Flor Torrente habló de la muerte de su papá y cómo logró salir
 

"Entendí que mi papá no va a conocer a mis hijos": Flor Torrente, íntima sobre su momento más duro

En diálogo con Priscila Crivocapich para Para Ti, Flor Torrente habló de su presente en el teatro con Mi amiga y yo, pero también se quebró al recordar la muerte de su papá, un dolor que la obligó a frenar durante gran parte de 2025. Además, se refirió a su pareja, sus deseos de ser madre, su vínculo con Araceli González y su marca Helicia.
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En una charla profunda y emotiva, Flor Torrente habló con Priscila Crivocapich, host de la sección Protagonistas, del año más difícil de su vida: el 2025, cuando murió su papá, Rubén Torrente.

Con la sensibilidad a flor de piel, la actriz y empresaria repasó cómo transitó ese dolor, el proceso que la llevó a frenar y reconstruirse, y el camino que hoy la encuentra volviendo al teatro, sostenida por el amor, los vínculos y nuevos proyectos.

Un presente marcado por el regreso al teatro

“Un placer volvernos a ver después de tanto tiempo. Nos conocemos desde muy pequeñas nosotras. Ya no somos más pequeñas”, dijo Flor al comienzo de la charla, en un reencuentro atravesado por los años y por todo lo vivido.

Hoy, su presente la encuentra arriba del escenario con Mi amiga y yo, la obra que protagoniza junto a Sebastián Presta en el Complejo La Plaza. Y aunque se la ve plena, el camino hasta acá no fue sencillo.

La tapa

“Muy bien. La verdad que contenta con la obra. El año pasado fue un año difícil, un año de atravesar situaciones que uno nunca espera y fue un año de muchos no también. Como de mucha propuesta de trabajo y yo no estar disponible para eso en ese momento. Y Mi amiga y yo fue como ese sí, ese sí que me invitó a volver al teatro, a volver a trabajar”, contó.

Ese regreso tuvo un significado especial: “Para mí la obra fue el reencontrarme con mi trabajo, con el teatro, con la música, con la risa y con volver a expresarme más físicamente y entera. Porque cuando uno empieza a hacer una obra de teatro requiere de todo esto y yo no estaba preparada”.

"El año pasado fue un año difícil, un año de atravesar situaciones que uno nunca espera y fue un año de muchos no también"

Sobre por qué eligió ese proyecto, fue clara: “Porque tenía un montón de cosas que me gustan. Me gusta reír, me gusta la música, me gusta el teatro, me gustó lo que vi, me sorprendió y no es poco que te sorprendas con una obra de teatro... Fue como, okay, quizás este es el sí. Y así fue”.

El golpe más duro: atravesar la muerte de su papá

Detrás de su regreso al teatro y de este presente luminoso, hay un proceso reciente que marcó un antes y un después en la vida de Flor Torrente: la muerte de su papá, Rubén Torrente. Un dolor que no solo la atravesó emocionalmente, sino que también la obligó a frenar, a correrse del ritmo habitual y a darse el tiempo necesario para transitar algo completamente inesperado.

“Después necesité un momento para guardarme, para entender o no, para transitar y ver cómo aprender a vivir después de algo tan fuerte e importante en tu vida, como la muerte de un padre”, expresó, dejando en claro que no hubo respuestas inmediatas, sino un proceso que todavía sigue en construcción.

"Necesité un momento para guardarme, para entender o no, para transitar y ver cómo aprender a vivir después de algo tan fuerte e importante en tu vida, como la muerte de un padre"

Ese parate no fue una decisión profesional, sino una necesidad vital. “El año pasado fue un año de muchos no también, de mucha propuesta de trabajo y yo no estar disponible para eso en ese momento”, explicó. La imposibilidad de responder a esas oportunidades tenía que ver con algo más profundo: no estaba lista para volver a exponerse ni para sostener la energía que su trabajo requiere.

En ese camino, encontró herramientas y apoyos que le permitieron sostenerse: “La familia, mi pareja, terapia, ejercicio, meditar, escribir, dibujar, hacer todo lo que me conecte conmigo y con lo que me hace bien”. Lejos de una única salida, fue una combinación de recursos la que la ayudó a atravesar el dolor.

