún momento de sus vidas sufrieron bullying ¿Por qué crees que pasa tanto?

— Es muy triste. He notado que muchas personas que se dedican al arte han tenido situaciones así. Me da la impresión de que es porque tenemos algo que nos hace diferentes y, por desgracia, cuando eres niño la diferencia se castiga. A mí me pasaba con el pelo; todas mis amigas lo tenían lacio y yo soñaba con ser una más del rebaño para encajar. Era una niña muy creativa, con una sensibilidad especial, que lloraba por todo y usaba palabras rimbombantes. Creo que eso hacía que ciertas personas no me tomaran en gracia. Cuando decía que quería ser escritora, muchos adultos me decían que solo lo conseguía uno entre un millón. Pero alguien tiene que ser ese uno, ¿y por qué no podía ser yo? La moraleja es que lo principal es confiar en uno mismo y rodearse de gente que te anime; el resto es solo ruido.

- ¿Tenés algún ritual especial al escribir?

— Tengo que escribir siempre con el pelo recogido porque si no me molesta. Utilizo un gorro de satén para los rulos que ya le he recomendado a todo el mundo. Me gusta estar muy cómoda, en pijama, sin que nadie me moleste y con música; no soy capaz de escribir en silencio. Tengo canciones en bucle para cada escena. Este año me pasó algo gracioso: me obsesioné con una canción instrumental y, cuando quise guardarla, resultó ser una canción de Minecraft. Me salió en el Wrapped de Spotify junto a Taylor Swift.

No nos podemos despedir sin que me digas cómo mantenés tus rulos, se ven increíbles...

— Soy súper maniática. Para mi gira por Argentina me traje un neceser de cuatro kilos con todo tipo de productos. Mi pelo pasó de darme vergüenza a ser algo que me representa y que cuido especialmente; si me hace destacar, que sea para bien. Uso un montón de productos, fijador, me seco el pelo boca abajo y duermo con el gorro de satén todos los días. ¡Algún día grabaré un tutorial de mis rizos!

 
   

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