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¿Las personas entrenadas tienen mejor sexo que las sedentarias?

“El sedentarismo es el enemigo número uno del buen sexo”, resaltó el especialista
“El sedentarismo es el enemigo número uno del buen sexo”, resaltó el especialista

Que toda la líbido queda en el gym, que el entrenamiento intenso aniquila las ganas de tener sexo y que las mujeres y varones fit son tan obses que después de una rutina agotadora sólo quieren mirarse al espejo y “calentarse” con esos propios glúteos bien tonificados que tanto les costó mantener.

Puro prejuicio. Todo indica lo contrario: el ejercicio favorece la sexualidad positiva. “El sedentarismo es el enemigo número uno del buen sexo, y si querés aumentar tu rendimiento sexual tenés que enfocarte en mejorar tus conductas en estas tres áreas vitales”, asegura el psicólogo y sexólogo Patricio Gómez Di Leva.

Face to face en una entrevista en consultorio o por @respuestasexual (es un instagramer estrella) cuando él chequea la actividad física de sus pacientes pregunta: ¿hacés actividad física?, ¿qué comés?, ¿cómo y cuántas horas dormís?

YENDO DE LA CAMA AL GYM. El ejercicio eleva el deseo y los niveles de testosterona, la hormona estrella del sexo. Además, entrenar ayuda a disminuir la ansiedad y la tensión, estados que conspiran contra el encuentro sexual. Pero hay más: en los varones la actividad física actúa como un vaso dilatador fabuloso, logrando erecciones poderosas (altamente superior y obviamente más saludable que cualquier pastilla). En las mujeres el entrenamiento también asegura la lubricación.

Además, al sentirnos tan bien con nosotras mismas, tenemos cero drama en mostrarnos desnudas y entregarnos al placer y las posiciones más exóticas. Es más, lo disfrutamos porque nos gustamos mucho y desde ese lugar de autoestima alta el goce está asegurado. En otras palabras: no estamos pensando en la celulitis que se nota en la cola cuando hacemos el jinete al revés y no tenemos miedo de que puedan levantarnos para cabalgar contra la pared. Aunque pesemos (porque acá sí que hay músculo), podemos hacer un salto maestro y llegar a destino carnal sin riesgo de papelones. “Aunque los cambios no se vean en el cuerpo, la seguridad se posee y se transmite. Y no tiene tanto que ver con lo real sino con la percepción que tenemos del cuerpo. Está claro que la falta de comodidad y aceptación incide mucho en el disfrute sexual”, explica Leva.

VITALIDAD Y EQUILIBRIO. “El sexo se manifiesta y se vive a través del cuerpo y se ha comprobado que estar muy activos físicamente activa la vida sexual”, afirma Alessandra Rampolla, la famosa sexóloga, que no podía faltar en este debate. Sabe un montón, pero además en los últimos años ella misma hizo un cambio físico rotundo y fenomenal. “Sentirte deseada y linda hace la diferencia en la cama”, asegura. A los hombres, la calvicie y la panza de “birra” les generan mucho temor respecto al tamaño de su pene: ópticamente parece más pequeño. En las mujeres la ansiedad anticipatoria actúa como un disruptivo del placer. Con “rollitos” y “celulitis” en la cabeza es muy difícil pasarla bien y concentrarte en las cosas que sí te erotizan. A veces genera tanto malestar que estamos esperando que pase rápido el momento. Y más si quedó la luz prendida.

Pero no somos sólo cuerpo. Así como el mejor sexo se da en un cuerpo sano y alineado con el propio deseo, el equilibrio mental y emocional es fundamental: las obsesiones (el sobreentrenamiento, el trabajo excesivo o la obstinación con lo que sea) dilapidan cualquier disfrute. Hay que ser inteligentes para administrar la energía vital y no caer en excesos negativos. Como dice la biodecodificadora Claudia Luchetti: “Un cuerpo con exceso de trabajo no le permite al ser manifestarse”. Advierte que lo robotiza y “lo pone en competencia” cuando la actitud tiene que ser de “entrega”. En ese sentido, Luchetti banca el entrenamiento. “El fitness sostenido en el tiempo –asegura la motivadora– significa para el cuerpo mantener la confianza en su apariencia, en su porte y en su dinámica a través de la comunicación con el otro”.

 HACELO POR VOS. Además de la autopercepción, otra de las ventajas del fitness que viene a redundar en buen sexo también tiene que ver con la actitud mental. Después de entrenar tu cuerpo está “listo y enérgico” (a punto), conectado con una sensación de felicidad y satisfacción: lograste un objetivo, una vez más hiciste algo por vos. Así que lo menos que te merecés es un orgasmo de alto vuelo. Ese empoderamiento que trae el “objetivo cumplido” (haber entrenado y haberte alimentado como querías) hace que sea más fácil encontrar espacios para el sexo. Es que se activa un círculo virtuoso que hace que en general las cosas empiecen a ir mejor. No se trata de magia, sino de autoestima.

“Si me siento poderosa, todo fluye desde ese lugar. Siento que puedo con todo. Incluso para mí, que no soy la más atlética del mundo, estar activa influye positivamente. La sensación de logro hace crecer mi amor propio y desde ahí puedo mostrarle a mi pareja lo que tengo para él –dice Rampolla–. Si el deseo está, que el cuerpo pueda acompañar el impulso lujurioso es fantástico”.

En ese sentido, la flexibilidad y la resistencia son dos de los beneficios extra de los que hay que hablar. La primera, dice Rampolla (y recomienda el yoga como actividad), te da la oportunidad de “abrirte” literalmente a tu pareja.

“Permite que tu cuerpo experimente distintas posturas y sentirse muy sexy”. La segunda (la resistencia) es fundamental para esos días (¿domingos?) de sexo olímpico que a veces aparecen. Y la respiración, que también se trabaja en algunas disciplinas, nos lleva a lugares de mucho goce. Si trasladás la técnica al sexo vas a arribar a niveles de placer profundos y diferentes. Suena bien, ¿no?

Texto. MARA DERNI. Fotos. 123rf

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