"Nunca más lo vi": la historia de Ariana, la mamá que lleva 5 meses separada de su hijo y aún espera volver a abrazarlo - Revista Para Ti
 

"Nunca más lo vi": la historia de Ariana, la mamá que lleva 5 meses separada de su hijo y aún espera volver a abrazarlo

Ariana asegura que el 30 de diciembre de 2025 su vida cambió para siempre. Lo que creyó que sería una instancia de protección para escuchar a su hijo terminó, según relata, en una separación abrupta que ya lleva más de cinco meses. Entre el dolor, la incertidumbre y una lucha judicial que continúa, comparte una historia atravesada por el amor de una madre y la ausencia más difícil de soportar.
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La última imagen que Ariana S. guarda de su hijo tiene la fuerza de una herida que nunca termina de cerrar. Lo vio alejarse por un pasillo, caminando despacio, con la cabeza baja y tomado de la mano de una profesional a la que acababa de conocer. Pensó que volvería a verlo en unas horas. No imaginó que esa sería la última vez que tendría a su hijo frente a sus ojos. Cinco meses después, sigue esperando el reencuentro.

Ariana todavía recuerda cada detalle de aquella mañana. La ropa que llevaba su hijo, la expresión de su cara y la sensación de que algo no estaba bien. Entró junto a él a una Defensoría convencida de que sería un espacio de protección y escucha. Horas más tarde salió sola, escoltada por policías y sin poder abrazarlo una vez más. Desde entonces, asegura que no volvió a verlo.

Durante seis años, Ariana y su hijo habían construido un universo propio hecho de cuentos antes de dormir, bailes improvisados en el living, paseos por plazas y abrazos cotidianos. Todo eso se detuvo de golpe el 30 de diciembre de 2025. Desde ese día, una ausencia atraviesa cada minuto de su vida: la de un niño al que, según relata, no pudo volver a ver.

Ariana espera volver a ver a su hijo. La separaron de él hace 5 meses.
Ariana espera volver a ver a su hijo. La separaron de él hace 5 meses.

"Pensé que iba a volver a buscarlo en unas horas". Esa certeza acompañó a Ariana cuando vio a su hijo caminar por un pasillo de una Defensoría. Nunca imaginó que esa escena se convertiría en el recuerdo más doloroso de su vida. Hoy, después de más de cinco meses sin verlo, cuenta una historia atravesada por el amor, la impotencia y una espera que parece no terminar.

En esta entrevista exclusiva, Ariana abre su corazón para contar cómo era la vida junto a su hijo, qué ocurrió aquel día que cambió todo y por qué, pese al dolor, se aferra a una sola esperanza: volver a verlo.

-Ariana, ¿cómo era tu vida cotidiana con tu hijo antes del 30 de diciembre de 2025? 

-Antes del 30 de Diciembre nuestra vida era hermosa. Esta quizá es una frase que decimos todas las mamás pero para mí mi hijo es único,  y lo que más amaba en el mundo era estar con el.  

Él siempre fue muy cariñoso conmigo, demostrando su amor de mil formas. Desayunar juntos, sobre todo los fines de semana que se podía levantar más tarde porque no tenía jardín era uno de los momentos más lindos. Mirábamos videos musicales o algún dibujito o videos de gatos que le encantan! 

A él le gusta mucho bailar, jugar, correr, andar en triciclo, salir a pasear.  Creo que fuimos a todas las plazas de la ciudad!  Salíamos a recorrer y descubrir distintos barrios, lugares, museos, cine, hacer todo tipo de actividades, jugar en los jueguitos de los shoppings, armar salidas con sus amiguitos y sus familias, o con mi familia.

Él disfrutaba muchísimo de todo. Inventaba juegos todo el tiempo y jugaba muchísimo también con sus abus  y con sus amigos. La hora del baño era especial.  Jugaba mucho y cantábamos. A la noche siempre leíamos cuentos antes de dormir. Fuimos armando colecciones de libros en español y en inglés. Creo que irnos a dormir era la parte más linda del día porque teníamos nuestro ritual. El cuento en mi cama abrazados, a veces le cantaba alguna canción y después lo arropaba en su cama con sus peluches.

También era el momento en que solía contarme cosas que le habían pasado y hablábamos sobre eso.  El fue al jardín hasta el año pasado y este año empezaba 1er grado, el comienzo de una etapa nueva que nunca pude presenciar. Hacía justo una semana habían terminado las clases en el jardín y estábamos buscando una pileta para ir durante el verano porque ama el agua.

Pensábamos tomarnos unos días para ir de vacaciones a la playa, su lugar preferido en el mundo. Yo había encontrado también un espacio para que hiciera música que es otra de las cosas que le fascinan igual que dibujar y pintar. Es un pequeño artista. 