“Como que hay un periodo donde uno está como levitando, como que levitás sobre no sé qué y luego empezás como a sentarte en la tierra y entender que la vida hoy es sin esa persona tan importante físicamente”

Sin embargo, también fue clara al hablar del tiempo y de cómo se percibe cuando se atraviesa una pérdida así. “Muy poco tiempo. Eterno, pasaron un montón de cosas en un año y a la vez fue como re lento. Es muy rara la percepción del tiempo cuando uno transita estas cosas”, reflexionó.

Ese desfasaje entre lo que pasa y lo que se siente se traduce en una experiencia difícil de explicar con palabras. “Como que hay un periodo donde uno está como levitando, como que levitás sobre no sé qué y luego empezás como a sentarte en la tierra y entender que la vida hoy es sin esa persona tan importante físicamente”, describió.

“Porque estar está, está en todos lados, está en cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquier experiencia”

En ese proceso, también aparece una idea que la acompaña y le da cierto consuelo: la presencia desde otro lugar. “Porque estar está, está en todos lados, está en cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquier experiencia”, dijo. Pero aun así, la ausencia concreta se impone: “Es refuerte aprender a convivir con eso”.

Lejos de romantizar el duelo, Flor lo define con una honestidad cruda, sin matices. No hay cierre, no hay resolución total: hay aprendizaje, adaptación y una convivencia permanente con esa falta.

“Es refuerte aprender a convivir con eso”, dice sobre la muerte de su papá.

“Estoy todo el tiempo triste”

Si hay algo que atraviesa todo el relato de Flor Torrente sobre la muerte de su papá, es la imposibilidad de encapsular el dolor en un momento puntual. El duelo, en su experiencia, no es lineal ni previsible, sino una presencia constante que se filtra en lo cotidiano, incluso en medio de instantes de aparente normalidad.

“Yo me acuerdo que hablaba con mi novio y le decía, ‘Yo estoy todo el tiempo triste’”, contó, al recordar cómo transitó los primeros meses después de la pérdida. Lejos de una tristeza uniforme, lo que describe es un estado emocional cambiante, donde conviven distintas sensaciones: “Tengo momentos de felicidad. Estoy transitando un momento de mucha tristeza donde uno puede tener momentos de felicidad, momentos de alegría, momentos que conecta, momentos que no”.

"Estoy transitando un momento de mucha tristeza donde uno puede tener momentos de felicidad, momentos de alegría, momentos que conecta, momentos que no".

Ese vaivén emocional también impactó en su forma de vincularse con los demás. “En una primera instancia me costaba mucho ver a mucha gente, por ejemplo… como esta sensación de solo quiero estar con quien quiero estar y con la persona que sé que sí”, explicó. La necesidad de resguardarse, de elegir con quién compartir ese estado tan sensible, fue parte fundamental del proceso.

Además, habló de algo difícil de anticipar: la irrupción inesperada de la emoción. “La emoción viene de la nada. De repente llanto, pero a un nivel como si fueras un niño”, describió, poniendo en palabras una reacción casi corporal, imposible de controlar. En ese sentido, cualquier estímulo puede convertirse en detonante: “Puede ser un aroma, puede ser una sensación, puede ser un recuerdo, puede ser algo que ves. Y es muy zarpado lo que pasa”.

“Obviamente lo que nos llevamos y lo que tenemos en la vida son los recuerdos, entonces eso nos conecta directamente con la emoción”.

Lejos de buscar explicaciones racionales, Flor reconoce que ese mecanismo está profundamente ligado a los recuerdos, a todo lo vivido con esa persona que ya no está. “Obviamente lo que nos llevamos y lo que tenemos en la vida son los recuerdos, entonces eso nos conecta directamente con la emoción”, reflexionó.

En ese entramado, el duelo se vuelve una experiencia total, que no se limita a la ausencia, sino que se reconstruye permanentemente a través de lo que permanece: las imágenes, los vínculos, las sensaciones. Y es en ese territorio, tan íntimo como inestable, donde aprende —día a día— a convivir con lo que ya no está y, al mismo tiempo, sigue presente.

