María Oneto: "La única forma de salir de la vulnerabilidad es recuperar la dignidad del trabajo"
 

María Oneto: "La única forma de salir de la vulnerabilidad es recuperar la dignidad del trabajo"

Presidenta de Ícona e impulsora del Proyecto Matías, la abogada de 58 años lidera un modelo de inclusión laboral que actúa como puente entre personas en situación de calle y el sector empresarial.
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Esta edición de Las elegidas tiene como invitada a María Oneto, abogada de 58 años. Recibe al equipo de Para Ti confesando que es la primera vez que realiza este tipo de producciones; sin embargo, desde el inicio habla con un entusiasmo encendido que se le nota en la mirada cada vez que repasa los detalles del Proyecto Matías, la iniciativa insignia de la asociación civil Ícona que preside. Nada en su relato queda librado al azar: conoce los números, los protocolos, las historias de vida y los engranajes de un sistema que busca transformar la asistencia social en una oportunidad concreta de empleo.

Lejos de la teoría abstracta, su propuesta se materializa en una estructura protocolizada y medida para optimizar cada recurso. Su personalidad es tan avasalladora como cálida. Durante la producción de fotos, se entregó al maquillaje, al peinado y al vestuario con la alegría expansiva de quien disfruta el momento y ya piensa en contárselo a sus amigas, dejando ver esa combinación de rigor profesional y frescura cotidiana que la define.

María Oneto
María Oneto, titular de Ícona

Como si cada idea sembrada a lo largo de su vida hubiera tomado forma en esta agencia integradora de empleo, María actúa como un puente directo entre el sector privado y las personas en situación de extrema vulnerabilidad. Con la convicción de que el trabajo es la herramienta organizadora por excelencia, su historia refleja el impacto de gestionar la ayuda social con precisión, empatía y metas claras.

El origen de una vocación y el valor de la herramienta

—¿Llegaste a imaginar en algún momento de tu vida lo que estás haciendo hoy?

—No, la verdad que no. Pero sí creo hoy que es como un sueño o un ideal que viene desde mucho más atrás en el tiempo de lo que uno por ahí se imagina. Esta preocupación real y genuina por la pobreza o por la gente más vulnerable, y esta convicción de que en definitiva son como nosotros y de que el trabajo es lo que nos hermana. Porque si pensás el trabajo en sentido amplio, que yo lo relaciono más con la vocación, es algo que todos tenemos en la vida: la búsqueda de una tarea que hacer en la sociedad. Esos dos componentes te diría que vienen desde mis 18 o 20 años. De decir me preocupan los argentinos que viven una realidad donde no tuvieron las oportunidades que pudimos tener las personas que nacimos en clase media. ¿Qué se puede hacer por ellos? ¿Cómo podemos integrarlos y tratarlos con la dignidad que se merecen? Porque en definitiva son personas. No me gustan las estigmatizaciones, nunca me gustó hablar de "los pobres" o de lo que yo hago "con los pobres"; me parece que esas categorías no sirven. Lo que sirve es una vinculación: estar cerca y ayudar a tejer puentes para que ellos tengan oportunidades para desarrollarse por sí mismos. Esas ideas que hoy se plasmaron en los proyectos que hicimos en Ícona son cosas que me vienen de hace mucho tiempo. Ni siquiera sé bien de dónde, pero sí que crecieron conmigo.

María Oneto
María Oneto: "Me preocupan los argentinos que viven una realidad donde no tuvieron las oportunidades que pudimos tener las personas que nacimos en clase media"

—¿Y la elección de tu carrera tuvo que ver un poco con esto?

—Sí, tuvo que ver. Más que la elección en sí, para mí la abogacía siempre fue una herramienta o un instrumento para ayudar. No quería ser abogada solo por estudiar la carrera. De hecho, estoy casada hace 30 años con un abogado a quien siempre le gustó la academia y el estudio de la abogacía por la materia misma. Lo encaramos de una forma totalmente distinta: él es un genio, superpreparado, y yo soy absolutamente instrumental. Estudié derecho para solucionar problemas; eso era lo que quería. Así que ahí también está esa convicción de que siempre me importó cómo ayudar al más vulnerable. Pero está bueno que me lo preguntes, porque no pasa por un lugar de "ay, qué buena que soy". Nada que ver. Es entender que esta es mi vocación, lo que me gusta y lo que me realiza. Lo disfruto. Cuando hicimos el proyecto Matías y el modelo de agencia el año pasado, disfruté enormemente ese contacto con la Argentina profunda, que para mí representa a todas las clases sociales trabajando por el bien de alguien que lo único que necesita es una oportunidad laboral. Así de simple.

