Cazzu volvió a demostrar que la moda ocupa un lugar central dentro de su universo artístico. Durante su reciente performance en San Antonio, Texas, donde invitó a A.B. Quintanilla III a interpretar “Si Una Vez”, la cantante apostó por un estilismo audaz y escénico de la firma BURSTIN.
La propuesta estuvo completamente alineada con la narrativa conceptual de “Latinaje”, el álbum lanzado en 2025, construido desde una profunda exploración estética y emocional de sus raíces culturales y musicales.
El resultado fue un outfit de impronta western, sensual y sofisticada, pensado para potenciar el movimiento sobre el escenario y reforzar la identidad visual de esta nueva etapa artística.
Un corset bordado como protagonista del look
Uno de los elementos más impactantes del estilismo fue el corset estructurado en tonos nude y dorados, intervenido con bordados ornamentales que aportaron textura, brillo y dramatismo.
La pieza, de inspiración cowboy y espíritu artesanal, enmarcó la silueta de la artista y se convirtió en el eje absoluto del outfit. El diseño fusionó detalles de alta costura experimental con referencias western, reforzando el concepto de empoderamiento y renacimiento que atraviesa el universo de “Latinaje”.

Además, el corset dejó entrever la propuesta de mezclar culturas, géneros musicales y distintas facetas que marcaron el recorrido artístico de la cantante.
Flecos y gamuza: la estética western que dominó el escenario
El look se completó con una mini falda de gamuza en tono suela, decorada con largos flecos textiles que aportaron movimiento constante durante toda la performance.
Ese detalle no solo sumó dinamismo visual, sino que también reforzó el guiño latino y country que atravesó toda la propuesta estética. Los flecos, protagonistas históricos de la moda western, se transformaron en una extensión coreográfica del cuerpo de la artista.

Cada desplazamiento hacía que las tiras acompañaran el ritmo de la música, creando una imagen escénica potente y muy ligada al imaginario cowboy contemporáneo.
A su vez, el soutien a juego y las texturas nobles aportaron una lectura más orgánica y artesanal, manteniendo el equilibrio entre lo rústico y lo sofisticado.
Para consolidar la narrativa visual del estilismo, Cazzu incorporó un sombrero cowboy marrón con detalles bordados, uno de los accesorios clave de la propuesta.
El calzado también acompañó la estética conceptual: botas de taco alto en color marrón claro, de terminación afilada y acordonadas, que estilizaron la figura y mantuvieron la coherencia cromática del outfit.
La elección de tonos cálidos como beige, camel, nude y dorado permitió construir una imagen sensual, sofisticada y profundamente conectada con el imaginario latinoamericano actual.
Un guiño a una icónica pieza que usó Valeria Mazza
BURSTIN llevó a cabo un proceso creativo que nació a partir de distintas conversaciones con la artista, donde cada referencia emocional, atmósfera y gesto se convirtió en inspiración para construir el look.
Además, se trató de una reincorporación de piezas de archivo de 1989 y 2016 resignificadas dentro de la colección, lo cual reforzó la idea de memoria, reinterpretación y renacimiento que atraviesa esta nueva etapa artística de Cazzu.

La prenda de archivo del 2016, fue originalmente lucida por Valeria Mazza en Dubái. La propuesta recuperó la materialidad original del corset para transformarla en una nueva construcción escénica. A través de un trabajo de reutilización y reinterpretación textil, se diseñó a la silueta con precisión, mientras la materia adquirió una lectura táctil y orgánica.
Con una propuesta que fusionó alta costura, sensibilidad latina y estética western, la cantante volvió a dejar en claro que entiende la moda como una extensión esencial de su lenguaje artístico.
Créditos: BURSTIN



