"Tenemos que darnos permiso al sufrimiento, al error y al fracaso": Adela Sáez Cavia, entrendora socioemocional - Revista Para Ti
 

"Tenemos que darnos permiso al sufrimiento, al error y al fracaso": Adela Sáez Cavia, entrendora socioemocional

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Tras más de 25 años en el mundo corporativo, Adela Cavia dio un giro profundo en su vida para dedicarse al bienestar y la resiliencia. Hoy acompaña a otros a reconectar con su propósito y a atravesar sus propios procesos de transformación.
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Durante más de dos décadas, Adela Sáez Cavia construyó una carrera sólida en el mundo corporativo, liderando equipos y atravesando escenarios de alta exigencia. Sin embargo, su historia no es la de un quiebre abrupto, sino la de una transformación profunda y consciente, que fue tomando forma con el tiempo.

El punto de inflexión no llegó como una crisis, sino como una inquietud: el deseo de aprender algo nuevo. Ese impulso la llevó a formarse en counseling, una experiencia que no solo amplió su mirada, sino que también le abrió la puerta a un universo completamente distinto. Así, casi de manera natural, comenzó a gestarse el cambio.

Hoy, más de una década después, Adela trabaja acompañando a otros en sus propios procesos, poniendo el foco en el bienestar y la resiliencia. Conceptos que, cuando ella comenzó, no formaban parte de la conversación cotidiana, pero que hoy resultan esenciales en un contexto atravesado por la incertidumbre.

Desde su experiencia, la resiliencia no es solo la capacidad de sobreponerse a la adversidad, sino de hacerlo con sentido, transformando ese recorrido en algo que pueda ser compartido con otros. Una construcción que, según sostiene, nunca es individual, sino que se teje en vínculo con los demás.

Adela Cavia se dedica a hacer asesoramiento socioemocional.
Adela Cavia se dedica a hacer asesoramiento socioemocional (@adela.cavia)

Su recorrido profesional, lejos de quedar atrás, se integra hoy como una herramienta clave en su trabajo. Haber transitado espacios de liderazgo le permite conectar de manera genuina con quienes hoy acompaña, entendiendo desde adentro las tensiones, desafíos y responsabilidades que implica ese rol.

Además, su libro ¿Qué te apasiona? surge como una extensión de ese camino: una invitación a detenerse en medio del ruido cotidiano y volver a preguntarse por aquello que da sentido. No desde una mirada idealizada, sino reconociendo también las dificultades que implica ese proceso.

En un contexto donde muchas personas se sienten desorientadas respecto a su rumbo laboral y personal, su mensaje es claro: el primer paso siempre es hacia adentro. Reconectar con uno mismo, incluso con las partes más incómodas, es clave para poder construir algo más auténtico.

A continuación, la entrevista completa con Adela Cavia, donde comparte su historia, sus aprendizajes y su mirada sobre el bienestar, la resiliencia y el propósito.

Adela Sáez Cavia a solas con Para ti

- Durante más de 25 años trabajaste en el mundo corporativo. ¿En qué momento empezaste a sentir que querías cambiar de rumbo?

- Siempre amé lo que hice a nivel laboral. Fui muy feliz en cada uno de los trabajos que tuve y con las personas con las que hice equipo y desarrollé proyectos. Sin embargo, y solo porque quería aprender cosas nuevas, 3 años antes de renunciar al mundo corporativo empecé a estudiar Counseling, una carrera que es terciaria en nuestro país, pero que me pareció preciosa y me abrió todo un mundo diferente. El día que me recibí de counselor, renuncié a Molinos Río de la Plata que fue mi última asignación corporativa. Pero no fue algo buscado o planeado… fue sucediendo así. No fue un portazo, fue un proceso lento

- ¿Hubo un quiebre puntual o fue un proceso gradual el que te llevó a dejar esa vida y empezar de nuevo?

- Fue algo gradual. Y que se fue dando en paralelo. Por un lado, descubrir el mundo del desarrollo personal y por otro el deseo de empezar a hacer cosas nuevas. Estando en el mundo corporativo yo trabajé en temas de mucha intensidad, como la prevención y gestión de crisis y el cambio cultural en organizaciones, así que diría que el proceso fue madurando muy de a poco. Estoy muy agradecida de todo lo que viví y aprendí trabajando en empresas. Tuve grandes maestros/as de muy diversas industrias. Fueron años realmente muy, muy gratificantes. Y el cambio se fue dando muy de a poco. Siempre digo que mi recorrido de vida y laboral tiene mucho sentido para mí, aunque de afuera tal vez no se vea tan así. 

