Ana Paula Portela ya tenía a Nina y a Vito cuando fue diagnosticada de cáncer: “Aprendí a ser otra mamá y a darle más tiempos a mis hijos”

Ana Paula Portela tiene 34 años y es profesora de Nivel Inicial. Es mamá de Nina (4 años) y Vito (2 años) y hoy está recuperada de un cáncer de mama que venció luego de dos años de tratamiento. En primera persona, nos cuenta cómo se enteró de su enfermedad y cómo atravesó ese proceso. Un ejemplo de vida, de superación y de mujer.

Ana Paula Portela, 34 años.

En noviembre del 2018 cuando ya estaba por cerrar el año, pensando en qué íbamos a hacer para Navidad y proyectando las vacaciones, la vida me tenía esperando un fin de año un tanto especial. Hacía dos meses que había nacido Vito, mi segundo hijo. Tuve la suerte de atravesar dos embarazos increíbles, con salud física y mental y mis hijos nacieron por parto natural como lo había deseado e imaginado.

Tuve la satisfacción de amamantar, a mi hija mayor Nina le di lactancia prolongada por casi 19 meses y a Vito le pude dar el tiempo que mi cuerpo me lo permitió.

Era medidos de octubre del 2018. Una mañana como cualquier otra, levanté a Vito de su moisés y lo puse en mi teta izquierda para alimentarlo… Ese día no iba a ser como cualquier otro. Me sentí un bulto muy importante que el día anterior no estaba y a partir de ese día comencé mi lucha por conseguir un diagnóstico, porque siendo una mujer joven, habiendo tenido hijos y sobre todo no teniendo antecedentes en mi familia de cáncer de mama. Fue un poco difícil llegar al resultado, pero a fines del mes de noviembre con ecografía y punción de por medio llegamos al diagnóstico: tenía cáncer.

Ana Paula, con Vito y Nina.

Lo podría describir como una piña en la cara, algo que realmente no me lo esperaba.  Cuando comencé mi periplo para llegar al diagnóstico, todos me decían que no podía ser, pero yo escuché a mi cuerpo. Me estaba dando señales de que algo no estaba funcionando bien.

A los tres días de recibir la noticia, ya estaba en una clínica realizándome todos lo estudios pertinentes como tomografía, centellograma y varios análisis para saber si el cáncer estaba había avanzado a alguna otra parte de mi cuerpo. Y afortunadamente sólo estaba en mi mama.

En menos de una semana, ya estaba sentada en un sillón de quimioterapia practicándome la primera sesión. Mi vida cambió. Dejé un poco de ver a los médicos que tienen que ver con la maternidad, como mi obstetra o el pediatra, para incorporar a mi mundo al mastólogo y a la oncóloga.

En un un año y medio, atravesé 33 sesiones de quimio, 25 de radioterapia, una mastectomía, perdí mi mama izquierda,  pero ahora tengo un hermoso expansor y una mama muy bien lograda gracias a mi mastólogo.

“Logré transformarme como persona y a disfrutar más de mis hijos”

“Es muy importante que uno ponga todo de su parte para superar la enfermedad”, dice Ana Paula.

El proceso no fue fácil pero tampoco fue imposible. Realmente hoy llevar un tratamiento oncológico es sencillo si uno se entrega y confía en los profesionales. Hay que escucharlos y es muy importante que uno ponga todo de su parte para que así lo sea.

Hoy las quimioterapias están muy cuidadas, por supuesto que hay daños colaterales físicos pero realmente el confiar, el entregarse y sobre todo tener muy claro que vas  salir de esa situación, es fundamental. Con el resultado de la punción y el diagnóstico yo me dije a mí misma: “no me voy a morir, no hay posibilidades de eso. Tengo a Nina y a Vito que necesitan  a su mamá”. Tomé el compromiso de la maternidad.

La verdad que fue duro por momentos pero por otros estuvo bueno, porque yo pude acompañar a Vito en todo su proceso de crecimiento y aprendizaje, ya que el bebé tenía 2 meses y medio y pudimos pasar mañanas enteras los dos solos en casa. Él era mi compañero cuando me tenía que quedar más tiempo en cama, y me hacía reír con sus carcajadas.

