El thrifting y la búsqueda de prendas con historia dejaron de ser una opción alternativa para convertirse en una verdadera declaración de estilo. Incorporar tesoros de segunda mano o piezas vintage no solo le aporta sostenibilidad a nuestro placard, sino algo mucho más valioso: originalidad e identidad.
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Sin embargo, el gran desafío al sumar una prenda "con carácter" —esa chaqueta bordada, un saco de corderoy noventero o un cárdigan geométrico— es lograr que dialogue con prendas contemporáneas y no termine pareciendo un disfraz de época.
Los 4 trucos clave para integrarlas con éxito
- La regla de la pieza héroe: Elegí una sola prenda o accesorio con impronta vintage para que sea el centro de atención y dejá que el resto del outfit acompañe con líneas neutras o básicas.
- Contraste de estilos (o el arte del "desacople"): Si la prenda es formal o clásica (como una chaqueta austriaca o un blazer cruzado), combinatela con ítems deportivos o urbanos como zapatillas de running, jeans anchos o pantalones cargo.
- Paredes de color y textura: Jugá con capas. Un tapado retro resalta mucho más si debajo asoma un sweater de rombos o una camisa con un cuello interesante.
- Accesorios como puente: Los pañuelos de seda al cuello, las medias a la vista y los anteojos de sol retro son la herramienta ideal para amalgamar prendas de distintas décadas en una propuesta actual.
10 ideas de street style para inspirarte

El clásico sweater jacquard o de estilo nórdico cobra una vida completamente contemporánea cuando se lo saca de su contexto tradicional. La clave está en llevarlo con un pantalón satinado o técnico en tono verde militar y completar con zapatillas deportivas y un pañuelo estampado al cuello.

Un cárdigan corto con estampado geométrico de estética college encuentra el equilibrio justo cuando se lo combina con shorts de sastrería al rodilla y botas altas de cuero. Asomar un cuello camisero con volados por debajo le aporta un guiño romántico e hiperfemenino.

Las piezas con volumen y estampados tradicionales como el ajedrez o el check escocés son un comodín de abrigo. Llevada con jeans de lavado oscuro y complementada con accesorios modernos en cuero negro, esta chaqueta se vuelve la protagonista absoluta de un look de café relajado.
Las chaquetas cortas de lana con ribetes a contraste y botones metálicos tienen muchísima presencia. Para "bajarla" a la calle, nada mejor que un jean recto de tiro alto, una camisa a rayas y un calzado de punta redondeada que mantenga la paleta en tonos neutros.

Un abrigo largo de paño con trama houndstooth o espiga es una inversión eterna. Para armar un outfit urbano hiperchic, sumale capas: una remera blanca básica, un sweater con rombos en tonos oscuros y tus jeans de corte holgado favoritos.

El estilo masculin/féminin en su máxima expresión. Un blazer con raya diplomática de hombros estructurados se reinventa al combinarse con pantalones de corderoy con detalle fruncido en los tobillos, mocasines en tono borra de vino y collares de cuentas retro.

Un pantalón de corderoy marrón con vuelo o volados en el ruedo aporta textura instantánea. Integralo con un cárdigan corto en un tono vibrante (como el azul petróleo o turquesa) y mocasines o chinitas en red para un toque súper trendy.

Los chalecos de lana tejida o fieltro con cierres al estilo alamar son pequeñas joyas de guardarropa. Llevalo sobre un suéter de punto grueso en gris topo, pantalón oscuro y cerrá el estilismo con un pañuelo de seda anudado y una cartera con manija de bambú.

El blazer de corderoy de estética setentosa en tonos chocolate o avellana es un imprescindible de estación. Combinado con un pañuelo estampado al cuello, jeans negros relajados y botines de cuero con puntera fina, logra un look bohemio y sofisticado a la vez.

Una campera corta estilo barn jacket o náutica en tono suela se vuelve súper chic al contrastarla con una falda midi plisada de denim oscuro. El toque final de estilismo: medias cortas a la vista con zapatos mocasín y un pañuelo finito tejido anudado al cuello.

Fotos: PInterest