- Dar ese salto no es fácil. ¿Qué miedos tuviste antes de tomar la decisión y cómo los atravesaste?

- Lo que más temor me daba era no tener el paraguas de una gran corporación. Pensá que por 30 años siempre trabajé en grandes empresas y eso da una cierta seguridad, económica, pero también emocional. Las personas muchas veces olvidamos que es muy importante ser parte de algo más grande (como es una empresa) porque eso genera seguridad psicológica y formas parte de una red de personas, de equipos… La verdad es que cuando renuncié tenía una plataforma para vivir un año sin necesidad de generar ingresos, pero nunca necesité usarlos, porque muy pronto empecé a tener clientes y proyectos. Pero la incertidumbre siempre está, aún hoy. E intento atravesarla con calma. Hoy, 12 años después de esa decisión, lo que más extraño del mundo corporativo sigue siendo lo mismo que antes: tener o ser parte de equipos grandes e interactuar con muchas personas. En mi trabajo actual también interactúo con muchas personas, claro, pero no tengo un gran equipo. Por eso, para atravesar esa falta, he construido una red de profesionales con los que es un placer compartir y desafiar ideas, chequear presupuestos… y sobre todo sentirme acompañada en el día a día. 

Recientemente Adela lanzó su libro ¿Qué te apasiona?.

- Trabajás con bienestar y resiliencia. ¿Cómo definirías ese concepto desde tu propia experiencia?

- Siempre digo que entré a este mundo en parte por una necesidad personal. Mi trabajo corporativo era muy expuesto y estresante, con momentos de mucho logro, pero también de mucha frustración (que trabajo no lo es) así que en primer lugar mi interés fue de la mano de la necesidad de tener mejor calidad de vida y bienestar. Y luego, al darme cuenta de que eran herramientas que me habían servido tanto a mí, casi naturalmente surgió la idea de abrirme y empezar a trabajar en estos temas. Tené en cuenta que 12 años atrás nadie hablaba de estos temas. De hecho, la mayoría de las personas ni conocían el término resiliencia. Incluso mi primera investigación sobre la resiliencia fue que yo misma atravesé un año de estar enferma y tomar contacto con el tema. Y que además yo trabajo desde el inicio con líderes de barrios populares, y si he conocido personas resilientes en el mundo, son ellos y ellas. Son mis maestros de la resiliencia.  

Para mí la resiliencia es un concepto que tiene un gran poder de inspiración. Es reponerse de la adversidad, pero no de cualquier manera. No todos los que salen de situaciones adversas son verdaderos resilientes. La resiliencia requiere atravesar esos procesos con aprendizajes que uno luego quiera compartir con otros. Por eso las personas resilientes tienen una visión de propósito muy profunda: derramar esa experiencia generada en la noche oscura para que la noche de otro tenga alguna luz. Y luego, la resiliencia siempre es con otros. Uno no puede ser resiliente solo. Como dice una frase muy linda: A las olas grandes es mejor remarlas de a muchos.  

- ¿Sentís que la resiliencia se aprende o es algo que uno ya trae?

- Lo que sabemos sobre la resiliencia, porque es algo que se está estudiando mucho, es que hay  que verla como un proceso. La verdadera resiliencia no es un estado definido y estable, es un camino de crecimiento. El gran investigador dela resiliencia, Boris Cyrulnik, también hace hincapié en la  necesaria  integración del contexto afectivo, social y cultural. Es esta idea de que no podemos ser resilientes solos: la resiliencia se construye en la relación con el otro, mediante “una labor de punto que, al tejer el vínculo, teje la resiliencia”. 

Sabemos también que la resiliencia nunca es absoluta y que puede variar en el tiempo y en función de las adversidades. Una persona puede ser muy resiliente en una circunstancia y no tanto en otra. Y también que tiene un origen doble: es simultáneamente intrínseca (depende de la persona) y epigenética (se relaciona con el entorno y el contexto). Porque requiere del respeto y aceptación incondicional de los otros y debe basarse en las potencialidades, fortalezas y recursos que poseemos. Por eso la resiliencia es una invitación a lograr que las personas lleguen a ser lo mejor que puedan ser, utilizando esa capacidad pocas veces usada, de dar forma a nuestro futuro. 

- Pasar del mundo corporativo al entrenamiento socioemocional implica un cambio fuerte de identidad. ¿Cómo fue reconstruirte profesionalmente?

