Cada invierno trae consigo algo más que bajas temperaturas. Trae también una conversación silenciosa que muchas veces pasa inadvertida: la conversación de las excusas.
"Cuando mejore el clima, voy a empezar."
"Cuando tenga más energía, vuelvo a entrenar."
"Cuando pase esta etapa, retomaré mis proyectos
Ni hablar si tenemos niños pequeños y estamos atravesando las vacaciones de invierno como ocurre en estos momentos con muchas familias. Así, y casi sin darnos cuenta, comenzamos a postergar aquello que declaramos importante.
El frío deja de ser una condición climática para convertirse en una explicación que justifica nuestra inacción. Sin embargo, la pregunta relevante no es qué ocurre afuera, sino qué ocurre dentro de nosotros cuando renunciamos, aunque sea temporalmente, a los compromisos que asumimos con nuestra propia vida.
Desde el coaching ontológico observamos que los seres humanos no actuamos únicamente en función de las circunstancias. De hecho, actuamos, fundamentalmente, en función de las interpretaciones que construimos acerca de ellas.
Dos personas pueden atravesar el mismo invierno. Una encuentra razones para detenerse. La otra encuentra motivos para reorganizarse. La diferencia no está en la temperatura; está en la conversación interna que sostiene cada una.
Vivimos una época que nos invita constantemente a reaccionar. Las exigencias cotidianas, la incertidumbre económica, la aceleración tecnológica y la sobrecarga de información consumen gran parte de nuestra energía. En ese contexto, abandonar nuestros compromisos personales parece razonable. Lo preocupante es cuando esa renuncia se vuelve un hábito.
De este modo, cada vez que incumplimos una promesa que nos hicimos a nosotros mismos, algo se erosiona. No siempre se ve. No siempre duele de inmediato. Sin embargo, lentamente comienza a debilitarse la confianza personal, esa capacidad de reconocernos como personas que honran su palabra.
Y la palabra es mucho más que un conjunto de sonidos. La palabra –el lenguaje -crea realidad. Con ella declaramos objetivos, establecemos relaciones, asumimos responsabilidades y diseñamos futuros posibles.
Por eso, recuperar el compromiso con uno mismo no implica realizar grandes transformaciones de un día para otro. Implica volver a preguntarnos qué es verdaderamente importante y qué pequeñas acciones podemos sostener aun cuando las condiciones no sean ideales.
Quizás no podamos hacer todo lo que habíamos planificado. Probablemente podamos hacer algo: una llamada pendiente; una caminata breve; una conversación necesaria; una página escrita; un aprendizaje retomado.
Porque la disciplina no consiste en esperar la motivación perfecta. Consiste en actuar desde el sentido, incluso cuando la motivación fluctúa. En ese sentido, tal vez el verdadero desafío de este invierno no sea padecer el frío. Tal vez sea evitar que nuestras excusas congelen nuestros sueños.
Desde la AACOP (Asociación Argentina de Coaching Ontológico) promovemos una cultura basada en la responsabilidad, la consciencia y el aprendizaje continuo. Creemos que cada persona posee la capacidad de revisar sus conversaciones, ampliar su mirada y generar nuevas posibilidades de acción para sí misma y para su comunidad.
Porque el liderazgo comienza mucho antes de dirigir a otros. Comienza en la relación que cada uno construye con su propia palabra. Y es precisamente en los días más fríos, cuando la comodidad nos invita a detenernos, donde se presenta una oportunidad extraordinaria: la de recordar quiénes dijimos que queríamos ser.
Fuente: María Ivonne Orquera es Master Coach Ontológica Profesional. Vicepresidente 1° de Asociación Argentina de Coaching Ontológico Profesional (AACOP)