Una de las cosas más duras que me tocó atravesar fue cuando el mastólogo me dijo que tenía que cortar la lactancia ya que con la medicación de la quimio no podía seguir haciéndolo. Amo dar la teta, la conexión que se genera madre e hijo, pero con la mamadera pudimos continuar con ese vínculo que se genera de comunicación especial.

Ana Paula hoy ya está recuperada y disfruta su día a día

“Disfruta mucho el día a día”

Nina me acompañó en todo el proceso, desde ir a la peluquería a cortarme el pelo antes de empezar la quimio, a todos esos momentos en los cuales ella me miraba ponerme el turbante para salir a la calle y acariciándome me preguntaba si estaba bien y si me iba a recuperar… Todo eso me daba más fuerzas todavía para seguir luchando.

Con esta situación pude ser otra mamá ya que antes estaba a full todo el día, entre el trabajo y los quehaceres de la casa, no podía dedicarle el tiempo que mis hijos necesitaban. Y el cáncer me frenó, vino a decirme “priorizate vos y disfrutá de tus hijos todo el tiempo, de estar en tu casa, de hacer pijamadas más seguido, de compartir muchos momentos como contarnos un cuento”. Recuerdo que muchas noches que yo no me sentía bien, Nina venía a mi cama y ella me leía un cuento a mi para que pudiera dormir tranquila: eso fue hermoso.

Otra de las cosas que me quedaron grabadas era el momento en el cual Nina me ayudaba a maquillarme, porque yo había perdido las cejas… Entonces ella buscaba sus maquillajes y con sus manitos me las pintaba, y así compartíamos miles de momentos que van a  quedar grabados en mi cabeza y mi corazón.

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Ana Paula con Vito.

El cáncer vino a transformarme como persona. Antes de esto, Ana Paula era otra, y a partir de todo lo vivido logré otros valores y prioridades.

Todas las personas que atravesaron esta enfermedad me lo decían: “el cáncer te va a transformar, yo no lo entendía. Es más, pensaba “yo no quiero transformarme, ya estoy enferma y encima ¿me voy a transformar?”… Pero después, con el tiempo lo vas  entendiendo.

Entendí que me conectó mucho más con mis emociones, mucho más  con la vida, y esa famosa frase del “disfrutá el día a día”: es así. El ser jóvenes no nos garantiza la salud ni tampoco tener una vida larga. Es valorar y entender que no necesitamos grandes cosas sino que tenemos que agradecer que nuestro cuerpo esté sano ya que eso nos va a permitir conseguir muchas cosas y a disfrutar de todos los momentos.

Hoy puedo decir que el camino fue duro, pero hoy me puedo parar frente al espejo y me puedo reconocer. Me costó mucho durante un tiempo pero hoy me vuelvo a encontrar. Me pone contenta mi pelo nuevo, tengo ganas de pintarme las uñas y de maquillarme, y pienso en la ropa que me voy a poner y en como voy a lookear... Antes no me detenía en esas cosas.

Muchas mujeres durante el tratamiento usan peluca; yo decidí no usarla. Veía que esas mujeres tenían ganas de seguir siendo mujeres, pero no entendían que el hecho de estar enfermas o tener cáncer no hace que dejen de serlo. Cada una tiene sus tiempos y sus procesos, y yo hoy estoy parada desde otro lugar. Me siento transformada y que realmente el cáncer me potenció y me dio otra oportunidad.

Claro que tengo miedos pero entiendo que es fundamental el mensaje que le doy a mi cuerpo porque la cabeza tiene que estar segura de que está todo bien. Hay que cuidar el cuerpo y hacerse controles.

Y con respecto a la maternidad, es tan importante para mí acudir a los llamados de mis hijos cuando me llaman “mamá”, cuando me necesitan… A la noche, antes de irse a dormir, Nina me pide “mamá, acariciarme” o estar ahí para Vito, para levantarlo y abrazarlo. Cuando estoy en casa, estoy conectada con ello y lo disfruto un montón.

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