Esta cocina no nace como un ejercicio de diseño tradicional, sino como la materialización de una historia compartida, y donde el espacio toma sentido a partir de quien lo construye y lo vive.
“El proyecto se desarrolla para mi padre, y parte de una premisa clara: traducir su identidad en un espacio cotidiano”, cuenta Camila Melamed, arquitecta de GAME @estudio.game.

“Su gusto por los veleros, el azul y el blanco se convierte en un lenguaje que atraviesa toda la propuesta. No como un recurso literal, sino como una atmósfera que le resulta propia”.
Una cocina en azul y con historia

La isla central, con su presencia contundente en azul profundo, actúa como pieza estructurante del espacio; la cubierta inclinada con estructura vista aporta verticalidad y carácter, y las luminarias de fibras naturales introducen calidez y una escala más doméstica, en diálogo con el estilo farmhouse que guía el conjunto.
Incorporar elementos con historia forma parte del proyecto. En este sentido, la columna central surge de la reutilización de una antigua farola de hierro fundido recuperada de demolición. Su presencia no solo cumple una función técnica, sino que introduce una capa narrativa que vincula el pasado con el presente, trasladando un elemento del espacio urbano al ámbito doméstico.


“Gran parte de esta cocina fue realizada por mi padre, desde las molduras hasta la instalación eléctrica –destaca Camila Melamed- Cada detalle construido con sus manos incorpora una dimensión que trasciende lo físico. El espacio deja de ser solo diseñado para convertirse en construido, apropiado y profundamente personal”.
El corazón de la casa: el símbolo de una relación

Más que una cocina, este espacio es un reflejo. De una manera de habitar, de un vínculo, y de un proceso compartido.
“Es el resultado de un proceso donde el hacer y el habitar se entrelazan, y donde el espacio toma sentido a partir de quien lo construye y lo vive”, describe Camila Melamed.


La isla central, con su presencia contundente en azul profundo, actúa como pieza estructurante del espacio, organizando el funcionamiento y la vida diaria a su alrededor. En contraste, alrededor se resuelve en tonos claros que potencian la luz natural y refuerzan la sensación de amplitud.
La arquitecta resalta que lo más significativo del proyecto no es únicamente su resolución espacial o material, sino su proceso constructivo. Más que una cocina, este espacio es un reflejo. De una manera de habitar, de un vínculo, y de un proceso compartido.