El momento en que “cayó” sobre la muerte de su papá

Si hubo un instante que marcó un quiebre en todo el proceso, fue aquel en el que Flor terminó de dimensionar la muerte de su papá. No fue inmediato, ni lineal. Como suele suceder en situaciones extremas, primero apareció una especie de piloto automático que la sostuvo en medio del shock.

“Mi papá es muy joven, era muy joven y mi cerebro no podía procesar la información que me habían dicho, pero a la vez me puse como en modo operativa”, recordó.

“Mi papá es muy joven, era muy joven y mi cerebro no podía procesar la información que me habían dicho, pero a la vez me puse como en modo operativa”

En esas primeras horas, el dolor quedó en pausa frente a la urgencia: había que resolver, llamar, organizar. “Me puse en modo operativo… hablar con la persona que vaya a hacerse cargo de todo… ir a la morgue. Todo lo que conlleva, que nunca me tocó cumplir ese rol”.

Ese estado, casi mecánico, se extendió durante horas. “Era como que pasaban las horas y hablaba por teléfono y no había llorado. Como que yo lo único que decía era ‘no puede ser, no puede ser’ mientras hacía cosas”, contó. Hasta que el cuerpo y la mente dijeron basta.

El quiebre llegó en un momento íntimo, cuando todo quedó en silencio. “Se me apagó el celular porque me quedé sin batería y me senté en la alfombra… ya se habían ido todos y me quedé sola con mi novio”, relató. En ese espacio mínimo, sin distracciones, apareció la certeza más dura.

“Enchufé el celular para cargarlo otra vez y fue como que me bajó una info, tipo tac. Dije, ‘Mi papá no va a conocer a mis hijos’”.

“Enchufé el celular para cargarlo otra vez y fue como que me bajó una info, tipo tac. Dije, ‘Mi papá no va a conocer a mis hijos’”, dijo. Esa idea, concreta y devastadora, fue la que terminó de derrumbar la coraza que había sostenido hasta ese momento. “Y ahí arranqué y no paré”.

Más que la noticia en sí, fue esa proyección hacia el futuro lo que la enfrentó con la dimensión real de la pérdida. “Eso fue lo que más me shockeó, como de entender que eso no va a pasar”, expresó.

“Eso fue lo que más me shockeó, como de entender que eso no va a pasar (sobre la certeza de que su papá no conocerá a sus futuros hijos)”.

Desde entonces, esa ausencia se resignifica en cada etapa, en cada pensamiento sobre lo que vendrá. “Pero bueno, es parte de la vida”, cerró, con una aceptación que no borra el dolor, pero que le permite seguir avanzando.

El sostén clave: su pareja

En medio de ese proceso tan complejo, Flor encontró un apoyo fundamental en su pareja, Santiago Slapak, con quien había comenzado su vínculo apenas un mes antes de la muerte de su papá. Lejos de ser un obstáculo, ese contexto terminó consolidando una relación profunda, basada en el acompañamiento y la contención emocional.

“Muy, muy importante. No me imagino este proceso sin él. Nosotros empezamos nuestro vínculo un mes antes de que pase lo de mi papá”, contó, dejando en claro el peso que tuvo su presencia en ese momento límite.

Para ella, no se trató de una casualidad, sino de un cruce significativo: “Yo creo fehacientemente que las personas se cruzan y se juntan en momentos justos de la vida y fue como la persona que necesitaba en este momento de mi vida, que me acompañó, que me escuchó”.

"Yo creo fehacientemente que las personas se cruzan y se juntan en momentos justos de la vida"

Con el correr de los meses, esa experiencia compartida terminó fortaleciendo el vínculo desde un lugar muy genuino. “Eso también sentó unas bases muy grandes. Y lo valoro y se lo agradezco muchísimo”, expresó.