—Se nota que no se puede separar tu propósito de tu persona...

—Sí, absolutamente. Estos proyectos que surgieron en Ícona nacieron para hacer un aporte desde la política social, pero con una acción concreta. Yo no me imaginaba trabajando en una asociación civil que solo se dedica a estudiar la política pública, un poco por esto que te digo de que para mí el estudio es instrumental y tiene que estar al servicio de la acción. Entonces sí, esta preocupación es absolutamente inherente a mi persona. De hecho, la llevo a mi familia; a veces siento que mis hijos también la tienen porque es materia de diálogo en mi propia casa. Esta parte de mi profesión y de mi vocación está totalmente pegada a lo que soy: una abogada que trabaja en y para la sociedad.

La dinámica familiar, la libertad y los aprendizajes

—¿Cómo es la dinámica de tu familia y a qué se dedican?

—Estoy casada hace 30 años con Valentín y tenemos cuatro hijos: dos varones y dos mujeres de 27, 25, 23 y 20 años. Con Valentín siempre tuvimos definiciones claras sobre cómo queríamos que fueran nuestros proyectos vitales y nuestra familia; tenemos un sello muy definido. Quizás por ser tan pasionales nos impusimos criarlos con un margen de mucha libertad para no ser aplastantes. Y lo logramos, porque son personas adultas maravillosas con las que nos llevamos muy bien. Hay una sintonía de entraña, una conexión visceral, pero somos todos totalmente distintos. Eso hace que el modelo familiar sea exigente, pero divertido: en casa no existen los estereotipos. Lo que siempre intentamos es darles autonomía. Personalmente le doy mucho valor a la libertad de gestionarte tu propio proyecto de vida. Los educamos con esa impronta: procurate tus herramientas para ser feliz y construir tu camino, tenés que trabajar por lo que querés. Y no me refiero solo a los recursos materiales, sino a cómo te cultivás como persona para ser mejor para la sociedad. En casa siempre uso frases que ellos me cargan, como que "nadie puede dar lo que no tiene" o "si sembrás trigo, cosechás trigo". Son ideas de autonomía muy instaladas.

—¿Cómo fuiste construyendo la conciliación entre tu trabajo y la maternidad?

—Yo soy de una personalidad particular: no soy de las que dejan el trabajo afuera cuando llegan a casa. Soy desorganizada, no estoy pendiente del celular y a los 58 años ya lo asumís. Mi familia sabe todo lo que hago; el menor de mis hijos conoce a todos los personajes de Ícona por lo que relato en casa. Obviamente, conciliar el trabajo con pasión y criar cuatro hijos tan seguidos no siempre fue color de rosa. Trajo sus complicaciones. Con mi marido siempre intentamos tomar decisiones estratégicas: como yo quería trabajar, necesitábamos que los dos aportáramos a la familia. Eso nos dio mucha libertad para elegir nuestras opciones laborales y vocacionales. Pero cuando eran chicos se pagaban precios. Me acuerdo de estar corriendo a una plaza para encontrarme con la niñera porque se tenía que ir y ver a los chicos con cara de "no llegabas". Tengo otra frase acuñada: "no se puede tomar lo mejor de todos los mundos". La vida son elecciones, con cosas buenas y malas. En casa manejamos mucho el humor y nos reímos de eso.

—Sos la mayor de siete hermanos, ¿eso influyó en tu forma de ver las cosas?

—Somos siete hermanos con muchas particularidades, porque soy la mayor y la menor me lleva 20 años. Mis padres tuvieron siete hijos en 20 años, así que hay casi un salto generacional en el medio. Lo lindo de eso es que mis hermanos menores fueron impecables con mis chicos: tuve niñera y babysitter gratis. Y ahora la historia se repite, porque mis hijos hacen apoyo escolar y cuidan a mis sobrinos. Mis padres se separaron después de tenernos a todos, así que es una familia que tampoco podés estereotipar. De hecho, cuando decís que son siete hijos, ¡te preguntan si son del Opus Dei! No, mis papás están separados y mi papá tiene novia. Todo eso te ayuda a aprender a no encasillar a la gente y a desprejuiciarte de todo.