-¿Qué ocurrió exactamente ese día y cómo lo viviste?  

-El 30 de diciembre fue sin dudas el peor día de mi vida. Mi hijo estaba en proceso de revinculación con su papá por una causa de violencia en que la OVD determinó que mi hijo tenía riesgo alto. El 29 de diciembre recibo un mensaje de la Defensoría Zonal 5 del CNNyA donde por primera vez me citan con mi hijo para que fuera al día siguiente. Yo estaba contenta porque pensaba que era un lugar seguro donde podrían escucharan a mi hijo, pero no fue eso lo que pasó. 

Llegamos, me recibieron dos abogados de la defensoría y una mujer que me dijeron era psicóloga. Ella y los abogados intentaban que mi hijo se fuera con la psicóloga pero no lo lograban, porque mi hijo no se quería despegar de mí. Estuvimos unos 20 minutos convenciéndolo con mi pareja para que se fuera con esta persona. Incluso mi pareja le dio su pulsera y le dijo que se la podía devolver cuando volviera… y nunca volvió.

Estuvimos con mi pareja alrededor de una hora en la planta baja de ese lugar, esperando a que bajara. En un momento me llaman los dos abogados de la defensoría y me hacen ingresar a un cuartito donde entra una tercera abogada, todos de la Defensoría.

Ahí me informan que a partir de ese momento mi hijo se va a ir con el padre, que tienen un dictamen de la jueza Córdoba, y en ese momento me desmoroné. No entendía lo que estaba pasando, estaba desesperada y ellos insistiendo que mi hijo se iba con él y que yo tenía que firmar un acta.

Yo no podía pensar, me puse a llorar, le pedí a mi pareja que entrara y a ellos que le dijeran lo que me habían dicho a mí. Se lo repitieron y sin ninguna explicación insistieron muchísimo para que yo firmara un acta que ni podía leer de la angustia que tenía. Llorábamos mi pareja y yo, desesperados, intentando entender y pidiéndoles ver a mi hijo, lo cual nos negaron cada vez que se los pedimos.

Solo querían que yo firmara un acta y me vaya. Desesperada empecé a llamar a quien era mi abogada en ese momento para que viniera. Llamé a mis padres, a los padres de mi pareja... Pasaba el tiempo y ellos insistían en que yo firmara y me fuera. Yo pedía ver a mi hijo. No me dejaron. Se negaron durante horas e incluso llamaron a la policía. Vinieron 6 efectivos para obligarme a que me fuera e iban a llamar a gendarmería…

Yo solo quería ver a mi hijo, abrazarlo, explicarle lo inexplicable, darle agua, algo de comer, acompañarlo al baño… Jamás me dejaron verlo... Ese día a la hora en que sucedió todo esto empezaba la feria judicial, es decir, no había nadie a quién recurrir. Se podría decir que fue hecho a propósito porque hoy sé que me habían hecho un expediente reservado -al que nunca tuve acceso ni mis abogados- y la medida se tomó el 30 de diciembre a la hora en que comenzaba la feria. Y aunque firmé un acta que decía que iba a tener contacto con mi hijo a través de un familiar del padre, eso jamás sucedió. Nunca más lo vi. 

"Mi hijo me decía que tenía miedo que su papá viniera a nuestra casa y se lo llevara"

-¿Cómo reaccionó tu hijo frente a esa situación?  

-No puedo saberlo porque nunca más lo vi. Imagino que fue y sigue siendo un shock, y un daño irreparable. Durante 6 años vivió conmigo, teníamos una vida hermosa. Un día vamos a una defensoría de niños y adolescentes, y nunca más vuelve a ver a su mamá.

-¿Qué fue lo más difícil de presenciar en ese momento?  

-La impotencia. El que me insistieran que no podía hacer nada, que me tenía que ir, que llamaran a la policía para sacarme, que a nadie le importara absolutamente nada de mi hijo y tener que dejarlo ahí para que se fuera con la persona que él ya había dicho al CIF (cuerpo interdisciplinario forense) que no quería estar.

-¿Hubo algo que te quedó grabado para siempre de ese día? 

-La cara de mi hijo, agachando la cabeza, triste, yéndose caminando por un pasillo muy despacito con esa psicóloga. Y un dolor profundo en el corazón que creo que nunca se me va a ir. Dos noches antes, mi hijo me había dicho por vez número 1000 que tenía miedo de que su papá viniera a nuestra casa y se lo llevara. Era un miedo recurrente. Yo siempre lo calmaba y le explicaba que eso no iba a pasar.  