Además, destacó especialmente la relación que él construyó con su entorno más cercano: “Yo tengo un hermanito de 11 años también de parte de mi papá. Y él fue tan amoroso con mi hermano. Mi hermano lo ama. Él ama mi hermano. Entonces, se creó algo muy hermoso más allá del momento difícil”.

"Ese día mi novio, mi mejor amigo y mi hermano más grande estuvieron los tres con mi hermanito chiquitito encerrados en su habitación jugando a la play".

En ese sentido, hubo imágenes que quedaron grabadas para siempre en su memoria y que resumen el tipo de vínculo que lograron construir:

“Ese día mi novio, mi mejor amigo y mi hermano más grande estuvieron los tres con mi hermanito chiquitito encerrados en su habitación jugando a la play, a la pelota como si fueran cuatro niños y yo eso no me lo voy a olvidar nunca más”.

"Mi hermano ama a mi novio. Él ama mi hermano. Entonces, se creó algo muy hermoso más allá del momento difícil"

El deseo de ser madre

En paralelo a ese proceso personal, también empezó a tomar forma una idea que venía latente: su deseo de ser madre. Sin apuro, pero con claridad, Flor Torrente se permitió pensar en ese futuro posible, incluso en medio del duelo.

“Sí, no sé cuándo. Tampoco me puedo hacer la loca de estirarlo tanto, pero sí, me encantaría”, dijo con sinceridad, reconociendo tanto el deseo como los tiempos propios. En esa línea, también habló de la certeza que hoy siente respecto a su vínculo de pareja: “Cuando sabés, sabés. No hay duda. Es muy loco eso. Es muy lindo y es muy loco y es la primera certeza así que tengo con una pareja”.

Flor Torrente y Priscila Crivocapich.

Antes de esta etapa, sin embargo, su mirada era distinta. “No me había planteado… sabía que quería tener hijos, no me preocupaba y como que decía, ‘Bueno, si tengo una pareja, será con una pareja. Y si no, lo tendré sola’”, recordó.

Esa posibilidad no le resultaba lejana, sino todo lo contrario: “Si yo quiero tener un hijo y en ese momento no está esa pareja y bueno, lo haré sola. ¿Cuántas mujeres lo hicieron solas? Mi abuela. Por ejemplo. Mi madre mucho tiempo también”.

“Sí, no sé cuándo pero quiero ser madre. Tampoco me puedo hacer la loca de estirarlo tanto, pero sí, me encantaría”.

Esa reflexión también se conecta con su historia familiar y con la forma en la que entiende los vínculos y la crianza: desde un lugar consciente, aprendido y atravesado por lo vivido.

Ser hija de Araceli González

A lo largo de su vida, la exposición pública fue una constante, pero Flor Torrente aprendió a convivir con ella desde un lugar propio, diferenciando lo mediático de lo íntimo. Al hablar de su madre, lo hace sin vueltas: “Para mí es mi mamá”.

Esa naturalidad no implica desconocer el peso de su figura, sino todo lo contrario: entenderla desde adentro. “Yo creo que todo esto es más externo que nuestro. Para mí es mi mamá y mi mamá tenía su trabajo”, explicó, marcando esa distancia entre lo público y lo personal.

“Yo creo que todo esto es más externo que nuestro. Para mí Araceli es mi mamá y mi mamá tenía su trabajo”

Con el tiempo, también pudo resignificar lo que implicó crecer en ese contexto. “Mi mamá empezó a laburar desde muy chiquita con una familia muy humilde y trabaja desde los 9 años y ella sacó a su familia adelante”, recordó, poniendo en valor ese recorrido. Y agregó: “Mamá nos dio una base muy grande a mi hermano y a mí. Por todo lo que ella logró”.

En ese aprendizaje también aparece la construcción de su propia identidad: “Cada uno tiene que tener su poder y cada uno defiende lo suyo y cada uno construye lo suyo”, dijo, retomando una enseñanza clave que recibió en su casa.

“Cada uno tiene que tener su poder y cada uno defiende lo suyo y cada uno construye lo suyo”.

Esa fortaleza, asegura, no es casual: “En mi familia las mujeres son muy fuertes, muy poderosas, muy para adelante… yo eso lo vi. No me lo enseñaron de palabra, la vi. Entonces, la mamé”.