María Oneto
María Oneto: "Estos proyectos que surgieron en Ícona nacieron para hacer un aporte desde la política social, pero con una acción concreta"

Proyecto Matías: el trabajo como eje de transformación 

María Oneto profundiza en el Proyecto Matías y en cómo la actitud del grupo humano que lo llevó a cabo fue fundamental para su éxito: “Cuando hicimos el proyecto Matías nos acercamos a esa realidad no solo desprejuiciados, sino con alegría. Algo muy lindo para resaltar es que estos proyectos fueron como un sueño que, si el equipo no hubiera tomado la posta, no habríamos podido hacer. Saber que podés enamorar a otro y sumarlo a tus iniciativas fue algo muy revelador para mí. Yo era más de ejecutar, pero ahora me gusta soñar y convocar, entendiendo que para que funcione tenés que dejar que el otro haga propio ese proyecto”. 

Y continúa con otro ejemplo de cómo los grupos humanos y la motivación jamás pueden faltar en un proyecto: “Siempre fui técnica, abogada del Estado. En un momento, trabajando en una oficina técnica muy rígida, hice algo que no había hecho en mi vida: escribir el guion de una obra de teatro sobre la función pública y lo que hacíamos ahí. Reuní a un grupo de empleados, todos se coparon y preparamos la obra con música en vivo para la fiesta de fin de año. La noche anterior al estreno, en el ensayo general, me di cuenta de que la obra era buenísima, no por lo que yo había escrito, sino por lo que los actores, que eran todos empleados, habían logrado. Le escribí al director de -en ese momento, el CCK, un amigo muy talentoso— para que viniera a verla. En marzo de 2019 terminamos estrenando la obra allí porque le encantó el trabajo que habíamos hecho. Me envalentoné tanto que al año siguiente hicimos una segunda obra y nos volvieron a dar sala”. 

María Oneto
María Oneto: “Cuando hicimos el proyecto Matías nos acercamos a esa realidad no solo desprejuiciados, sino con alegría"

“Esa experiencia me dejó una lección que es como una metáfora de la vida: si escribís un libro o pintás un cuadro, la obra es tuya y ya está; pero un guion sin actores es algo que queda en un cajón. Me gustan los proyectos que dependen de otros, aunque sean muchísimo más arriesgados porque la otra persona tiene que vibrar como vos. Me acuerdo de las noches anteriores a los estrenos y pensaba: en las obras profesionales la gente tiene reemplazo si alguien se tuerce un tobillo, pero acá todos le ponían tanta pasión y vocación que todo fluía de manera increíble”. 

 Siempre es posible ayudar a cambiar 

“Tanto el proyecto Matías como la agencia integradora de empleo que hicimos el año pasado fueron una muestra de que hay gente en situación de calle que, con una inducción exprés y una capacitación concreta, puede recuperar una oportunidad laboral”, apunta María Oneto. 

Y amplía con una idea que acuñó desde la experiencia: “Mi postulado es que la pobreza es multicausal, y el trabajo es la primera variable que, si la atacás, te ordena todo lo demás. Si podés acceder a un primer empleo y financiarte, a partir de ahí podés empezar a hacer un proyecto de vida autónomo”. 

Si bien existen otras acciones, a priori, con el mismo propósito, las iniciativas que lidera se diferencian: “Hay un montón de gente que trabaja cerca de los colectivos sociales con mucha vocación, pero atienden otras necesidades, a veces bajo la premisa implícita de que estas personas "no pueden". Yo quería probar esto genuinamente, no por tener razón; no sabíamos si la teníamos. De hecho, hoy no sé qué porcentaje de la generalidad en situación de calle puede lograrlo, pero en nuestras muestras el 90 % accedió a un empleo y dio el salto de la calle al trabajo, mientras que un 60 % lo sostiene”. 

María Oneto
María Oneto sobre las personas en contextos vulnerables: "Necesitan ese empujón y que tienen una fortaleza enorme cuando descubren que pueden"

-En este contexto, ¿cuál creés que es la mayor dificultad? 

