La tragedia ocurrida en las islas Maldivas sigue conmocionando a Italia y al mundo entero. Mientras continúan las tareas de rescate y la investigación para determinar qué ocurrió durante la inmersión fatal en el atolón Vaavu, se conocieron las últimas palabras de Monica Montefalcone, la reconocida bióloga marina que murió junto a su hija Giorgia Sommacal y otros tres buzos italianos.
Montefalcone, de 51 años, era una prestigiosa científica especializada en ecología marina y biodiversidad acuática. Había viajado a Maldivas junto a un grupo de investigadores y expertos en buceo para participar de una expedición vinculada al estudio de los corales y el impacto del cambio climático sobre los ecosistemas marinos. La inmersión, sin embargo, terminó convirtiéndose en el peor accidente de buceo registrado en la historia del archipiélago.
Según reconstruyó el diario italiano Corriere della Sera y replicó Clarín, la científica había enviado un mensaje pocas horas antes de descender al mar junto a su hija, de 22 años, los investigadores Muriel Oddenino y Federico Gualtieri, y el capitán Gianluca Benedetti.

“Es fundamental observar el entorno submarino, que sigue siendo demasiado desconocido para el público en general, ya sea con nuestros propios ojos o a través de la lente de un robot”, escribió Mónica a una amiga y colega a las 22.15 del miércoles, durante la última noche que pasó a bordo del yate Duke of York.
El mensaje, atravesado por la pasión que sentía por el océano y la investigación científica, hoy adquiere una dimensión profundamente conmovedora.
El último contacto con su familia
Además de ese intercambio con una colega, Monica también le escribió a su esposo, Carlo Sommacal, para preguntarle cómo estaba él junto a Matteo, el hijo menor de la pareja, y quiso saber cómo estaban los tres gatos de la familia.
Horas más tarde, al amanecer, se prepararía para realizar la inmersión que terminaría en tragedia.
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La científica era considerada una referente internacional en el estudio de la Posidonia oceánica, una planta marina que investigó durante más de 25 años y sobre la cual obtuvo un doctorado en 2007. También participaba activamente del proyecto “Mar Cálido” de Greenpeace, dedicado al monitoreo de los efectos del cambio climático sobre los mares italianos.

Nacida en Milán y radicada en Génova, Monica daba clases en el Departamento de Ciencias de la Tierra, del Medio Ambiente y de la Vida de la Universidad de Génova, institución que confirmó que dos de las víctimas, ella y Muriel Oddenino, formaban parte de una campaña científica oficial en Maldivas.
La búsqueda desesperada y las hipótesis de la tragedia
La desaparición del grupo fue advertida luego de que pasaran varias horas sin que los buzos regresaran a la superficie. Según contó Stefano Vanin, profesor asociado de Zoología de la Universidad de Génova y amigo cercano de Monica, las condiciones climáticas eran buenas y el mar estaba en calma.
“Después de una hora no los vimos reaparecer en el punto acordado, ni siquiera vimos la boya que debería haberlos precedido, así que comenzamos a patrullar la zona”, explicó al Corriere della Sera.

Vanin detalló además que cerca del barco se encontraba la embarcación de apoyo con los tanques y el equipamiento, manejada por personal local. Cuando notaron que algo no estaba bien, comenzaron inmediatamente las tareas de búsqueda junto a otros barcos de la zona y posteriormente con intervención de la Guardia Costera de Maldivas.
Hasta el momento, el único cuerpo recuperado fue el de Gianluca Benedetti, hallado dentro de una cueva submarina a unos 60 metros de profundidad y con el tanque de oxígeno vacío.
Los investigadores manejan varias hipótesis sobre lo ocurrido: desde una posible desorientación dentro del complejo sistema de cavernas submarinas hasta un problema con la mezcla de gases de los tanques o un incidente que haya obligado al grupo a intentar asistir a uno de los integrantes atrapado bajo el agua.
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“El mar era su vida”
En las últimas horas también tomó enorme repercusión el testimonio de Carlo Sommacal, esposo de Monica y padre de Giorgia, quien aseguró que le resulta imposible creer que su esposa haya actuado con imprudencia.

“Jamás tomaría riesgos ni pondría en peligro a nuestra hija ni a nadie”, afirmó en declaraciones al diario español El Mundo.
El hombre describió a su esposa como “una sirena” y recordó que el mar era mucho más que una pasión para ella. “Tenía 64 latidos en tierra y 48 bajo el agua. Nunca la vi entrar en pánico. El mar no era una pasión: era su vida”, expresó devastado.
También habló sobre el vínculo entre Monica y Giorgia, quien estaba a punto de graduarse en ingeniería biomédica y había heredado el amor de su madre por el océano y el buceo. “Hicieron más de 500 inmersiones juntas, vivían en simbiosis”, contó.



