A horas de su gran boda, Cande Ruggeri compartió en sus redes la intimidad de la previa y los rituales que está haciendo para que el clima acompañe en una ceremonia al aire libre. Recordemos que ya se casó por civil el 28 de febrero con Nicolás Maccari, en una celebración íntima.
En este contexto, entre tradición y deseo, la influencer apuesta a distintas cábalas con una misma intención: atraer buen clima y evitar la lluvia en uno de los días más importantes de su vida.
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El ritual de los cuchillos para “cortar” la lluvia
Esta mañana, Cande realizó uno de los rituales que muchas novias siguen repitiendo cuando el clima se vuelve una preocupación: clavar cuchillos en el pasto. Esta es una creencia popular que se transmite hace generaciones. La idea es simbólica: el filo del acero “corta” las nubes y desvía la lluvia.
Aunque no tiene base científica, es una tradición muy arraigada, especialmente en contextos rurales, donde el clima define mucho más que un evento.
Suele hacerse cuando el cielo amenaza con nublarse o incluso cuando empieza a lloviznar. Es, en definitiva, una forma de intervenir —desde lo simbólico— en lo que no se puede controlar.
Huevos a las monjas: la tradición que nunca falla (según dicen)
En otra historia, mostró otro de los rituales que tiene una carga aún más tradicional. Una amiga suya llevó huevos a un convento de monjas, siguiendo una costumbre muy instalada en Argentina y España.

La tradición indica que hay que entregarlos a las Clarisas, orden vinculada a Santa Clara de Asís, a quien se le atribuye el poder de traer “claridad”, es decir, buen clima.
A cambio, las monjas rezan para que el día de la boda haya sol. Más allá de lo climático, el gesto también tiene un significado más profundo. Habla de unión, de buenos deseos y de pedir por un matrimonio feliz y en armonía.
Cuando la fe, la tradición y el deseo se cruzan
En bodas, todo se potencia. Las emociones, las expectativas y también las ganas de que todo salga perfecto.
Por eso, estos rituales siguen vigentes. No necesariamente por creer literalmente en ellos, sino por lo que representan. Son formas de canalizar nervios, de compartir con otros y de conectar con algo más grande que el momento en sí.