-Lo más difícil es sostener en el tiempo, pero la capacidad para entrar de nuevo a la rueda de la vida civil autónoma la tienen. Si les das la oportunidad de recuperar la dignidad del trabajo, responden. La inserción laboral es la "última milla", lo más difícil, pero como no es imposible, es lo primero que hay que encarar: primero la autonomía que da el empleo, y después la vivienda o la revinculación familiar. Vimos que, aislando la variable laboral, todo lo demás sucedió. Después de esto nos queda una amistad; nos juntamos una vez por mes a comer una pizza. 

Antes de pasar por esta experiencia eran señores solitarios que estaban en la calle, a quienes les costaba un montón hablar de que tenían hijos porque hacía siglos que no los veían, y hoy vinieron sus hijos. Obviamente, no sé qué porcentaje de la enorme población en situación de calle que hay hoy en CABA —y que cada vez es más— está en condiciones de salir con una oportunidad; pero mientras sea uno, diez o cien, siempre vale la pena intentar ayudarlos. 

Podrán decir: "Bueno, pero montar todo eso para los poquitos que pueden...", pero cuando sacás del sistema asistencial de cama, comida y ducha al que puede, liberás una cama para el que no. No es algo que solo beneficia al que está listo para el trabajo; también combate la cronicidad. El promedio de permanencia en los CIS, que son los centros de inclusión social en la ciudad de Buenos Aires, es de tres años. Tres años estacionado en una cama, una comida y una ducha. Las organizaciones hacen lo que pueden y los recursos del Estado son finitos; entonces, ¿cómo no descomprimir el sistema con la gente que sí puede? 

—¿Cómo seleccionan a los candidatos? 

—El proceso es como si hicieras una agencia de reclutamiento de recursos humanos tradicional, pero un poco más larga. Lo que para un perfil profesional te lleva dos entrevistas, acá nos tomaba un mes: 30 días con hitos para ir viendo cuáles eran los candidatos listos, sobre todo para no frustrarlos. Es algo muy delicado; es como cuando a un hijo no le podés mostrar la cima de la montaña si recién empieza a caminar. Pero la experiencia también me demostró que podés empujar, que necesitan ese empujón y que tienen una fortaleza enorme cuando descubren que pueden. Nos tomaba 30 días, desde el primer contacto con la organización civil o directamente en la vereda, hasta decirles: "Quedaron seleccionados, entran al programa"

Ayuda organizada: la importancia del protocolo para efectivizar las acciones 

Trabajar a conciencia, proponiendo pero también atendiendo al necesidad de manera personalizada les permitió construir un manual de acción: “Tenemos un manual protocolizado con todos los pasos, como el manual de la heladera. Es un modelo exitoso porque los propios candidatos nos dijeron qué servía y qué no. El proyecto Matías fue con una muestra de 20 personas, los "fundadores". Ellos mismos nos iban corrigiendo la propuesta. Y del otro lado, los empresarios —que son la otra parte de este puente— nos acotaron lo suyo. Yo pensaba que tenía que darles habilidades técnicas, pero los empresarios nos dijeron: "No, vos enseñales a ser puntuales, a venir bien presentados y a entender que tienen que acatar la indicación de un supervisor. De la parte técnica nos ocupamos nosotros"

Próxima etapa: escalar el proyecto

—¿Qué hace falta para seguir adelante con este tipo de acciones?

—Hoy me siento en un buen momento porque tenemos cosas para hacer, porque hay un proyecto. El desvelo es escalar esto; que suceda en la realidad que el abordaje de la pobreza se haga a través de la vinculación con el trabajo, para crear una sociedad más armónica. Ese prejuicio del que hablábamos hay que sacárselo de todos lados, porque el sector asistencial también tiene muchos prejuicios con los empresarios. Y nosotros conocimos una red de empresarios maravillosos, tan increíbles como los candidatos del proyecto. Si construís un puente entre la productividad y la mano de obra, tenés una sociedad con un potencial tremendo. Durante años existió la idea romántica de que el que se ocupa del vulnerable es el único que lo quiere y que hay que defenderlo de los empresarios "malos" que explotan. La sociedad cambió; si alguna vez fue así, hoy ya no lo es. Estoy tan sorprendida del potencial de la gente en situación de calle para insertarse en el mundo laboral como de la disposición de los empresarios para darles esa oportunidad.

