La historia de Laura Sánchez conmueve y moviliza. En agosto de 2024, su hija Ema Bondaruk, una adolescente de 15 años de Longchamps, se quitó la vida luego de que un video íntimo fuera difundido sin su consentimiento entre compañeros de su escuela. Lo que comenzó como una tragedia familiar se transformó en una causa colectiva: hoy, Laura impulsa la llamada Ley Ema, un proyecto que busca prevenir y abordar la violencia digital en los ámbitos educativos para que ninguna otra familia tenga que atravesar el mismo dolor. En una entrevista con Para Ti, Laura cuenta cómo convirtió el sufrimiento en lucha y reflexiona sobre la exposición de los jóvenes en el mundo virtual.
-¿Cómo fue impulsar la Ley Ema? ¿Pensaste que iba a tener la gran repercusión y apoyo que tuvo?
-Impulsar la Ley Ema fue transformador. Fue trascender el dolor por algo más grande: por servicio. Y el servicio no es más que amor en movimiento. Entonces puedo decir que transformamos el dolor en proyecto, en memoria colectiva, en amor. Al principio era solo la necesidad urgente de que ninguna familia vuelva a pasar por lo que pasamos. No teníamos nada: ni herramientas, ni protocolo, ni palabras. Empezamos escribiendo lo que nos faltó a nosotros como familia, como sociedad y a la escuela de Ema. Lo que no imaginé fue la velocidad con la que otras madres, docentes, pibas y organizaciones se abrazaron a la guía y hacen fuerza para que el proyecto sea Ley. La repercusión creo que se debió a que Ema nos dejó en evidencia lo que les pasa a miles de adolescentes, lo que viven a diario: la violencia digital. El apoyo vino, en principio, de quienes sí están conscientes de los estragos que causa la violencia digital y luego, cuando empezamos a recorrer el camino y dejamos a la vista que lo virtual es real y que llegar tarde también es violencia, se fue sumando mucha más gente. Hoy la Ley Ema se milita aunque no esté aprobada, porque ya está en el territorio.
-¿Cómo surgió la idea de la Guía Ema para las escuelas?
-La Guía EMA nació de una larga charla que tuvimos con Olimpia Coral Melo un sábado por la tarde. Hacía muy poco tiempo de la partida de Ema, y yo le decía que nadie más tenía que pasar por algo así. Nos dimos cuenta que no había una herramienta para abordar esta problemática en las escuelas, en las familias, en la comunidad. Luego empezamos a trabajar con distintas organizaciones de la sociedad civil y con legisladoras. Fueron muchos meses de trabajo.
La Ley marca el qué, la Guía dice el cómo. Nos dimos cuenta que no alcanzaba con pedir capacitación y protocolos: había que bajarlos a pasos concretos. Entonces escribimos cómo capacitar con ESI y perspectiva de género, cómo leer alertas en entornos digitales sin invadir, cómo acompañar en las primeras 48 horas sin exponer al NNyA. El espíritu de la Guía es anticiparse. Porque Ema no tuvo esas 48 horas. Y no queremos que otra escuela, que otra familia, tenga que decir “no sabíamos cómo”.
-¿Cómo vivís estos episodios de extrema violencia que pasan en distintas escuelas del país?
-Los vivo con el cuerpo. Cada caso es un recordatorio de que llegamos tarde con Ema y de que podemos seguir llegando tarde con otras y otros. Me indigna la repetición: el aislamiento, las capturas, el “es cosa de chicos”, el “los pibes y las pibas están todos locos”. No, los pibes y las pibas son el reflejo de lo que nos está pasando como sociedad. En el medio, la escuela sin herramientas, sin acompañamiento del Estado, haciendo lo que puede con lo que tiene. Pero también me organiza, de alguna forma me impulsa a seguir batallando. Cada episodio confirma que la violencia por motivos de género y diversidad hoy se programa, se automatiza y se amplifica con tecnología. Por eso no me quedo en el dolor: convierto ese enojo en reunión, en taller, en espacios de reflexión. Desde Mundo Ema y Defensoras Digitales decimos: no ver también es violencia. Porque bien sabemos que lo que no se nombra, no existe.

-Los adolescentes viven en constante exposición en las redes sociales, ¿qué consejo le dirías a los padres, adultos a cargo de estos chicos?
-La verdad es que no creo que tenga la potestad para dar un consejo. Maternar, paternar y acompañar a las niñeces y adolescencias es algo muy personal, individual, que va a tener que ver con el contexto en que cada familia vive.
Tal vez hoy, con el diario del lunes bajo el brazo, pueda hacer una observación general y en retrospectiva. Acompañen. La diferencia entre control y cuidado es la confianza. Pregunten qué apps usan, con quién hablan, qué les hace mal, sin juzgar. Fórmense. No podemos pedirles que se cuiden en un mundo digital que no entendemos. La ESI también es para adultos.
Miren las señales. El aislamiento, el miedo al celular, el cambio en el sueño o en las notas. No son caprichos. Son alertas. Y si ven algo, no actúen solos. La escuela, la salud y la justicia tienen que estar en red. Nadie salva a nadie en soledad. Y lo más importante, en tiempos de total individualismo, es enseñarles no solo a cuidarse a sí mismos, sino también a cuidar del otro, a pensar en el otro, a construirse con el otro.

-¿Cómo es la vida a casi dos años de lo sucedido con Ema?
-Es una vida partida, un antes y un después. Cuando un hijo muere, uno muere con ese hijo también. La vida pierde todo el sentido. Hoy me siento en plena reconstrucción. Llevar esta militancia, esta batalla contra la violencia digital, llevar el nombre de Ema como bandera para que nadie tenga miedo de estar en Internet, de alguna manera le volvió a dar un sentido a la vida. Hoy puedo decirte que soy una mamá renacida. Siempre digo que renacer me dio las herramientas y la causa que llevo adelante me devolvió el sentido. Aunque la causa suene a utopía, lo que me quede de este lado del plano seguiré luchando por territorios digitales libres y seguros. Elegí que el nombre de Ema no sea solo ausencia: que sea herramienta, una causa. Que su nombre siga sonando cada vez que alguna piba está en peligro, que siga sonando para salvar vidas. Hoy mi agenda son las escuelas, los conversatorios, generar espacios de reflexión y de concientización. Mi duelo es colectivo. A casi dos años, la vida es llevar su legado adelante para que otras adolescencias tengan las 24 horas que a ella le faltaron. No hay cierre, hay causa. Y mientras haya una escuela sin Guía EMA, hay tarea.

-¿Qué cambios considerás que se necesitan en la sociedad para proteger a nuestros jóvenes?
-Necesitamos tres cambios urgentes. Uno: leyes, políticas públicas y presupuesto. Sin reglamentación, por ejemplo de la Ley Ema, sin fondos, todo queda en voluntad individual. Por suerte siempre está ese entramado que se teje de abajo hacia arriba, que sostiene y que hace posible seguir soñando utopías y muchas veces concretarlas.
Dos: tecnología con perspectiva de género. Basta de algoritmos neutrales que no ven la violencia hacia mujeres y diversidades. Queremos IA ética, con mediación humana siempre. Regulación de las plataformas.
Tres: comunidad. Que la escuela, las familias, los clubes y las plataformas dejen de tirarse la pelota. La responsabilidad es colectiva, es de todos. La sanción tiene que ser reparatoria, no expulsiva. Proteger es formar para ver, programar para cuidar y sancionar para sanar. En 2026, igualdad es que ninguna escuela vuelva a quedarse sin herramientas. Nuestro anhelo más importante: que la Guía EMA llegue antes al aula y al algoritmo.


