5 mentiras sobre los Reyes Magos que la historia se encargó de refutar – Para Ti
 

5 mentiras sobre los Reyes Magos que la historia se encargó de refutar

Varias investigaciones históricas explican el origen de las creencias en torno a la leyenda de los Reyes Magos. Y curiosamente, algunas que tenemos muy arraigadas, nos llegaron de forma errónea. 
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Una celebración de origen bíblico, que tiene uno de los relatos más significativos de la fe cristiana, fue transmitida durante siglos con varios errores históricos. Y con muchos “agregados” según la época. Qué hay de cierto y qué no en la leyenda de los Reyes Magos.

Mentira 1: sobre cuántos eran

¿Eran tres? El origen de la leyenda de los Reyes Magos figura en el Evangelio según San Mateo, quien afirma que, después de que Jesús naciera en Belén “vinieron del Oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarlo”. No señalaba el número ni la raza. ¿Donde se originó la tradición de decir que eran tres? Se dice que este mito figura en el “Liber Pontificalis”, una recopilación del siglo IX de varias historias y leyendas relacionadas con la religión cristiana. La cifra, aparentemente, se basa en el número de regalos para Jesús citados por el apóstol. A esto se suma la relación con la Santísima Trinidad, creencias que fueron citadas en varias investigaciones históricas, como la del español José Javier Azanza López: “Si bien existen versiones que recogen entre dos y sesenta magos, en el siglo III el teólogo Orígenes indicó que los Reyes Magos eran tres, número que acabó por imponerse atendiendo a razones bíblicas, litúrgicas y simbólicas, y que fue confirmado por la Iglesia en el siglo V mediante una declaración del Papa León I el Magno en sus Sermones para la Epifanía”.

Mentira 2: sus nombres reales no son los que conocemos

Se llamaban Melchor, Gaspar y Baltazar. Sus nombres se popularizaron el siglo IX también gracias al “Liber pontificalis” (Melchior, Bithisarca y Gathaspa), aunque ya habían sido mencionados en el Evangelio Armenio de la Infancia del siglo IV y en la obra del obispo de Génova, Santiago de la Vorágine, en el siglo XIII. Se cree que son creaciones para la leyenda, ya que Mateo no los menciona en su evangelio. 

Mentira 3: no eran magos ni reyes

Muchos expertos afirman que la denominación de “magos” que hace Mateo para referirse a los Reyes tenía otras acepciones en la época, vinculada a personas de cierto poderío y que se distinguían por sus conocimientos científicos, astronómicos y astrológicos. El término, no obstante, fue adquiriendo la connotación actual aproximadamente un siglo después, cuando empezó a aplicarse universalmente “a los adivinos y a los exponentes de cultos religiosos esotéricos”. “Lo más probable es que fueran sacerdotes y astrólogos originarios de Babilonia o Persia, dado que ambos eran grandes centros astrológicos donde los magos eran una casta sacerdotal con mucha influencia”, afirma Azanza.

Mentira 4: no se sabe de dónde provenían

Eran reyes que venían de Oriente. Una de las primeras veces que se oye hablar de su procedencia es en siglo VII, cuando se dejó escrito en el “Evangelio armenio de la infancia” que Melchor reinaba sobre los persas, Baltasar sobre los indios, y Gaspar, sobre el país de los árabes. No obstante, no se sabe nada de su tierra natal aunque los historiadores afirman que vinieron de Arabia. Tampoco afirma Mateo que fueran reyes, el responsable de este mote es Quinto Septimo Tertuliano, escritor romano que en el siglo III llegó a la conclusión de la nobleza de dichos personajes tras leer el Salmo 72 que explicaba: “Que los reyes de Sabá y Arabia le traigan presentes, que le rindan homenaje todos los reyes”. Como la magia no era bien considerada por la religión, este apelativo hizo que nuestros protagonistas fueran bien aceptados. 

Mentira 5: sobre el color de piel de Baltasar

Baltasar, ¿era negro? Lo cierto es que recién en el siglo XV se lo representó de esta manera, cuando se impuso el gusto por lo exótico y con la finalidad de simbolizar la universalidad del cristianismo. Antes, fueron mostrados con aspecto occidental y considerados como los descendientes de Noé, sobre todo durante la Edad Media, en la que se asociaba la raza negra con el demonio y el infierno. “En los albores del cristianismo, a los tres magos se les representaba como de una misma raza, tenían el mismo tipo e iban vestidos con el característico traje persa: bonete frigio y estrechos pantalones con faldilla”, afirma Azanza.

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