—Muchos líderes de organizaciones sostienen que falta gente para cubrir ciertos puestos...

—¡Falta gente! Entonces, generar este puente es clave. ¿Qué falta para que escale? Hay que instalar el tema, conversarlo. Nosotros tuvimos la suerte de que, apenas protocolizamos la idea en un manual, logramos una vinculación fuerte con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que en parte lo tomó y con el que seguimos trabajando. Es difícil porque hay que cambiar la cabeza de mucha gente y la forma de ejercer la función pública en todos los niveles. Trabajar en el Estado es una enorme responsabilidad: el recurso que asignás mal repercute en una persona que sigue pasando frío en la calle. Por otro lado, los paradores de Cáritas también nos derivaron gente. Es una organización de muchos años que entiende el problema y coincide en que hay que salir de la cronicidad. Cama, comida y ducha entraron por las buenas razones, pero hay que moverse hacia la autonomía, y la autonomía se consigue trabajando.

Además, existe el mito de que si acostumbrás a una persona a recibir un subsidio pase lo que pase, no va a querer trabajar. Pensar que viven de eso es imposible, porque son montos bajísimos que no compiten con el sueldo de un empleo real. Malviven con un subsidio, y muchas veces este se complementa con trabajo informal. Bienvenido el trabajo informal, porque es la persona que sale a vender cosas para darles de comer a sus pibes. A esa gente que se mueve hay que darle formalidades, obra social y las ventajas del trabajo registrado.

María Oneto
María Oneto

—Además de ofrecer la oportunidad laboral, ¿cuál es el rol de los empresarios? ¿Los asisten económicamente o están en contacto directo con ustedes?

—Lo primero que le pedimos a un empresario es una oportunidad laboral. Después terminan dándonos mucho más: nos dan capacitaciones gratis durante los 60 días de inducción. Nos tomamos 30 días para seleccionarlos y 60 para trabajarlos. En esos dos meses los capacitamos en habilidades blandas, les damos un curso de herramientas digitales, arman el currículum y se les asigna un mentor. El solo hecho de venir a esta oficina tres veces por semana los pone en "modo empleo": el cumplimiento del horario, la asistencia... La transformación es increíble; llega un día en el que ya no sabés quién es el tutor y quién el candidato.

Cuando les pido una oportunidad laboral a los empresarios, es una. Después se copan, se involucran y participan de las capacitaciones. Mandan a su gente de Recursos Humanos para hacer simulacros de entrevistas. Nos ha pasado que vienen empresas importantes como Molinos Río de la Plata o Megatlon a hacer entrenamientos y terminan contratando candidatas ahí mismo. La colaboración premium es dar oportunidades laborales; la que se suma es capacitar, entrenar en entrevistas y darnos feedback.

Ese feedback le llegaba al tutor y se trabajaba. Por ejemplo, en el caso de los que habían estado presos, yo les decía que siempre hay que hablar con la verdad, pero como en las primeras citas: no le tirás todos los problemas de entrada. Por otra parte, muchos financiaron la estructura. Para que esto fuera profesional había un equipo de cinco personas rentadas y 35 voluntarios. No empezamos hasta no tener el compromiso de aporte.

Cuando armamos la casa del Proyecto Matías, un empresario la prestó, otro hizo las modificaciones a costo bonificado, Simmons nos donó los colchones y otros aportaron los calefactores. Pero en las reuniones con empresarios mi único pedido central era: "De ustedes necesito un trabajo". De nada sirve armar "la casa de la Barbie" si después no conseguís los puestos. La prioridad era un trabajo en relación de dependencia formal, pagado por convenio, y todas las empresas cumplieron maravillosamente.

Esto te derriba un montón de prejuicios. En este recorrido te encontrás con ideologías de todo tipo, pero como tenés un objetivo común que es conseguirle trabajo a esta gente para sacarla de la pobreza, no hay grieta. Nosotros somos una asociación civil totalmente aparte de lo partidario, y en los proyectos sociales el respeto por ese enfoque es absoluto. Un proyecto así derriba todas las barreras, y el argentino es hipersolidario cuando ve una iniciativa seria.

