Una viga de madera, una columna de hierro, las marcas sobre un muro: todo guarda algo de quienes estuvieron allí. Cuando Lucía Quinteros entró al Palacio Molina, antigua fábrica de Alpargatas y sede de Casa FOA 2026, sintió que esas huellas debían formar parte del proyecto.
Junto a la diseñadora de interiores Ana Paula Ferrua, imaginó el Espacio 7, Cocina y comedor, como un encuentro entre esa memoria y una arquitectura contemporánea, serena y esencial. Una intervención completamente reversible, que parece flotar dentro del edificio y se organiza alrededor de una isla pensada para cocinar, compartir y hacer una pausa.

En su tercera participación en la exposición, la arquitecta y CEO de REN Studio quiso explorar cómo nos sentimos al atravesar un ambiente. Los contrastes entre luz y oscuridad, lo pesado y lo liviano, e incluso entre distintos aromas, construyen esa experiencia.
Durante una charla con Sole Solaro para Para Ti Deco, Lucía habló de su proceso creativo, de la autoexigencia y de una idea que atraviesa su trabajo: el bienestar también puede encontrarse en la simpleza.

Crear con libertad y escuchar la historia del edificio
—Es tu tercer año en Casa FOA. ¿Qué significa para vos volver a participar?
—Estoy muy contenta. Es un lugar donde amo estar porque uno puede venir a volar con creatividad sin límites. Todos los días trabajamos con clientes que tienen sus requisitos, sus pedidos y sus estilos. Esto es volcar nuestra propia identidad al espacio.
—Cuando viste el lugar, ¿qué idea o sensación te llevó a imaginar este proyecto?
—Cuando entramos, entendimos que estábamos en un edificio muy importante, que había funcionado como fábrica de Alpargatas y después había pasado muchos años abandonado. Había toda una mística que nos hizo reflexionar sobre el abandono del patrimonio histórico. Queríamos que los visitantes pudieran ver eso.

Diseñamos un proyecto que se diferencia mucho de la arquitectura existente y dejamos lo que está por fuera de esta casa, que es la cocina, como un museo. Queríamos que el público pudiera ver el paso del tiempo en los materiales, en las arcadas, en las vigas de madera y en las columnas de hierro fundido, sin pintarlas ni borrar la edad del edificio. Generar esa dualidad entre lo histórico y lo contemporáneo.
—Después de las menciones y de la repercusión de tus participaciones anteriores, ¿sentiste más presión en esta edición?
—Sí, obviamente. Nos estuvo yendo muy bien los primeros años y, de alguna manera, la gente ya espera algo de uno. Pero no deja de ser, de nuevo, una hoja en blanco. No es que por estar en cierto lugar tengas algo facilitado.
Fue un desafío muy grande. Soy muy autoexigente y, aunque hay ciertas cosas que un diseñador ya sabe que funcionan, estoy todo el tiempo buscando salir de mi zona de confort.

El desafío de salir de la zona de confort
—¿Qué reconocés como tu sello? ¿Qué sentís que te funciona?
—Tenemos un estilo muy neto, muy minimalista, de tonos cálidos y claros, con ambientes muy acogedores y elegantes.
—¿Y qué significó salir de esa zona de confort en este espacio?
—Dejar toda esa cáscara tal cual estaba, trabajar con el negro, que es un color al que le tenemos mucho respeto, y hacer algo muy conceptual.

Quizás no es un proyecto que se pueda trasladar tal cual al departamento de un cliente. Es más como un museo, una experiencia inmersiva que uno viene a visitar, recorrer y entender: la historia de un lugar y sus distintas capas de tiempo.
Está la capa de lo que esto fue y una capa ultracontemporánea, casi futurista, con los materiales que estamos incorporando.
—Las piezas parecen flotar. ¿Cómo trabajaron esos contrastes?
—Llevamos el contraste entre lo antiguo y lo contemporáneo a todo: la parte de afuera oscura y la de adentro clara; lo de afuera pesado y lo de adentro liviano.
También está en los aromas: afuera, uno más amaderado, más pesado; adentro, uno más floral. Y en la iluminación. Está todo pensado.
—¿La intención era que el visitante viviera una experiencia completa?
—Cien por ciento. Como arquitecta, siempre estoy buscando que la gente tenga una experiencia que atraviese todos los sentidos, más allá de ir a ver un espacio meramente estético.
Para mí, ese es el valor agregado: diseñar cómo te vas a sentir en un espacio cuando lo atravesás.
Qué es el lujo hoy y cómo llevarlo a casa
—Cuando recorrés Casa FOA y ves el trabajo de tus colegas, ¿también te nutrís de esas miradas?
—Sí, un montón. Para mí, algo buenísimo de Casa FOA es que haya tantas visiones y miradas diferentes entre sí. Eso es muy nutritivo para los visitantes. Se nota mucho que la búsqueda de algunos expositores es muy diferente de la de otros.
—¿Qué te gustaría que alguien se llevara de tu espacio para incorporar en su casa? Algo sencillo, que pueda aplicar.
—Para mí, el lujo no se define por materiales caros o por espacios grandes.
—Entonces, ¿cuál es el nuevo lujo?
—No hace falta tener un espacio superamplio ni materiales supercaros. El lujo a veces está en la simpleza de los materiales.
Tengo un estilo muy minimalista porque, para mí, el orden visual te lleva a un orden interno. Creo que eso se puede trasladar muy fácilmente a la casa de cualquiera que visite el espacio.
La cocina como lugar de encuentro
—En tus proyectos aparece mucho la invitación a compartir y disfrutar. ¿Qué importancia tienen esos lugares para vos?
—Muchísima. Esta vez nos tocó diseñar una cocina, un espacio cuya función cambió un montón a lo largo de las últimas décadas. Antes era un área de servicio, más dejada de lado, y cada vez se volvió más central en la vida cotidiana.
Es un espacio muy de encuentro.
—¿Eso también aparece en los pedidos de tus clientes? ¿Buscan una cocina con una barra donde puedan compartir?
—Cien por ciento. Es un espacio cada vez más vivido. Deja de ser un área de servicio y pasa a ser un área social de la casa, donde uno empieza a invitar.
Eso ocurre hace muchos años, pero hoy, cuando las pantallas y la tecnología ocupan una parte tan grande de nuestra vida, lo lindo de esta cocina es que invita al encuentro, a pasar tiempo con uno mismo y a compartir. Al diálogo.
—¿Qué materiales o recursos no pueden faltar en tus diseños?
—La madera, la piedra, los materiales naturales y reales. Y, por sobre todas las cosas, la iluminación. Es una de las cuestiones más importantes a la hora de trabajar el diseño.
—¿Esa combinación permite reconocer un proyecto de REN Studio?
—Cien por ciento. Con una mirada más minimalista, más neutral y más despojada.
Look de Sole Solaro: DelaOstia
Fotos: Diego García
Video: Cande Casares