- Personalmente no lo siento como un cambio en mi identidad, sino en una especie de profundización en quien yo estoy siendo. De verdad creo que las personas tenemos muchos matices y que nos habitan “multitudes” y que, a lo largo de la vida, de los desafíos, de los diferentes proyectos, vamos desplegando unos u otros. Por ejemplo, toda mi experiencia corporativa liderando equipos y proyectos es muy valiosa en mi trabajo actual. Porque yo trabajo con personas en posición de liderazgo y sé lo que sienten porque he estado ahí. Y eso me pone en un lugar de mucha más riqueza. Esta idea de unir los puntos de los aprendizajes en nuestra vida para mí es muy importante. 

- ¿Qué aprendizajes de tu etapa corporativa te siguen acompañando hoy en tu trabajo como entrenamiento socioemocional?

- Muchas cosas, porque cada aprendizaje es parte de quien soy hoy. Y especialmente en mi trabajo con personas que lideran, es clave haber también liderado yo. Porque puedo empatizar de manera muy concreta y real. 

Portada de su libro que presentará en La feria del Libro.

- Escribiste el libro ¿Qué te apasiona?. ¿Qué te impulsó a escribirlo y qué buscás generar en quien lo lee?

- Siento que vivimos en una época con muchos estímulos y muchas opciones, pero eso, en lugar de hacernos más libres y plenos nos genera más angustia y hasta nos paraliza. Es pensando en eso que escribí el libro, para contribuir con las personas a que puedan reconectar o encontrar eso que les apasiona. Y, como digo en el libro, ese camino no es un sencillo ni de plena felicidad. Encontrar lo que le da sentido a nuestra vida implica conectar con nuestras vulnerabilidades y darnos permiso al sufrimiento, al error, al fracaso… pero de verdad creo que vale la pena. Para mí es imposible sentir emociones de bienestar y plenitud sin sentir también emociones más difíciles, que todos sentimos y que justamente tienen, entre otras cosas, el valor de mostrarnos el claroscuro de la vida.  

- En un contexto donde muchas personas se sienten perdidas laboralmente, ¿por dónde recomendarías empezar a reconectar con la pasión?

- Siempre lo primero es conectar con uno mismo. Esto de lo que tanto se habla (el autoconocimiento y la autoconsciencia emocional) es clave. Y aunque muchas veces en Instagram lo “vendan” como algo bonito y genial… tiene también un costado difícil, porque conectar con nuestra interioridad en lo profundo implica conectar también con el barro de nosotros mismos. Pero, como dijo Thich Nhat Thanh “sin barro no crece la flor de loto”. 

Lo segundo es visualizar algo que tenga un impacto en otros. Eso es rico y significativo y sabemos que nos llena el alma cuando lo que hacemos tiene un impacto social. 

- ¿Cuál fue el mayor desafío personal que atravesaste y que hoy resignificás como un punto de transformación?

- Podría decirte algo concreto como el hecho de haber tenido cáncer y hacer un año de tratamiento, por ejemplo… pero la verdad es que, si bien esa situación me hizo conectar con mi vulnerabilidad, mis recursos y mis vínculos de la forma más asombrosa, te diría que lo que me transforma en el día a día es escuchar las historias de las personas. Hasta las personas más exitosas tiene dolores, tristezas y momentos muy oscuros. Nadie está exento de ellos porque es parte de ser humanos. Así que te diría que cada gran conversación que tengo con alguien me transforma. Cómo me dijo mi directora catalana de tesis de resiliencia hace años: “¿Y en que te has transformado tú haciendo esta tesis?” 

- En redes hablás mucho de bienestar. ¿Qué prácticas concretas te ayudan a sostener ese equilibrio en el día a día?

- Cada cosa que comparto en redes -y así es como empecé a hacer publicaciones- es, en primer lugar, un amable recordatorio para mí. Yo también sufro, me frustro y tengo días difíciles… así que por eso hablo desde ahí. Y en el día a día aplico mucho de lo propongo: la música, el cuerpo, la familia, los vínculos, la presencia plena, y sobre todo combinar un gran sentido de propósito con el disfrute de pequeños placeres cotidianos. 

- Si hoy alguien está en un trabajo que no lo llena pero no se anima a cambiar, ¿qué le dirías desde tu experiencia?

- Lo primero que se amigue con lo que hace hoy. Creo que es muy difícil salir de algo con enojo y maldiciendo. En cualquier trabajo, por más difícil, frustrante y desagradable que sea, siempre podemos encontrar algo que vale la pena. Siempre doy el ejemplo del cartonero de Villa La Corcova que me enseño eso que los americanos llaman con pomposidad “job crafting”: encontrar sentido y ser agradecidos con a lo que hacemos hoy es imprescindible para poder buscar opciones mejores.  

 
 

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