Después le tenés que poner pimienta: a la gente le gusta participar en cosas que están buenas y salen bien. Los tutores eran gente de clase media, amigas mías que ya criaron a sus hijos, por ejemplo. Cada una tenía un candidato y se generaba un vínculo divino. Para ser voluntario en este proceso hay un protocolo definido: no se puede dar plata ni llevarlos a tu casa, hay pautas que cumplir; pero después, obviamente, te vinculás desde tu lugar.

—¿Y ahora qué tienen en marcha?

—Este 2026 estamos enfocados en la difusión y la colaboración. Cáritas arranca ahora con una camada donde nosotros colaboramos con capacitaciones y sumamos voluntarios. El Gobierno de la Ciudad hizo hace poco una primera capacitación con un grupo y una chica de nuestras camadas anteriores fue a hablarles. Ese es el mejor testimonio: cuando el que ya está trabajando le habla al que recién empieza. Además, hay todo un submundo ahí donde se conocen todos, se cruzan por la calle y se siguen la pista, casi como excompañeros de colegio.

Incluso te da gracia recordar cómo empezó todo. Cuando se empezó a correr la bola en el Proyecto Matías de que estábamos reclutando, Mariano —que hoy es un gran amigo— me decía: "¿Sabés qué nos decían en el hogar? Que ustedes nos iban a sacar los órganos". Como en la casa iban a vivir 60 días —un espacio con salida libre durante el día pero donde había que estar a la noche para cumplir el programa—, tenían ese temor. Eso se iba pasando de boca en boca, pero ahora lo que se transmite es lo positivo. Ya tiene una marca definida en ese submundo y todos quieren participar. Los pioneros, los "patriarcas de los pájaros", se sienten como héroes: están fascinados, les encanta hablar y formaron una red propia.

—Y para 2027, ¿tienen en miras hacer otro proyecto o reclutar más empresarios?

—Tenemos algunas variaciones. Ahora queremos hacer algo muy incipiente con YPF, porque tenemos una consultora especialista en entrenamiento de personal para estaciones de servicio. La idea es hacer un proyecto acotado y corto en el tiempo para formar, por ejemplo, a 60 playeros. Nosotros trabajamos por proyecto: craneamos la idea, la armamos en un papel, se la presentamos a un empresario y le pedimos apoyo. Como después rendimos cuentas y ven los resultados, cada vez se nos hace más fácil.

Si me preguntás cuál es el gran proyecto, es seguir estudiando y presentar un plan de política social que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires pueda acompañar. Hay 48 CIS (Centros de Inclusión Social) en CABA con un promedio de 85 a 100 personas cada uno; son unas 5100 personas en situación de calle. Si aplicás este modelo de intervención en esas mismas estructuras, estoy convencida de que el 60 % de esa población vuelve al mercado laboral.

Después te queda el consumo problemático y la salud mental —que se tratan de otra forma— y el adulto mayor crónico de la calle, a quien cuidás como un rey con todo lo que te ahorraste del sistema. La gente de 50 años, por ejemplo, fue la que mayor salida laboral tuvo con nosotros. Con la población que sí necesita más tiempo y recursos, se los inyectás ahí.

El otro gran sueño es articular la transición hacia la vivienda. Cuando la persona entra al mercado laboral, arranca con el salario más básico. Para las familias se necesita otro presupuesto, por lo que me gustaría usar estructuras o inmuebles del Estado para ofrecer alquileres a precios módicos durante tres años —que el alquiler represente un 15 % del salario— para que puedan ahorrar y, a los 36 meses, dar el salto al mercado inmobiliario formal. Ese tipo de proyectos tenemos en la cabeza.

Y todos los que quieran sumarse para aportar, ¡bienvenido sea! En Ícona trabajamos por proyectos con presupuestos asociados, membresías que mantienen la estructura base y muchísimo voluntariado: desde profesionales hasta empresarios que aportan su tiempo o amigos que se suman a colaborar.

Fotos: Diego García @fotos_diego
Video y edición de video: Cande Casares @visual.knd
Producción: Gimena Padial @gimmebright
Make up y pelo: Belén Di Natale @makeupbelenok

 
   

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