-¿Qué sentiste cuando entendiste que no ibas a poder volver a verlo de inmediato? 

-Desesperación, angustia... Un dolor que no se puede explicar, aunque yo pensaba que sí lo vería porque firmé ese acta, pero nunca pasó.

En ese momento cambié de abogadas y luchamos judicialmente para recuperar este vínculo que fue injustamente interrumpido. 

"Mi hijo tiene TEA y TDA... Necesita que lo entiendan, que hay cosas que lo pueden desregular"

-¿Cómo describirías la relación que tenías con tu hijo antes de la medida judicial?  

-Era una relación de mucho amor, confianza, aprendizaje mutuo. Existían los fantasmas del proceso judicial, de los terribles pedidos judiciales y acusaciones sin sentido que se hacían. El camino del proceso de la revinculacion lo expuso a él a muchas angustias, miedos, y habia empezado a expresarlas. 

Él encontraba en mi un lugar donde poder expresarse. Me preocupa que en la abrupta separación nadie le explicara qué pasaba, qué iba a pasar. No nos anticiparon nada. No hubo gradualidad, adaptación. Y si para mí fue un shock emocional y traumático, que soy una adulta, no quiero imaginar cómo fue para él.  

-¿Qué cosas compartían juntos que hoy extrañás especialmente? 

-La vida... Es difícil decir algo específico. Pasaba tiempo con él haciendo lo que sea. Siempre era divertido sobre todo porque es muy creativo e inventaba juegos todo el tiempo: la hora de dormir, de bañarse, bailar como locos, cantar, descubrir el mundo.

-Si tu hijo pudiera escucharte hoy, ¿qué te gustaría decirle? 

-Que lo amo hasta donde las estrellas dejan de verse. Que pienso en él todo el tiempo, todos los días. Que se acuerde del cuento del hilo invisible... y que no veo la hora de volver a verlo y que estemos juntos. 

-Tu hijo cuenta con diagnósticos y un CUD vigente. ¿Qué necesidades específicas requiere en su vida cotidiana?  

-Él tiene TEA y TDA. Necesita ante todo que lo entiendan, que sepan que hay sonidos, luces, texturas a las que tiene sensibilidad y lo pueden desregular. El contacto físico no le gusta sobre todo si es inesperado porque tiene dificultades propioceptivas, que también le pueden generar sobrecarga sensorial. Por eso puede hacer movimientos repetitivos, aleteos o dar vueltas para regularse. 

Tiene dificultades con la motricidad y por eso le cuestan más cosas que para los neurotípicos son naturales como cepillarse los dientes o hasta atrapar una pelota. Es bastante selectivo con las comidas. Tiene fijación por algunos temas de los que puede hablar durante horas (durante años fueron los autos y ahora eran las máquinas de pinza) y cuando uno habla con él tiene que entender que lo que decimos lo entiende de manera literal.

Necesita anticipación siempre. Saber qué va a pasar en cada momento. Si se sale de una rutina o un esquema que se había propuesto, puede generarle una crisis. 

-¿Cómo era su rutina de tratamientos, terapias y apoyos antes de esta situación? 

-El año pasado, luego de que tuvimos el diagnóstico, busqué un espacio para que comenzara las terapias indicadas: terapia ocupacional, psicológica y psicopedagogía. También debía tener una maestra integradora. Estaba en etapa de evaluación cuando el padre pidió que se las quiten porque él niega su condición.  

-¿Qué es lo que más te preocupa respecto de su bienestar actual?  

-Me preocupa el impacto psicológico, el daño que le puede estar causando esta medida, esta separación abrupta de su mamá, de su centro de vida. Y por sobre todo la interrupción de terapias y tratamientos que le fueron previamente indicadas por su pediatra y hoy no se estan haciendo. Me preocupa el retroceso que esto pueda generar en su psiquis.  

Por un lado quisiera pensar que el vínculo que teníamos es irrompible. Pero no tengo duda de que cada día que pasa sin verme, sin ver a sus afectos de toda la vida, va a generar un trauma, una herida enorme. El corte del vínculo entre nosotros fue brutal, sin ninguna explicación, sin adaptación, sin tener en cuenta su palabra y su deseo. Todo esto imagino que además daña su percepción de la vida, los vínculos, la confianza.  

-Pasaron cinco meses sin verlo. ¿Cómo atravesaste este tiempo? 

-Con dolor y angustia que jamás pensé que sentiría... Perder un hijo en vida por razones que desconozco y que ni siquiera la justicia puede determinar. Siento una angustia e impotencia: por más que haga todo lo legalmente posible, nada -absolutamente nada- funciona ni te escuchan.  