Su mirada sobre la exposición y los rumores

Acostumbrada a la mirada pública desde muy chica, Flor Torrente desarrolló una postura clara frente a la exposición mediática, especialmente cuando se trata de información no chequeada o rumores.

Uno de los episodios recientes fue cuando se instaló la versión de un embarazo. Su respuesta, fiel a su estilo, combinó ironía y contundencia: “Claro, porque estaba con mi período. Hola, ¿qué tal? Las mujeres menstruamos”.

"Hay algo que no evolucionó en el humano… que es la empatía"

Más allá del humor, lo que le impacta es la falta de consulta previa: “Nadie me preguntó nada. Directamente salió o fue un rumor. No sé… yo estaba de vacaciones… y cuando decido conectar con el teléfono, me encuentro con un bardo. Yo dije, ‘Pero estamos todos locos’”.

Esa experiencia la llevó a una reflexión más profunda sobre el contexto actual: “Hay algo que no evolucionó en el humano… que es la empatía. Uno no sabe qué pasa del otro lado… en esa persona, en esa familia, en esos vínculos”.

Desde su lugar, intenta manejarse con claridad: “Para mí es como aprender a tener la cintura para responder lo que uno quiere responder y no responder lo que uno no quiere responder”. Una postura que, asegura, se construye con los años y la experiencia.

“Para mí es como aprender a tener la cintura para responder lo que uno quiere responder y no responder lo que uno no quiere responder”.

Helicia, su proyecto personal

Además de su carrera como actriz, Flor Torrente lleva adelante desde hace más de una década un proyecto que la representa profundamente: Helicia, su marca de carteras, accesorios y ropa.

“Empezamos con carteras y accesorios. Hace 13 años ya. Es un montón”, resumió, poniendo en dimensión el recorrido de la empresa que construyó junto a su mejor amiga, con quien comparte el proyecto desde hace años.

Lejos de ser solo un emprendimiento comercial, Helicia tiene una identidad muy marcada: “Es una marca que construimos con mi amiga de la infancia y la concebimos pensando en que queremos dejársela a nuestros hijos y a nuestras familias y que siga transformándose con los años”.

“Tiene que tener un sentido… quiero dejar algo con eso que haga y si el dejar ese algo es conciencia, me encanta”.

En la actualidad, atraviesan una etapa de transformación: “Estamos como en un cambio de piel… menos productos, más exclusivos, cien por ciento consciente o todo lo consciente que podemos ser”.

Ese concepto atraviesa todo su hacer: “Tiene que tener un sentido… quiero dejar algo con eso que haga y si el dejar ese algo es conciencia, me encanta”.

Flor Torrente y Priscila Crivocapich

El valor de la alegría

Después de atravesar uno de los momentos más duros de su vida, el regreso al teatro también tiene un significado emocional profundo. No solo como trabajo, sino como espacio de encuentro con la alegría.

“Me encanta reír. Me encanta que me hagan reír… y me gusta hacer una obra que hace reír y que la gente se va contenta”, expresó sobre su presente en escena.

“Me encanta reír. Me encanta que me hagan reír… y me gusta hacer una obra que hace reír y que la gente se va contenta”.

En ese sentido, entiende el rol del teatro desde un lugar casi necesario: “La vida tiene un montón de cosas, pero poder elegir momentos que nos hagan reír es uno muy importante”.

Y eso es, justamente, lo que busca transmitir con Mi amiga y yo: “Alegría, música, risas, un momento lindo… creo que necesitamos momentos lindos en la vida”.

Mirá la entrevista completa de Priscila Crivocapich a Flor Torrente acá:

Fotografía: Chris Beliera

Video: Martina Cretella y Ramiro Palais

Edición de video: Martina Cretella y Candela Casares

Diseño de tapa: Roshi Solano

Retoque: Julieta Scavino

Estilismo y accesorios: @muna_oficial

Make up y pelo: @pipucalise

Looks: @wearelse_ @valentina.karnoubi @lacoste @pruneoficial

 
 

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