En algunas relaciones de pareja, los celos dejan de ser una emoción ocasional para transformarse en un modo de vínculo sostenido por la sospecha, la vigilancia y la necesidad constante de controlar al otro. Para el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedín, este tipo de dinámicas pueden explicarse a partir de lo que denomina personalidades con rasgos paranoides.
“Las personalidades paranoides son desconfiadas o suspicaces: perciben a los demás como una amenaza potencial”, explica el especialista, y agrega que en estos casos la sospecha no siempre se apoya en hechos concretos. “Creen que sólo unos pocos merecen su confianza, que sus amigos les son desleales o que sus parejas les son infieles”.
"Un día lo descubrí revisándome los mails"
En uno de los ejemplos que utiliza para describir este funcionamiento, Ghedín relata una escena que aparece con frecuencia en consulta: “Un día lo descubrí revisándome los mails y se hizo el distraído: otro día lo agarré con mi celular… tuvo que confesar que tenía sospechas de que yo le era infiel. No tenía ningún dato fehaciente… todo lo construía su cabeza”.
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A partir de esa lógica, la vida cotidiana empieza a organizarse alrededor de la sospecha. “No podía dejar de desconfiar”, resume el especialista sobre este tipo de vínculos, donde cualquier gesto puede ser interpretado como una señal de engaño.

En ese contexto, el control se vuelve una práctica habitual. “Son capaces de organizar pesquisas con el fin de agarrar ‘in fraganti’ a la pareja. Revisan mensajes, e-mails, papeles y están atentos a cualquier movimiento”, detalla Ghedín. La necesidad de confirmar lo que se sospecha instala una dinámica de vigilancia constante que impacta directamente en la intimidad.
"Las personalidades paranoides buscan parejas sumisas y dependientes"
Incluso la vida sexual puede verse atravesada por esta lógica. “A la hora de tener sexo la idea de celotipia puede estimularlos, mezclándose el impulso sexual con ira y desinhibición”, señala el especialista, quien advierte que el eje del vínculo deja de ser el disfrute para pasar a ser el control.
Uno de los puntos más delicados del análisis tiene que ver con la elección de pareja. Según Ghedín, en algunos casos estas personalidades buscan vínculos donde puedan ejercer dominio: “Las personalidades paranoides buscan parejas sumisas y dependientes para ejercer su control. No aceptan la autonomía ni ningún otro cambio que favorezca la igualdad”.
Cuando la dinámica se instala, la desconfianza pasa a ocupar un lugar central en la vida emocional. “La persecución con el afán de saber con quién, cuándo y dónde ocupa el centro de la vida de la persona doliente”, explica el especialista, quien advierte que en esos casos la relación deja de sostenerse en la confianza.
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Cómo y dónde buscar una solución
No todas las situaciones son irreversibles, aclara. En algunos casos, la toma de conciencia puede abrir la posibilidad de cambio. “La terapia individual o familiar ayuda a afrontar el problema”, señala Ghedín, especialmente cuando existe cierta flexibilidad en la forma de percibir al otro.
El límite, según el especialista, aparece cuando la sospecha deja de ser un episodio aislado y se convierte en la base del vínculo. Allí, la relación deja de ser un espacio de confianza para transformarse en uno de control permanente.