El cuarto de su hijo permanece intacto esperando su regreso
El cuarto de su hijo permanece intacto esperando su regreso

-¿Cómo impactó esta situación en el resto de tu familia? 

-De la misma manera: muchísimo dolor, tristeza y no poder comprender cómo es que en un país donde existen leyes que se supone deben proteger a los niños, sucedan estas cosas. 

-¿Qué respuestas obtuviste hasta ahora de la Justicia?  

-Ninguna. Ese es el problema. Van más de 5 meses y aunque en una audiencia el pasado 14 de abril -casi 4 meses después de que se tomó la medida- se dictaminó que tengo que revincularme de manera urgente con mi hijo.

Lo único que pasó es que volvieron a pasarse el expediente del juzgado a la defensoría de menores sin parar, el CIF -que es quien debe actuar de intermediario para la revinculación- cambió el equipo por tercera vez sin dar una fecha para revincular. El expediente fue elevado a la cámara sin que hubiera razón. Mis abogadas detectaron que en el expediente faltan informes que enviamos y que, -como viene sucediendo desde un principio-, se proveen inmediatamente los expedientes y pedidos del padre y no los míos.

Todo esto no hace más que dilatar y entorpecer para que mi hijo y yo no nos veamos. Pasamos todas las instancias y agotamos todos los recursos.  

-¿Qué expectativas tenías cuando presentaste los distintos recursos?  

-Pensé que iban a funcionar. Que alguien en el sistema judicial entendería la gravedad de lo que está sucediendo y actuaría con rapidez para evitar seguir dañando a un niño de 6 años y por supuesto al vínculo con su mamá. Quiero creer, de verdad, que existe la justicia y que alguien con conciencia, sentido común, empatía y por supuesto, conocimiento de las leyes va a actuar por el bien superior del niño como suelen escribir los magistrados. Que eso no quede en simples palabras en un papel. 

-Mencionás una audiencia en la que se habría solicitado una revinculación urgente. ¿Qué ocurrió después de esa instancia? 

-Burocracia judicial. Dilataciones. Giros y pases del juzgado. Presentaciones del progenitor que obstruyen y dilatan.

"Mi hijo va a tener 6 años una vez en la vida. Merece una infancia sana, feliz, libre, con una mamá y un papá" 

-¿Cómo se sobrevive a la ausencia de un hijo?  

-Creo que esa es la palabra exacta. Se sobrevive porque es como si te hubiesen quitado el corazón. Intento tener confianza en que el bien prevalece sobre el mal. En que existe algún tipo de justicia. Y por sobre todo, acompañada por personas que me brindan su amor, contención, apoyo y que como yo, no van a bajar los brazos. También con terapia, por supuesto.  

-¿Cuál fue el día más difícil de estos meses?  

-El 30 de diciembre fue y va a ser el día más difícil. Mi vida cambió ese día. Entré a una Defensoría de Niños, Niñas y Adolecentes con mi hijo, felices los dos hasta ese día, y me echaron con la policía sin él…  

-¿Qué es lo primero que harías si pudieras reencontrarte con él mañana?  

-Le daría un abrazo que seguramente dure mucho mucho tiempo, le diría que mamá estuvo siempre con él aunque no me pudiera ver y que está acá ahora. Lo llenaría de besos.  

-¿Qué cosas guardás de él en tu casa esperando su regreso? 

-Todo.. está todo igual que el día que nos separaron en su habitación, en el living donde jugaba muchísimo y algunos regalos que tenía preparados para Año Nuevo y Reyes que jamás pude darle. Pero todo está igual porque además, por su condición, él necesita que nada cambie de lugar, los cambios abruptos lo afectan y sé que encontrar todo igual le daría tranquilidad.  

-¿Qué aprendiste de vos misma en medio de este dolor? 

-Que soy mucho más fuerte y resiliente de lo que creía. Que por un hijo una hace literalmente lo que sea, y que soy muy afortunada de tener un montón de gente en mi vida que me quiere y apoya. 

-¿Qué mensaje le querés dar hoy a quienes tienen la posibilidad de intervenir en este caso? 

-Les preguntaría qué harían si esto les pasara a ellos, a sus hijos, sobrinos, nietos. Les pediría ponerse en el lugar de esta mamá, de este niño. Les diría que teniendo la posibilidad de utilizar su conocimiento sobre las leyes, el sentido común y la compasión, que por favor hicieran todo lo que esté en su poder para evitar seguir dañando un vínculo que hasta el 30 de diciembre era sano. Mi hijo va a tener 6 años una vez en la vida. Merece una infancia sana, feliz, libre, con una mamá y un papá.  

-¿Cuál es tu mayor deseo hoy? 

-Volver a ver a mi hijo.  

 
   

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